Antes que el ataque de los cuatro bángalos
acuáticos se concretara, estos fueron detenidos por unas barreras de color rojo
traslucidos que se rompieron al impacto, sin embargo, cumplieron su objetivo al
devolver a los seres a las aguas del lago. Amelí respiró agitadamente, ya de
por si era agotador mantener la plataforma y moverla para además tener que
formar barreras, pero no había otra salida, debía aguantar y buscar la forma de
derrotar a esas bestias.
Aumentado su flujo de ENI, ella ordenó
mentalmente a la plataforma que se moviera lejos de los bángalos lo más rápido
que pudiera, a la vez que apretaba con más fuerza el cetro. Theo se sorprendió
por el repentino movimiento, y tambaleándose, perdió la pose de lucha que había
adoptado segundos antes.
-
¿Qué haces Amelí? – le gritó mientras
intentaba recuperar el equilibrio - ¿Por qué huimos?
-
Idiota – le respondió ella, el aumento
en el flujo estaba comenzando a agotar su cuerpo – tenemos que tomar distancia,
si nos rodean estamos acabados, además sé que necesitas un poco más de tiempo
para liberar tu trindeki.
Theo se asombro del tono y la mirada que Amelí
le dirigía ahora, tan contraria a su actitud normal, pero al reparar que su
respiración se hacía más agitada, no dijo nada. Según le había contado hace
unas semanas, el poder de su trindeki, Guinerv, le permitía dar forma física al
ENI y así moldearla a su voluntad, sin embargo, se agotaba más rápido si tenía
que moldear más de una figura a la vez. Por cómo se estaba comportando, dedujo
que su compañera no demoraría en alcanzar su límite; debía apresurarse en
ayudarla.
Respiró profundamente e intentó relajarse
mientras recordaba lo que Naim le había enseñado en esas dos semanas de
entrenamiento. “Los enilitas y nov-enilitas” le había dicho “tienen la
capacidad de abrir un punto concreto de sus cuerpos, que se encuentra en el
centro de sus pechos llamado vimusua para permitir que el flujo de ENI ingrese
a sus cuerpos. Ellos controlan la apertura con voluntad y determinan la
intensidad del flujo. Tienes que relajarte y poner todo tu empeño en controlar
a la perfección la apertura y cierre de tu vimusua”.
Theo había tardado cuatro días en tan sólo
controlar la apertura y cierre del vimusua, sin embargo, aún le costaba realizarlo.
La explicación de Naim había continuado en cómo debía utilizar el flujo de ENI
para liberar su trindeki. Debía controlar el flujo y otorgarlo al objeto en la
cantidad necesaria, y junto con esto decir la orden para que el cambio se
produjese. En esta segunda parte había empleado cuatro días más.
Con las enseñanzas aprendidas transitando a
toda velocidad en su mente, Theo abrió su vimusua y permitió que el flujo de
energía natural infinita ingresara a su cuerpo. Unos instantes después sintió el
flujo de energía recorrerlo hasta la última fibra y experimentó una sensación
de bienestar y poder que un humano normal nunca sería capaz de sentir. A
continuación, controló el flujo con su fuerza de voluntad y lo dirigió por
completo al anillo en su mano derecha. En ese momento los bángalos se acercaban
a la plataforma, que apenas se movía, a una velocidad extraordinaria dejando el
agua perturbada a su paso. Cuando el primero de los enemigos alcanzó a los
jóvenes, Theo reaccionó.
-
Protege, Benforth – dijo fuerte y claro;
en un instante el anillo se transformó en el guantelete color cobrizo.
El bángalo se distrajo una fracción de segundo
con la liberación del trindeki, tiempo suficiente para que Theo se adelantara y
le propinara un golpe con su puño derecho en medio de la cara, enviándolo
varios metros más atrás. Sus compañeros esquivaron a su gemelo y mientras dos
de ellos miraban hacia atrás, el tercero seguía con su avance implacable. El
joven adoptó una pose de lucha con el puño izquierdo y el brazo del guantelete
preparado para atacar de nuevo; mantenía la vista fija en su nuevo oponente que
iba por delante y que a cada segundo se hallaba más cerca de la plataforma.
Theo recordó lo siguiente que el abuelo de su
compañera le había dicho cuando por fin logró mantener la liberación de su
trindeki. Naim le había explicado que el flujo de ENI dirigido al arma debía
ser constante, si no volvería a su forma sellada. También le había enseñado que
el flujo, al momento que ingresa al cuerpo, lo comienza a agotar, por ende si
el flujo se mantenía por mucho tiempo o se aumentaba, llegaría al límite y no
podría seguir peleando. “Es importante que uno vaya entrenando su cuerpo para
soportar un flujo de ENI mayor y también para mantenerlo más tiempo; si llegáis
a forzar tu cuerpo más allá del límite puedes morir irremediablemente”, eso le
había dicho al concluir aquellos dos días. Con eso en mente, el joven reafirmó
su idea de terminar rápido aquel enfrentamiento.
El bángalo se acercó de frente como su hermano
lo había hecho en primera instancia. Theo le esperaba, preparado para golpearlo
en el momento que estuviese a su alcance, pero en el último instante, su
oponente cambió de dirección y procedió a rodearlos. Con un giró veloz de pies,
Theo intentó seguirle la pista, pero la criatura se movía tan rápido que le
costaba mucho seguirlo. En un momento se hallaba a su izquierda, en otro se
encontraba atrás, después a su derecha, de nuevo atrás y una vez más a la
derecha; no paraba de moverse y Theo comenzaba a cansarse, además de
preocuparse porque los otros tres bángalos habían vuelto a la carga y se
acercaban a una gran velocidad.
El bángalo que rodeaba la plataforma saltó y
se abalanzó sobre Theo, éste lo esquivó haciéndose a un lado y le lanzó un
golpe con mucha fuerza, mas el ser, contorsionando su cuerpo brilloso por el
agua, logró eludirlo y le propinó un golpe en el hombro al muchacho con la
cola. Antes de caer al agua, utilizó sus garras para golpear la materialización
de la joven, lo que produjo unas cuantas fracturas.
Amelí sentía que su cuerpo se agotaba con cada
minuto que pasaba. El haber materializado las protecciones la había agotado; su
abuelo le había dicho que no debía de aumentar el flujo de golpe si no estaba
preparada físicamente para eso, ya que provocaría que su cuerpo se agotara más
rápido, y eso era efectivamente lo que estaba pasando. Intentó reparar las
fisuras de la plataforma, pero se dio cuenta que sólo conseguiría para agotarse
más, así que decidió concentrase solamente en mantener la estructura; Theo
tendría que encargarse de luchar, ella no podía y eso la frustraba más. Era
irónico como hace apenas dos semanas ella lo había salvado de un bángalo y
ahora él era el responsable de salvarlos a ambos de cuatro.
El ser acuático continuaba con una serie de
arremetidas contra el muchacho, saltando del agua y abalanzándose sobre él. El
joven lo esquivaba con sólo un poco de dificultad, a pesar que cada ataque se
volvía más rápido, sin embargo, al momento de contraatacar, la criatura lograba
esquivarlo y aprovechaba su falla para propinarle un golpe o más. Los demás
bángalos estaban a escasos metros de llegar a la plataforma. Theo se dio cuenta
que de seguir así, los terminarían derrotando. Amelí también se dio cuenta y
observó que al menos que su compañero recibiese ayuda, no sería capaz de
propinarle un golpe a su oponente.
“Tendré que ocupar eso” pensó Theo, y en ese
momento comenzó a acumular ENI en su puño derecho. Debía esperar el momento
oportuno para que su oponente se acercase, si fallaba estarían perdidos. El
bángalo se preparó para atacar de nuevo, saltó y se abalanzó sobre su víctima;
se preparó para clavar las garras de sus manos palmeadas y emitió un gesto
parecido a una sonrisa triunfante. El joven no hizo ningún movimiento que insinuara
intención de esquivar el ataque, había calculado que si no se movía lo más
probable es que las garras de la criatura alcanzaran su cuerpo, pero era la
única forma de lanzar un ataque que no fallase.
La criatura estaba a punto de alcanzar su
objetivo estático, que tenía el puño preparado para golpearlo. “Como si le
fuese a servir de mucho” pensó, y en ese instante algo frenó ligeramente su
trayecto, provocándole un intenso dolor en el hombro derecho. Una aguja de
color rojo traslúcido se había incrustado superficialmente en el cuerpo del
bángalo. Amelí había aprovechado la oportunidad para concentrar ENI y lanzar un
ataque que le diera la oportunidad a Theo de concretar su ataque. Éste se quedó
sorprendido por una fracción de segundo, pero aprovechó ese instante y lanzó su
golpe.
-
¿Te puedo decir algo Theo? – dijo Naim
levantándose de una pila de metal en donde había estado viendo al joven golpear
a algunos muñecos improvisados.
-
¿Qué cosa? – respondió mientras seguía
golpeando a los muñecos.
-
Me di cuenta de por qué en un principio
te costaba tanto mantener la liberación de tu trindeki en la lucha.
-
¿En serio? – dijo dejando de golpear por
unos instantes.
-
Si, esa explosión blanca no era un golpe
normal, sino una técnica.
-
¿Una técnica?
-
Si, una técnica que utilizabas de manera
inconsciente; no me di cuenta al principio porque no creí que tendrías el nivel
para llevarla a cabo tan rápido, pero resulta que es una de las técnicas que
Benforth utilizaba antes de crear su trindeki.
-
¿Y sabes cómo funciona? – preguntó
mientras volvía a arremeter contra los muñecos.
-
Bueno veras – dijo mientras se rascaba
un poco la cabeza – cuando un enilita crea un trindeki, sella una gran cantidad
de ENI dorada en él, algo que va contra la naturaleza de esta energía, pero que
sin embargo es posible gracias a que los magos intervinieron. Cuando un
nov-enilita realiza técnicas con su trindeki, la ENI que se utiliza para
llevarlas a cabo es la ENI dorada del trindeki, la cual es limitada; sin embargo,
la energía del trindeki debe ser constante así que uno debe aumentar el flujo
de ENI blanca para que este la absorba, y más adelante la pueda intercambiar
por ENI dorada del ambiente. Eso explica que uno se agote más rápido al
utilizar técnicas que al sólo mantener la liberación y que este vuelva a su
forma sellada si la técnica se utiliza repetidamente, ya que el vimusua se
cierra automáticamente cuando el cuerpo llega a su límite, como una medida de
defensa, aunque se puede forzar y bloquear dicha defensa.
-
Bueno, pero esa explicación no me
responde cómo funciona la técnica de la que estábamos hablando.
-
Ya lo sé mocoso – respondió Naim
comenzando a enojarse – sin embargo, es necesario que sepas todo lo que te
acabo de decir.
-
Mejor di las cosas claras de una vez
viejo – respondió Theo, también comenzando a perder la paciencia.
-
Insolente – dijo irritado – pero en fin,
por lo que sé esa técnica acumula ENI dorada en el puño y la libera en forma de
una explosión blanca que rodea al enemigo al golpearlo.
-
¿Y cómo sabes todo eso? – dijo Theo
dejando de golpear a los muñecos y mirando a Naim directamente, él se rio
ligeramente.
-
Eso es por qué no eres el primer
nov-enilita que veo utilizar a Benforth. Lo conocí años atrás y utilizaba esa
técnica, además – agregó apuntando el guantelete con el dedo – te repito que no
creí que era esa técnica ya que aún eres muy inexperto; te apuesto a que ni
siquiera sabes el nombre del ataque.
-
¿Y qué importa saber el nombre de una
técnica? – dijo Theo sin importancia.
-
Mucho – respondió Naim mirándolo serio-
el conocer y decir en voz alta el nombre de una técnica te permite concentrarte
en ella al 100% y utilizarla al máximo de su capacidad.
-
Ahh – dijo Theo analizando mejor la
información – entonces, ¿cómo se llama esa técnica?
-
Ese ataque se llama…
-
<<Rompe espíritu>>
Al momento de golpear al bángalo en el pecho,
una explosión blanca surgió del puño de Theo y envolvió al ser por completo, el
cual emitió un grito desgarrador mientras era consumido. Cuando la explosión de
energía se disipó, la criatura ya no estaba y sobre el agua se apreciaban unas
cuantas flores y plantas flotando.
Los otros tres seres estaban aterrados de la
impresión al ver a su hermano desaparecer por aquel ataque, pero la impresión
dejó paso al odio y a la ira, con lo que arremetieron con más fuerza que antes,
acortando rápidamente la distancia entre ellos y los jóvenes.
-
Malditos – dijo uno de los bángalos
restantes – los mataremos lenta y
dolorosamente por lo que habéis hecho.
Theo recobró su posición y se preparó para
atacar al próximo oponente que se acercase. Amelí respiraba más agitadamente a
cada momento, no soportaría mantener su flujo de ENI por mucho más tiempo,
además veía claramente la desventaja y no confiaba en que Theo lograse
derrotarlos, no en las condiciones en que se hallaban.
El muchacho tampoco confiaba poder derrotar a
los tres bángalos restantes. “Sólo puedo usar el rompe espíritu una vez más
antes de que mi cuerpo llegue a su límite, pero tengo que hacer todo lo
posible, en una batalla se lucha hasta el final” pensó a la vez que observaba a
los bángalos rodear la plataforma.
En ese momento Amelí tuvo una idea que podría
ayudarlos, pero no les aseguraría la victoria en la batalla, sin embargo, era
mejor intentarlo que quedarse como estaban.
-
Theo – gritó ella – gana un poco de
tiempo, tengo un plan.
-
¿Enserio? – respondió mientras se giraba
hacia su compañera.
-
Tú sólo hazlo.
Los bángalos saltaron a la vez y se
abalanzaron sobre los dos muchachos. Theo se acercó Amelí para protegerla. Los
ataques de las criaturas eran constantes y rápidos, sus garras desgarraron en
más de una ocasión la piel del joven, pero él también alcanzó a golpear a
alguno. No durarían mucho de seguir así y los dos lo sabían muy bien; fue
entonces cuando en una nueva arremetida, Amelí gritó.
-
Theo salta.
Theo obedeció al instante y aterrizo sobre una
plataforma rojiza que se había materializado sobre el lugar donde había estado.
Sintió que esta cedía por lo que dio otro salto y aterrizó en una plataforma a
mayor altura; repitió el proceso como cuatro veces más hasta que sintió un
fuerte sonido de algo cayendo al agua, miró hacia abajo y se aterró al ver que
la plataforma donde estaba Amelí había desaparecido y ésta había caído al lago.
Dos de los bángalos se abalanzaron sobre ella
y la hundieron al instante. Theo sintió que la plataforma cedía y sin
pensárselo dos veces se arrojó hacia donde su compañera había desaparecido.
-
¡¡¡Amelííííí´!!! – gritó mientras caía a
toda velocidad.
El tercer bángalo saltó del agua y se dirigía
a toda velocidad hacia el joven con las garras y mandíbulas abiertas, preparado
para enterrarlas en su oponente.
-
¡¡¡Me estorbas!!! – gritó Theo mientras
se preparaba para golpear al bángalo con el guantelete - <<Rompe
espíritu>>
El ser acuático fue envuelto de inmediato en
la explosión blanca apenas el puño de Theo impactó contra su cabeza, sin
embargo, la garra de su oponente le alcanzó el brazo provocando que la sangre
emanara en un flujo constante. El muchacho cayó como un saco de cementó sobre
la superficie del lago y a continuación cayeron sobre él flores y plantas.
Benforth había vuelto a su forma sellada y el
cuerpo de su usuario estaba al límite. Permaneció flotando por apenas unos
instantes cuando sintió que algo le agarraba ambas piernas y lo tiraba hacia el
fondo; con apenas un respiro de aire, logró ver al bángalo sonriente que lo
llevaba cada vez más profundo y a lo lejos veía al hermano de éste que sostenía
a Amelí completamente inconsciente. Él estaba a punto de desmayarse también y
no había nada que hacer, habían luchado y habían perdido; la vista se le
comenzó a nublar mientras la falta de aire se hacía insoportable, y perdió la
conciencia preguntándose si ese necesariamente tenía que ser el final.
Theo despertó poco a poco, estaba mojado y
adolorido, pero estaba vivo. Se sobresaltó y al levantarse de donde estaba
acostado se dio cuenta de que se hallaba en una de las orillas del lago. El sol
estaba a escasos minutos del ocaso y la luz de este le daba a la superficie del
agua una belleza extraordinaria. Miró a su lado y Amelí estaba tendida en la
arena, dormida y respirando tranquilamente, se alivió de ver a su compañera a
salvo, mas no se explicaba lo que había sucedido.
Lo último que recordaba era que los bángalos
los llevaban al fondo del lago y que había perdido la conciencia, entonces
¿cómo era posible que se hubiesen salvado?, también observó que sus heridas de
la batalla estaban curadas en su mayoría; algo extraño estaba sucediendo. Theo
percibió un movimiento en el lago y se sobresaltó de ver que una parte de éste
comenzaba a levantarse. Movió a Amelí, la cual se sobresaltó al ver a su
compañero, pero aún más al ver el montón de agua que se había alzado y que
parecía tomar apariencia humana.
El agua permaneció transformándose a la luz
del ocaso. Pasaron algunos minutos antes de que pudiesen apreciar a un anciano
traslucido que los miraba con unos ojos de agua brillante. Parecía tener barba
e inclusive hasta algunas arrugas, el líquido fluía a un ritmo constante desde el
lago hacia él y viceversa. Continuó inmóvil durante unos instantes más hasta
que ambos jóvenes escucharon una voz cansada y aancestral.
-
“Veo que han despertado humanos” – dijo
la voz etérea en las mentes de los nov-enilitas, el anciano de agua permanecía
inmóvil – “es bueno apreciar que aquellos detestables parásitos no les hicieron
daño, espero haber curado bien sus heridas, hace tiempo que no lo hacía por lo
que no tengo la certeza de que hayan sanado completamente”.
Los dos muchachos se quedaron mudos de la
impresión, sin embargo, Amelí fue la primera en reaccionar.
-
¿Qué eres tú? – dijo con duda y
extrañeza mirando a la figura de agua.
-
“Mi nombre es Zumí y soy lo que ustedes
humanos llaman lago, adopto esta forma cuando deseo comunicarme con otros seres
lo cual no sucede muy a menudo”.
Amelí
parecía haber recuperado su actitud normal, pero Theo aún seguía pasmado.
-
¿Tú fuiste el que nos rescató de esos
bángalos? – preguntó Amelí más tranquila.
-
“Sí,
yo derroté a los dos parásitos que quedaban, debo decirles que a pesar de ser
de la misma especie, es molesto que utilicen mi cuerpo sin mi permiso”.
Ambos reaccionaron ante las palabras del lago
y se alejaron de la orilla colocándose en guardia. Theo y Amelí intentaron
abrir sus vimusuas, pero fue inútil, estaban demasiado agotados para soportar
inclusive un pequeño flujo de ENI.
-
“No tienen por qué alterarse – dijo la
voz del lago – no tengo intención de causarles ningún daño”.
-
¡Eres un bángalo! – exclamó Theo
intentando mantenerse firme y con la guardia en alto, pero el cansancio le
obligaba a bajar los brazos - ¿por qué tendríamos que escuchar lo que dices?
-
“Eso es fácil de responder humano – dijo
la voz sin perder el mismo tono con que les había hablado durante todo ese rato
- ¿Te he dado acaso motivos para que desconfíes?, ¿no los he salvado y curado a
los dos?, y si quisiese hacerles daño ¿no habría sido mejor dejarlos en las
manos de esos parásitos o atacarlos cuando estaban inconscientes?”
Theo calló, pero no bajó la guardia. Amelí, al
contrario de su compañero, adoptó una postura normal y le preguntó al bángalo.
-
¿Por qué razón nos rescataste? –
preguntó con su tono serio no hostil.
-
“Puedo apreciar que eres inteligente
humana- dijo la voz con el mismo tono – es verdad que tengo un motivo; los
rescate porque necesito vuestra ayuda”.
-
Nosotros somos nov-enilitas – dijo la
joven – somos enemigos, ¿Por qué pides nuestra ayuda?
-
“Ya que no hay nadie más a quien pueda
pedirla, además yo no los considero enemigos”.
-
Y ¿por qué habríamos de ayudarte? –
saltó Theo.
-
“Porque lo que les tengo que pedir –
continuo la voz – también les afecta a ustedes los humanos”.
-
Explícate – pidió Amelí.
-
“Los bángalos con los que habéis luchado
hoy no son de este mundo, al igual que muchos otros que han aparecido en el último tiempo”.
-
¿Qué dices?- dijo Theo.
-
Eso es imposible – dijo Amelí con el
mismo tono serio – los únicos bángalos que podrían no ser de este mundo fueron
sellados por los enilitas hace más de mil años, debes estar equivocado.
-
“Yo sólo les digo lo que he sentido –
dijo la voz – esos bángalos no nacieron de la energía de este mundo, además la
niebla en donde estaban luchando, es una zona de transición de un mundo a otro”.
Los jóvenes quedaron
mudos, Zumí continúo.
-
“Alguien o algo está trayendo bángalos
desde otra dimensión, ignoro los motivos y la forma en que lo hacen, y
sinceramente la situación me llevaría sin cuidado si no me hubiese visto
involucrado”.
-
¿Cómo te has visto involucrado? –
preguntó Amelí.
La voz tardó unos cuantos segundos en
responder.
-
“Los bángalos nacemos de una gran
acumulación de energía natural o EN cómo algunos humanos la llaman, sin
embargo, durante nuestra vida somos susceptibles a atraer más de esa energía de
la que necesitamos para reponer la que gastamos en movernos o utilizar nuestras
habilidades. Ese exceso de EN nos puede matar si no la sacamos de nuestros
cuerpos, por lo que muchos descargan ese exceso de energía natural en objetos
fabricados de un material especial que atrae la EN conocidos entre los nuestros como kardis – la voz hizo una pausa – yo también poseía un kardi, pero unos cuantos
días atrás se me fue arrebatado por un bángalo de otro mundo, al parecer a la
orden de un grupo de humanos”.
-
Sigo sin entender en qué nos afecta eso
a nosotros – dijo Theo.
-
Sólo los bángalos más poderosos, ya que
nosotros somos los más susceptibles a atraer un exceso de EN, saben de la
existencia de los kardis y si aquellos humanos han robado el mío, sólo me
imagino que lo utilizaran para traer a más bángalos desde el otro mundo – la
voz hizo otra pausa – les pido ayuda porque fui incapaz de evitar el robo, he
estado durmiendo durante miles de años, consciente de lo que pasa en el mundo
sí, pero sin poder moverme; fue por esa razón también que no pude ayudarles
sino hasta el último instante. ¿Cuál es su decisión, humanos?
Los dos jóvenes permanecieron en silencio, la
lógica les decía que no podían confiar en un bángalo, pero el instinto los
instaba a confiar en aquél ser. Fue Amelí quien dio la respuesta.
-
Si recuperando ese objeto evitamos que
aparezcan más bángalos, entonces te ayudaremos – dijo con determinación en los
ojos – ya que nuestra misión como nov-enilitas es proteger este mundo y a la
humanidad de ellos.
Theo se limitó a asentir ante la determinación
de la joven. Aún no estaba muy convencido de tener como misión el salvar al
mundo de los bángalos, pero al parecer, el tiempo que había pasado con Naim y
su nieta lo habían cambiado de cierta forma. Sin embargo no confiaba en Zumí.
-
“Espero que tengan éxito humanos – dijo
la voz apagándose a cada momento – y que esta situación acabe pronto, por el
bien de todos”.
Y diciendo esto último, la voz del bángalo
Zumí se extinguió al mismo tiempo que la figura del anciano hecho de agua
volvía a formar parte del lago. Los dos compañeros se quedaron contemplando la
superficie del agua hasta que Amelí dijo:
-
Creo que deberíamos volver con tus
compañeros ¿no Theo?
-
Tienes razón – afirmó él mientras veía
el agua por última vez.
Y con esas palabras los dos nov-enilitas se alejaron
de la orilla y se adentraron en el bosque consientes de que algo importante
estaba por venir.
Próximo capitulo: "Controlando el flujo" saldrá el sábado 4 de febrero.
No olviden disfrutar, valorar, comentar y compartir, para nosotros es muy importante saber su opinión
No hay comentarios:
Publicar un comentario