- ¿Crees que deberíamos buscar esa cosa
que le robaron al lago? – Preguntó Theo mientras caminaba con Amelí a través
del bosque en dirección al punto de reunión con el resto de compañeros de clases.
-
Aceptamos hacernos cargo de eso –
respondió Amelí sin mirarlo – es nuestro deber hacerlo.
-
Yo en ningún momento acepté ayudarlo,
esa fuiste tú – saltó Theo.
-
Pero tampoco te negaste – respondió su
compañera todavía sin mirarlo.
Theo calló un momento y después prosiguió.
- Tienes razón, pero no es por eso que lo
pregunto – se detuvo y la miró, ella también paró y se volteó hacia él - si eso era un bángalo, ¿cómo podemos confiar
en él?
Amelí pareció vacilar un instante.
-
No estoy cien por ciento convencida – dijo
intentando pasar su duda inadvertida – pero ha dicho algunas cosas que encajan
y explican lo que ha sucedido en el último tiempo.
-
¿Enserio?
-
Sí – respondió ella – cuando comencé a
enfrentarme a los bángalos con mi abuelo, estos aparecían en raras ocasiones y
por lo general en lugares ocultos donde no transitaba mucha gente. Los que han
aparecido ahora traían consigo una niebla extraña, como ya has visto.
-
¿Pero eso no es cosa de los bángalos?
-
Al principio creímos que era algún tipo
de habilidad, pero si efectivamente es un paso de un mundo a otro cómo dijo
Zumí, explicaría el por qué aparecen tantos y en distintas zonas.
-
Ya veo, pero aún no me dices lo que
vamos a hacer.
-
Mañana hablaremos con mi abuelo y
decidiremos qué hacer, pero me mantengo firme en que deberíamos por lo menos
investigar esto – hizo una pausa – en especial si hay humanos involucrados.
Con esto último, a Theo se le vino el recuerdo
de los militares en el depósito de metales observando el lugar en donde había
muerto el primer bángalo que había visto. Se comenzó a convencer de que lo que
decía Amelí tenía sentido ya que una pieza más encajaba, pero a la vez faltaban
muchas aún para terminar el rompecabezas.
-
Ahora que dices eso – dijo Theo dudoso –
el día en que me rescataste en la fábrica, yo había ido al depósito a ver el
lugar donde me había atacado el primer bángalo, pero al llegar allí me encontré con militares
observando el lugar donde lo había derrotado.
Amelí lo miró sorprendida.
-
Y hasta ahora te guardas esa información
tan importante – dijo elevando un poco la voz.
-
Oye no es mi culpa – reclamó el joven y
con un poco de vergüenza continuo – ese día pasaron tantas cosas que
simplemente se me olvidó.
-
Bueno – dijo Amelí suspirando – no hay
nada más que hacer, pero esto nos da más motivos aún para investigar lo que
está pasando y para creer las palabras de ese bángalo.
Los dos jóvenes continuaron su camino por el
bosque y no intercambiaron más palabras en lo que quedaba del trayecto. Cuando
se acercaron a la salida, sintieron un montón de sonidos mezclados que se
hacían más fuertes a medida que se acercaban al lugar de reunión. Al salir, se
dieron cuenta que el sitio era un caos total; todos hablaban al mismo tiempo,
los profesores se movían de un lado a otro dando órdenes, gritando y haciendo
sonar estrepitosamente sus silbatos.
Theo intentó escabullirse para pasar
desapercibido, pero en el momento en que abandonó la seguridad de los árboles,
fue visto por una de las profesoras.
-
¡¡¡Theo Aldeb!!!- gritó la profesora
acercándose a él- ¡¿Dónde te crees que
estabas?!, ¡llevamos más de media hora buscándote!, ¿por qué no viniste a la
segunda llamada?, todo el personal estaba desesperado porque nadie te había
visto, llegamos a pensar que te habrías ahogado en el lago, nos preparábamos
para buscarte, pero ¿por qué te quedas callado?, responde ¿qué pasó?
El muchacho se sintió abrumado por las
preguntas de la profesora a tal punto que no fue capaz de pensar en una escusa
que justificara el no volver a tiempo. Por suerte Amelí estaba allí; dándose
cuenta del apuro de su compañero se adelantó y se dirigió a la profesora.
-
Mis disculpas – dijo, juntando las manos
como si estuviera rezando y agachando la cabeza – ha sido mi culpa el que Theo
no haya vuelto a tiempo.
- Pero ¿Quién es usted señorita? – dijo la
profesora absolutamente desconcertada ante la intervención de la joven.
-
Mi nombre es Amelí Cleverwood – dijo
mientras miraba a la profesora a los ojos adoptando su tono serio no agresivo
habitual – soy amiga de Theo y por coincidencia también me encontraba paseando
por el lago para alejarme un poco de la ciudad. Nos encontramos y le pedí que
me acompañara a explorar una cueva y lo más probable es que estando allí dentro
no hayamos escuchado ninguna de las llamadas; mis más sinceras disculpas, no se
enoje con Theo por algo que yo ocasioné.
-
Bueno sabiendo lo que pasó y viendo que
al joven Aldeb no le pasó nada, creo que no habrá mayores problemas – dijo la
profesora impresionada por la explicación de Amelí - ¿Vuelve con nosotros a
Sial señorita Cleverwood?
-
Creo que aprovecharé la compañía –
respondió Amelí emitiendo una sonrisa cortés.
-
Muy bien- dijo la profesora – les diré al
resto de los profesores que podemos ponernos en marcha.
Y diciendo esto la profesora se dirigió hacia
sus colegas que miraban a Theo y Amelí con cara de pocos amigos.
-
Supongo que te debo otro gracias por
salvarme de esta – dijo Theo sin mirar a Amelí.
-
No es problema- respondió ella – se me
da bien inventar excusas, en especial cuando hay que encubrir la presencia de
bángalos – añadió giñando un ojo.
En ese momento Theo sintió que alguien lo
llamaba, miró alrededor. Dalia, Arturo y Tristán se acercaban a ellos.
-
Theo ¿dónde estabas? – dijo Dalia jadeando
al llegar – creíamos que te había pasado algo.
-
Pero lo más importante Rojo – dijo
Tristán – ¿quién es tu bella acompañante?
Theo se volvió a mirar a Amelí antes de
responder, pero fue ella quien tomó la palabra.
-
Mi nombre es Amelí, mucho gusto – dijo
sonriendo.
-
Mucho gusto, mi nombre es Tristán, ¿Te
puedo llamar Amí?
-
¿Por qué? – preguntó ella extrañada.
-
A Tristán le gusta poner apodos a la
gente – dijo Arturo – por cierto mi nombre es Arturo, mucho gusto.
-
Y mi nombre es Dalia, ¿eres amiga de
Theo, Amelí?
-
Bueno – dijo ella mirando al cielo y
después volviendo la vista a los demás – se podría decir que sí, nos conocimos
hace dos semanas en el mercado.
-
¿Eres de la ciudad? – preguntó Arturo.
-
No – respondió ella – llegamos hace un
tiempo con mi abuelo y vivimos en las afueras de Sial, en el campamento de los
comerciantes.
-
Entonces eres una viajera – dijo Dalia
emocionada, le gustaba escuchar historias de otras partes ya que ella nunca
había salido de la ciudad.
-
He visto alguno que otro lugar – dijo
Amelí con una sonrisa.
En ese momento los profesores apresuraron a
los alumnos para que se pusieran en marcha. Theo y los demás se unieron al
resto de sus compañeros y se encaminaron devuelta a Sial, no sin el enojo de
los funcionarios por la demora en la partida. Durante todo el viaje de vuelta,
Dalia, Tristán y Arturo le prestaron mucha atención a Amelí y conversaron
acerca de variados temas; Theo se mantuvo alejado unos cuantos pasos y no
participó de la conversación, sin embargo, estuvo pendiente de todo lo que
decían. Tuvo que soportar bromas de Arturo y Tristán acerca de que Amelí era su
novia y todo eso, pero él simplemente los ignoró y dejaron de molestarlo al
rato.
Llegaron a Sial cuando el sol ya se había ocultado
por completo y las estrellas ya aparecían como pequeños destellos en el cielo
nocturno. La luna iluminaba con su tenue luz al grupo cansado que se acercaba a
la ciudad. A la entrada, Amelí se despidió y se encaminó hacia el campamento de
los comerciantes; la caravana de alumnos se adentró en la ciudad y se fue
separando poco a poco a medida que recorrían las calles de esta. Theo llegó a
su casa y encontró a sus tíos despiertos, comió con ellos y respondió
brevemente sus preguntas acerca del viaje, después se fue directo a la cama
donde durmió de corrido por lo agotado que estaba.
Al día siguiente, hizo el esfuerzo de
levantarse temprano a pesar de que aún sentía el cuerpo adolorido. Llevaba
haciéndolo las dos últimas semanas, debido a que Naim exigía que el
entrenamiento comenzara con las primeras luces de la mañana, y como Amelí le
había dicho que hablarían con él al día siguiente dedujo que el horario sería
el mismo. Se vistió y salió por la ventana de su habitación; sus tíos debían de
estar dormidos al igual que los días anteriores, lo que era bueno, ya que no
tenía que darles ninguna explicación ni justificación, por lo menos hasta que
volviese a casa más tarde.
La mayoría de las calles estaban vacías a
excepción de uno que otro perro vagabundo que buscaba su desayuno. Hacía un
agradable frío mañanero y los primeros rayos del sol acariciaban algunos
sectores de la ciudad. Theo se dirigió hacia la zona sur, más específicamente
al depósito de metales. Cuando le preguntaron si conocía un lugar en la ciudad
poco transitado y que tuviese el espacio suficiente para entrenar, la primera
imagen que se le había venido a la cabeza era aquel lugar, y no se había
equivocado, durante el tiempo de entrenamiento el depósito resultó ideal para
el propósito, quedando todos conformes.
Cuando llegó pasado unos minutos, Naim y Amelí
lo esperaban de pie cerca de un montículo de metal. Se acercó a ellos e hizo un
gesto a modo de “buenos días”.
-
Creía que no serías capaz de levantarte
de la cama – dijo Naim de brazos cruzados, mirándolo y sonriendo ligeramente.
-
Unas cuantas horas de sueño y estoy como
nuevo – respondió Theo sonriendo e intentando transmitir mayor fortaleza de la
que sentía, había comenzado a tomarle más respeto a Naim aunque de vez en
cuando lo sacaba de quicio.
-
Es bueno escucharlo – dijo Naim dándose
cuenta de la mentira de Theo – pero no estamos aquí para saber si estas
repuesto o no, Amelí ya me contó todo desde el ataque de los bángalos hasta tu
comentario acerca de los militares.
-
Entonces, ¿qué crees que deberíamos
hacer? – preguntó Theo.
-
Mi abuelo también cree que deberíamos
investigar a mayor profundidad lo ocurrido – respondió Amelí desviando
ligeramente su mirada hacia su compañero.
-
Exacto – dijo Naim – pero no podemos dar
palos de ciego y sólo lanzarnos a buscar pistas a diestra y siniestra, me
preocupa el asunto así que utilizaré algunos contactos que tengo y confío en
que nos ayudaran, sin embargo, tardaré un tiempo en localizarlos y en esperar
que encuentren algo.
-
¿Y qué haremos nosotros mientras,
abuelo? – preguntó Amelí.
-
Ustedes se dedicaran a entrenar todo el
tiempo que tarde en encontrar alguna pista que nos permita trazar un plan;
considero que con su nivel actual va a ser difícil que sean de mucha ayuda y lo
que pasó ayer me lo confirma. Deben hacerse más fuerte ya que presiento que los
próximos bángalos que aparezcan serán mucho más difíciles de vencer.
Los dos jóvenes no dijeron ni reclamaron nada.
En su interior sabían que las palabras de Naim eran cien por ciento verdaderas;
si no se hacían más fuertes, lo más probable es que perecieran en la próxima
batalla.
-
¿De qué manera podemos hacernos más
fuertes? – preguntó Theo, su tono de voz y postura dejaban ver una
determinación absoluta por querer mejorar.
Amelí, quien había bajado un poco la cabeza
mientras Naim hablaba, la levantó bruscamente y miró a su abuelo con la misma
determinación que Theo. Naim sonrió al ver a los dos jóvenes.
-
Por ahora – dijo – lo único que puedo
hacer para ayudarlos es enseñarles unas técnicas que les serán muy útiles en
batalla y que al entrenarlas les permitirán controlar mejor el flujo de ENI, y
a la vez hacer más resistentes sus cuerpos.
Los muchachos asintieron mudos, sin quitarle
la vista de encima a su mentor. El anciano respiró profundo y flectó
ligeramente las rodillas, dio un salto, pero este fue mucho más potente que uno
normal y Naim se elevó varios metros en el aire hasta aterrizar sobre la pila
de metales que hace apenas unos segundos estaba a su espalda. A Theo se le vino
a la cabeza el recuerdo de Amelí saltando de igual manera para escapar del
abrazo del bángalo serpiente en la fábrica abandonada.
-
Lo que les voy a enseñar – dijo Naim
sobre lo alto – se conocen como técnicas de flujo y como su nombre lo indica,
consiste en técnicas que controlan el flujo de ENI para aprovecharlo de mejor
manera.
Theo y Amelí miraban al hombre sobre la pila
de metal, atentos a cada una de sus palabras.
- Esta primera técnica – prosiguió Naim –
se conoce como <ugras> - y al decir esto saltó nuevamente y aterrizó en
el mismo lugar donde había estado en un principio; mirando a sus atentos
pupilos continuo – consiste en concentrar el flujo de ENI en las piernas para
que así los músculos ganen una mayor fuerza al saltar; Amelí – dijo mirando a
su nieta- ya dominas lo básico de esta técnica, que a todo esto es la más
simple, sin embargo, eso no implica que no debas practicarlo más.
-
Sí abuelo – respondió la muchacha.
-
Bien, la siguiente técnica se llama
<kire> - y al decir esto, Naim desapareció frente a los jóvenes, estos se
sorprendieron y lo buscaron con la mirada, pero no lo descubrieron hasta que
éste prosiguió su discurso a sus espaldas – esta técnica es más compleja,
consiste en concentrar el flujo en los pies para poder aumentar así su
velocidad. Si desean alcanzar la rapidez que poseo – dijo mientras desaparecía
de nuevo y volvía a la posición de antes – hacen falta varios años de
entrenamiento, pero es cosa de práctica, práctica y más práctica.
Los dos estaban sorprendidos por aquella
demostración, pero lo más importante era que en ellos surgía un increíble deseo
de comenzar el entrenamiento lo más pronto posible.
-
Por último – continuo mientras se
dirigía a la pila detrás de él – esta técnica se llama <tetsu> - y al
decir esto último golpeó la pila de metal, derribándola y abollando uno que
otra placa de las que allí había amontonadas. Se dio vuelta y se dirigió a los
dos – consiste en controlar el flujo en cualquier parte del cuerpo para darle
mayor fuerza y resistencia, lo ideal es que logren controlar el flujo en todo
su cuerpo y no sólo en ciertas partes, pero bueno eso lo determinara el empeño
que le pongan; ahora los dejo – y al terminar desapareció dejando a los
adolescentes solos en el depósito.
-
Bueno será mejor que comencemos – dijo
Amelí.
-
Tienes razón – respondió Theo pensativo.
-
¿Te sucede algo?
-
Estaba pensando que tu abuelo es muy
fuerte, ¿verdad?
-
Así es – respondió ella desviando la
mirada al cielo – aunque nunca lo he visto pelear con ningún bángalo.
Theo la miró extrañada.
-
¿Cómo que nunca lo has visto pelear con
un bángalo?, pero si me dijiste que se han encontrado con varios mientras
viajaban – repuso el joven.
-
Eso es cierto, pero era yo quien me
enfrentaba a ellos – calló unos segundos – él me decía que derrotarlos era
parte de mi entrenamiento así que cuando nos encontrábamos con alguno yo
luchaba y mi abuelo me supervisaba.
-
Eso es cruel – dijo Theo.
-
No es tan así – respondió ella – le estoy
agradecida por eso ya que me pude hacer fuerte de esa manera, además el hecho
de que él estuviese allí me daba confianza. Sabía que de necesitarlo, me
rescataría al instante – añadió sonriendo – aún así nunca le di esa
posibilidad.
-
Pero me sigue pareciendo extraño.
-
Bueno, pero no estamos aquí para
discutir si mi abuelo es extraño o no, así que comencemos el entrenamiento de
una vez.
-
Comencemos.
Los siguientes días, Theo y Amelí se enfocaron
de lleno en las técnicas de flujo. El ugras no resultó ser tan complicado; los
músculos de las piernas se fortalecían fácilmente y el control requerido era
fácil de mantener. Terminado el primer día Theo ya podía dar saltos más altos
de lo normal y Amelí había mejorado considerablemente los suyos. El kire y el
tetsu resultaron más complejos para ambos. Con el primera no bastaba
simplemente con concentrar el flujo en los pies y moverse, sino que había que
mantener los sentidos atentos y acostumbrarlos a la velocidad nueva a la que se
movían; varias veces cayeron y se tropezaron al moverse algunos metros nada
más; a esto se le sumaba también el hecho de que la nueva velocidad que
lograban con la técnica era muy distinta a la que Naim les había enseñado, tanto
que al principio no distinguían si habían aumentado su rapidez o simplemente lo
estaban imaginando, debido a la diferencia minúscula entre su velocidad normal
y la que utilizaban con el kire. Además estaba el hecho de que sus pies se
cansaban más rápido y no podían mantenerla por más de unos segundos.
El tetsu también fue complejo, al principio
lograron concentrar el flujo de ENI en alguna parte de sus cuerpos, un brazo o
una pierna, pero no conseguían la resistencia necesaria y tampoco lograban mantenerlo
por un periodo que superase los diez segundos. Descubrieron además, que no
bastaba sólo con concentrar el flujo de energía, sino que debían mentalizarse
muy bien para darle una función a ese flujo. Las tres técnicas eran distintas y
no era lo mismo el concentrar ENI para realizar el ugras que el tetsu, y ni
hablar del kire.
A Theo no le costó mucho dominar la
concentración del flujo debido principalmente a que se asemejaba a la primera
etapa del rompe espíritu. Como Amelí ya dominaba lo básico del ugras, a ella
tampoco le costó mucho comenzar con las demás técnicas. Después de haber
saltado de montículo en montículo, hacer carreras cortas entre ellos y golpear
algunos metales, los dos ya dominaban lo básico de las tres técnicas, sin
embargo, aún les faltaba mucho para poder perfeccionarlas para la lucha.
Naim no se apareció en todo ese tiempo. Amelí
le contaba a Theo, cuando él hacía notar ese hecho, que ella tampoco lo había
visto mucho.
-
Llega muy tarde por las noches y se va
muy temprano en las mañanas – había dicho ella – se está esforzando por
conseguir alguna pista, y nosotros tenemos que esforzarnos aun más.
-
Por supuesto.
En esos días, el joven aprovechó de meditar
largamente en su habitación antes de dormir; al pasarse todo el día entrenando
esos era los únicos momentos en que podía pensar a solas. Se cuestionaba
constantemente el por qué entrenaba y le ponía tanto empeño; una parte de él
quería hacerse más fuerte y poner todo en ese objetivo, pero otra le exigía un
motivo más concreto que justificara su actuar. Les había dicho a Naim y Amelí
que no sentía ninguna responsabilidad para con el mundo, que esa no era su
lucha, sin embargo, el constante decir eso tenía como objetivo el intentar
convencerse de ello. En el fondo sabía que no estaba siendo ajeno a lo que
estaba pasando, al contrario se estaba involucrando cada vez más. Estaba
confundido y no sabía bien que hacer, pero continuaría con el entrenamiento,
eso lo tenía bien claro.
Al tercer día de haber comenzado a entrenar,
Theo y Amelí estaban practicando con sus trindekis. Habían decidido que además
de las técnicas de flujo necesitaban mejorar sus otras habilidades y hacer más
fuertes sus cuerpos. Amelí había materializado unas esferas de energía que Theo
debía romper en el menor tiempo posible, primero lo hizo sin utilizar ninguna
técnica de flujo y logró romper varias en el minuto que su compañera le había
dado como tiempo límite.
Ambos estaban sudando a pesar de la ropa veraniega
que llevaban, una camiseta sin mangas y pantalones cortos, debido a la ola de
calor que se había acentuado en Sial los últimos días y si a eso se le agregaba
el entrenamiento que estaban realizando era de lo más normal el estar semi
empapados de sudor. Amelí volvió a materializar las esferas alrededor de Theo.
-
Ahora intenta romperlas más rápido
utilizando kire y también golpeándolas con tu brazo izquierdo con tetsu – le
dijo.
-
De acuerdo – dijo Theo preparándose.
Rompió la esfera más cercana con Benforth y
después utilizó kire para perseguir a las que había alejado, llegó al lado de
una y se dispuso a golpearla nuevamente con su trindeki, sin embargo, al
momento de impactar con la esfera, no llevaba el guantelete y golpeó con el
puño desnudo al objeto rojo traslucido. No sólo la esfera no se rompió sino que
Theo terminó con la mano adolorida.
-
¿Por qué la golpeaste con el puño
descubierto? – preguntó Amelí ante las quejas de dolor de su compañero mientras
desaparecía las esferas.
-
No lo sé – respondió Theo mientras abría
y cerraba la mano para asegurarse que no tuviera nada roto – simplemente
desapareció y no me di cuenta – agregó mirando el anillo.
-
¿No estarás cansado?
-
No estoy cansado – reclamó – observa – y
liberó su trindeki una vez más – continuemos.
Amelí materializó nuevamente las esferas y Theo
se dispuso a romperlas. Destruyó tres fácilmente con Benforth y después utilizó
el tetsu en su brazo izquierdo para romper otra, iba a golpear la siguiente con
su brazo derecho, pero logró detenerlo a tiempo al darse cuenta de que
nuevamente no llevaba el guantelete. Pasaron unos segundos y liberó a Benforth
una vez más, continuando así con en el entrenamiento, sin embargo, al poco
tiempo tuvieron que parar porque el guantelete había vuelto a ser un anillo. Lo
intentaron varias veces más, pero todas con el mismo resultado.
-
Esto es muy extraño – dijo Amelí a la
vez que su cetro Guinerv volvía a su oreja en su forma de pendiente.
-
Lo sé – respondió Theo ligeramente
cansado – ¿tienes alguna idea de lo que está pasando?
-
Ni idea – respondió mientras se llevaba
la mano al mentón y adoptaba una pose de análisis – nunca había visto que un
trindeki desapareciese contra la voluntad de su usuario salvo que este haya
llegado a su límite; no sé cómo explicarlo.
-
Yo les puedo explicar que pasa.
Los jóvenes quedaron pasmados al escuchar
aquella voz desconocida hablarles tan de cerca. ¿Quién o qué los estaba
observando?, y ¿Cuál sería su razón para hacerlo?
Próximo capitulo: "¿aliado o enemigo? saldrá el sábado 11 de febrero.
Nuevamente les recordamos que no se olviden de disfrutar, valorar, comentar y compartir.
No hay comentarios:
Publicar un comentario