sábado, 28 de enero de 2012

Theo no Tabi Capitulo 4: “Los bángalos del lago”



 Antes que el ataque de los cuatro bángalos acuáticos se concretara, estos fueron detenidos por unas barreras de color rojo traslucidos que se rompieron al impacto, sin embargo, cumplieron su objetivo al devolver a los seres a las aguas del lago. Amelí respiró agitadamente, ya de por si era agotador mantener la plataforma y moverla para además tener que formar barreras, pero no había otra salida, debía aguantar y buscar la forma de derrotar a esas bestias.

 Aumentado su flujo de ENI, ella ordenó mentalmente a la plataforma que se moviera lejos de los bángalos lo más rápido que pudiera, a la vez que apretaba con más fuerza el cetro. Theo se sorprendió por el repentino movimiento, y tambaleándose, perdió la pose de lucha que había adoptado segundos antes.

-          ¿Qué haces Amelí? – le gritó mientras intentaba recuperar el equilibrio - ¿Por qué huimos?

-          Idiota – le respondió ella, el aumento en el flujo estaba comenzando a agotar su cuerpo – tenemos que tomar distancia, si nos rodean estamos acabados, además sé que necesitas un poco más de tiempo para liberar tu trindeki.


 Theo se asombro del tono y la mirada que Amelí le dirigía ahora, tan contraria a su actitud normal, pero al reparar que su respiración se hacía más agitada, no dijo nada. Según le había contado hace unas semanas, el poder de su trindeki, Guinerv, le permitía dar forma física al ENI y así moldearla a su voluntad, sin embargo, se agotaba más rápido si tenía que moldear más de una figura a la vez. Por cómo se estaba comportando, dedujo que su compañera no demoraría en alcanzar su límite; debía apresurarse en ayudarla.

 Respiró profundamente e intentó relajarse mientras recordaba lo que Naim le había enseñado en esas dos semanas de entrenamiento. “Los enilitas y nov-enilitas” le había dicho “tienen la capacidad de abrir un punto concreto de sus cuerpos, que se encuentra en el centro de sus pechos llamado vimusua para permitir que el flujo de ENI ingrese a sus cuerpos. Ellos controlan la apertura con voluntad y determinan la intensidad del flujo. Tienes que relajarte y poner todo tu empeño en controlar a la perfección la apertura y cierre de tu vimusua”.

 Theo había tardado cuatro días en tan sólo controlar la apertura y cierre del vimusua, sin embargo, aún le costaba realizarlo. La explicación de Naim había continuado en cómo debía utilizar el flujo de ENI para liberar su trindeki. Debía controlar el flujo y otorgarlo al objeto en la cantidad necesaria, y junto con esto decir la orden para que el cambio se produjese. En esta segunda parte había empleado cuatro días más. 
 Con las enseñanzas aprendidas transitando a toda velocidad en su mente, Theo abrió su vimusua y permitió que el flujo de energía natural infinita ingresara a su cuerpo. Unos instantes después sintió el flujo de energía recorrerlo hasta la última fibra y experimentó una sensación de bienestar y poder que un humano normal nunca sería capaz de sentir. A continuación, controló el flujo con su fuerza de voluntad y lo dirigió por completo al anillo en su mano derecha. En ese momento los bángalos se acercaban a la plataforma, que apenas se movía, a una velocidad extraordinaria dejando el agua perturbada a su paso. Cuando el primero de los enemigos alcanzó a los jóvenes, Theo reaccionó.

-          Protege, Benforth – dijo fuerte y claro; en un instante el anillo se transformó en el guantelete color cobrizo.

 El bángalo se distrajo una fracción de segundo con la liberación del trindeki, tiempo suficiente para que Theo se adelantara y le propinara un golpe con su puño derecho en medio de la cara, enviándolo varios metros más atrás. Sus compañeros esquivaron a su gemelo y mientras dos de ellos miraban hacia atrás, el tercero seguía con su avance implacable. El joven adoptó una pose de lucha con el puño izquierdo y el brazo del guantelete preparado para atacar de nuevo; mantenía la vista fija en su nuevo oponente que iba por delante y que a cada segundo se hallaba más cerca de la plataforma.

  Theo recordó lo siguiente que el abuelo de su compañera le había dicho cuando por fin logró mantener la liberación de su trindeki. Naim le había explicado que el flujo de ENI dirigido al arma debía ser constante, si no volvería a su forma sellada. También le había enseñado que el flujo, al momento que ingresa al cuerpo, lo comienza a agotar, por ende si el flujo se mantenía por mucho tiempo o se aumentaba, llegaría al límite y no podría seguir peleando. “Es importante que uno vaya entrenando su cuerpo para soportar un flujo de ENI mayor y también para mantenerlo más tiempo; si llegáis a forzar tu cuerpo más allá del límite puedes morir irremediablemente”, eso le había dicho al concluir aquellos dos días. Con eso en mente, el joven reafirmó su idea de terminar rápido aquel enfrentamiento.

 El bángalo se acercó de frente como su hermano lo había hecho en primera instancia. Theo le esperaba, preparado para golpearlo en el momento que estuviese a su alcance, pero en el último instante, su oponente cambió de dirección y procedió a rodearlos. Con un giró veloz de pies, Theo intentó seguirle la pista, pero la criatura se movía tan rápido que le costaba mucho seguirlo. En un momento se hallaba a su izquierda, en otro se encontraba atrás, después a su derecha, de nuevo atrás y una vez más a la derecha; no paraba de moverse y Theo comenzaba a cansarse, además de preocuparse porque los otros tres bángalos habían vuelto a la carga y se acercaban a una gran velocidad.

 El bángalo que rodeaba la plataforma saltó y se abalanzó sobre Theo, éste lo esquivó haciéndose a un lado y le lanzó un golpe con mucha fuerza, mas el ser, contorsionando su cuerpo brilloso por el agua, logró eludirlo y le propinó un golpe en el hombro al muchacho con la cola. Antes de caer al agua, utilizó sus garras para golpear la materialización de la joven, lo que produjo unas cuantas fracturas.

 Amelí sentía que su cuerpo se agotaba con cada minuto que pasaba. El haber materializado las protecciones la había agotado; su abuelo le había dicho que no debía de aumentar el flujo de golpe si no estaba preparada físicamente para eso, ya que provocaría que su cuerpo se agotara más rápido, y eso era efectivamente lo que estaba pasando. Intentó reparar las fisuras de la plataforma, pero se dio cuenta que sólo conseguiría para agotarse más, así que decidió concentrase solamente en mantener la estructura; Theo tendría que encargarse de luchar, ella no podía y eso la frustraba más. Era irónico como hace apenas dos semanas ella lo había salvado de un bángalo y ahora él era el responsable de salvarlos a ambos de cuatro.

 El ser acuático continuaba con una serie de arremetidas contra el muchacho, saltando del agua y abalanzándose sobre él. El joven lo esquivaba con sólo un poco de dificultad, a pesar que cada ataque se volvía más rápido, sin embargo, al momento de contraatacar, la criatura lograba esquivarlo y aprovechaba su falla para propinarle un golpe o más. Los demás bángalos estaban a escasos metros de llegar a la plataforma. Theo se dio cuenta que de seguir así, los terminarían derrotando. Amelí también se dio cuenta y observó que al menos que su compañero recibiese ayuda, no sería capaz de propinarle un golpe a su oponente.

 “Tendré que ocupar eso” pensó Theo, y en ese momento comenzó a acumular ENI en su puño derecho. Debía esperar el momento oportuno para que su oponente se acercase, si fallaba estarían perdidos. El bángalo se preparó para atacar de nuevo, saltó y se abalanzó sobre su víctima; se preparó para clavar las garras de sus manos palmeadas y emitió un gesto parecido a una sonrisa triunfante. El joven no hizo ningún movimiento que insinuara intención de esquivar el ataque, había calculado que si no se movía lo más probable es que las garras de la criatura alcanzaran su cuerpo, pero era la única forma de lanzar un ataque que no fallase.

  La criatura estaba a punto de alcanzar su objetivo estático, que tenía el puño preparado para golpearlo. “Como si le fuese a servir de mucho” pensó, y en ese instante algo frenó ligeramente su trayecto, provocándole un intenso dolor en el hombro derecho. Una aguja de color rojo traslúcido se había incrustado superficialmente en el cuerpo del bángalo. Amelí había aprovechado la oportunidad para concentrar ENI y lanzar un ataque que le diera la oportunidad a Theo de concretar su ataque. Éste se quedó sorprendido por una fracción de segundo, pero aprovechó ese instante y lanzó su golpe.




-          ¿Te puedo decir algo Theo? – dijo Naim levantándose de una pila de metal en donde había estado viendo al joven golpear a algunos muñecos improvisados.

-          ¿Qué cosa? – respondió mientras seguía golpeando a los muñecos.

-          Me di cuenta de por qué en un principio te costaba tanto mantener la liberación de tu trindeki en la lucha.

-          ¿En serio? – dijo dejando de golpear por unos instantes.


-          Si, esa explosión blanca no era un golpe normal, sino una técnica.

-          ¿Una técnica?

-          Si, una técnica que utilizabas de manera inconsciente; no me di cuenta al principio porque no creí que tendrías el nivel para llevarla a cabo tan rápido, pero resulta que es una de las técnicas que Benforth utilizaba antes de crear su trindeki.

-          ¿Y sabes cómo funciona? – preguntó mientras volvía a arremeter contra los muñecos.

-          Bueno veras – dijo mientras se rascaba un poco la cabeza – cuando un enilita crea un trindeki, sella una gran cantidad de ENI dorada en él, algo que va contra la naturaleza de esta energía, pero que sin embargo es posible gracias a que los magos intervinieron. Cuando un nov-enilita realiza técnicas con su trindeki, la ENI que se utiliza para llevarlas a cabo es la ENI dorada del trindeki, la cual es limitada; sin embargo, la energía del trindeki debe ser constante así que uno debe aumentar el flujo de ENI blanca para que este la absorba, y más adelante la pueda intercambiar por ENI dorada del ambiente. Eso explica que uno se agote más rápido al utilizar técnicas que al sólo mantener la liberación y que este vuelva a su forma sellada si la técnica se utiliza repetidamente, ya que el vimusua se cierra automáticamente cuando el cuerpo llega a su límite, como una medida de defensa, aunque se puede forzar y bloquear dicha defensa.

-          Bueno, pero esa explicación no me responde cómo funciona la técnica de la que estábamos hablando.

-          Ya lo sé mocoso – respondió Naim comenzando a enojarse – sin embargo, es necesario que sepas todo lo que te acabo de decir.

-          Mejor di las cosas claras de una vez viejo – respondió Theo, también comenzando a perder la paciencia.

-          Insolente – dijo irritado – pero en fin, por lo que sé esa técnica acumula ENI dorada en el puño y la libera en forma de una explosión blanca que rodea al enemigo al golpearlo.

-          ¿Y cómo sabes todo eso? – dijo Theo dejando de golpear a los muñecos y mirando a Naim directamente, él se rio ligeramente.

-          Eso es por qué no eres el primer nov-enilita que veo utilizar a Benforth. Lo conocí años atrás y utilizaba esa técnica, además – agregó apuntando el guantelete con el dedo – te repito que no creí que era esa técnica ya que aún eres muy inexperto; te apuesto a que ni siquiera sabes el nombre del ataque.

-          ¿Y qué importa saber el nombre de una técnica? – dijo Theo sin importancia.

-          Mucho – respondió Naim mirándolo serio- el conocer y decir en voz alta el nombre de una técnica te permite concentrarte en ella al 100% y utilizarla al máximo de su capacidad.

-          Ahh – dijo Theo analizando mejor la información – entonces, ¿cómo se llama esa técnica?

-          Ese ataque se llama…




-          <<Rompe espíritu>>

 Al momento de golpear al bángalo en el pecho, una explosión blanca surgió del puño de Theo y envolvió al ser por completo, el cual emitió un grito desgarrador mientras era consumido. Cuando la explosión de energía se disipó, la criatura ya no estaba y sobre el agua se apreciaban unas cuantas flores y plantas flotando.

 Los otros tres seres estaban aterrados de la impresión al ver a su hermano desaparecer por aquel ataque, pero la impresión dejó paso al odio y a la ira, con lo que arremetieron con más fuerza que antes, acortando rápidamente la distancia entre ellos y los jóvenes.

-          Malditos – dijo uno de los bángalos restantes – los mataremos lenta y  dolorosamente por lo que habéis hecho.

 Theo recobró su posición y se preparó para atacar al próximo oponente que se acercase. Amelí respiraba más agitadamente a cada momento, no soportaría mantener su flujo de ENI por mucho más tiempo, además veía claramente la desventaja y no confiaba en que Theo lograse derrotarlos, no en las condiciones en que se hallaban.

 El muchacho tampoco confiaba poder derrotar a los tres bángalos restantes. “Sólo puedo usar el rompe espíritu una vez más antes de que mi cuerpo llegue a su límite, pero tengo que hacer todo lo posible, en una batalla se lucha hasta el final” pensó a la vez que observaba a los bángalos rodear la plataforma.

 En ese momento Amelí tuvo una idea que podría ayudarlos, pero no les aseguraría la victoria en la batalla, sin embargo, era mejor intentarlo que quedarse como estaban.

-          Theo – gritó ella – gana un poco de tiempo, tengo un plan.

-          ¿Enserio? – respondió mientras se giraba hacia su compañera.
  
-          Tú sólo hazlo.

 Los bángalos saltaron a la vez y se abalanzaron sobre los dos muchachos. Theo se acercó Amelí para protegerla. Los ataques de las criaturas eran constantes y rápidos, sus garras desgarraron en más de una ocasión la piel del joven, pero él también alcanzó a golpear a alguno. No durarían mucho de seguir así y los dos lo sabían muy bien; fue entonces cuando en una nueva arremetida, Amelí gritó.

-          Theo salta.

 Theo obedeció al instante y aterrizo sobre una plataforma rojiza que se había materializado sobre el lugar donde había estado. Sintió que esta cedía por lo que dio otro salto y aterrizó en una plataforma a mayor altura; repitió el proceso como cuatro veces más hasta que sintió un fuerte sonido de algo cayendo al agua, miró hacia abajo y se aterró al ver que la plataforma donde estaba Amelí había desaparecido y ésta había caído al lago.

 Dos de los bángalos se abalanzaron sobre ella y la hundieron al instante. Theo sintió que la plataforma cedía y sin pensárselo dos veces se arrojó hacia donde su compañera había desaparecido.

-          ¡¡¡Amelííííí´!!! – gritó mientras caía a toda velocidad.

 El tercer bángalo saltó del agua y se dirigía a toda velocidad hacia el joven con las garras y mandíbulas abiertas, preparado para enterrarlas en su oponente.

-          ¡¡¡Me estorbas!!! – gritó Theo mientras se preparaba para golpear al bángalo con el guantelete - <<Rompe espíritu>>

 El ser acuático fue envuelto de inmediato en la explosión blanca apenas el puño de Theo impactó contra su cabeza, sin embargo, la garra de su oponente le alcanzó el brazo provocando que la sangre emanara en un flujo constante. El muchacho cayó como un saco de cementó sobre la superficie del lago y a continuación cayeron sobre él flores y plantas.

 Benforth había vuelto a su forma sellada y el cuerpo de su usuario estaba al límite. Permaneció flotando por apenas unos instantes cuando sintió que algo le agarraba ambas piernas y lo tiraba hacia el fondo; con apenas un respiro de aire, logró ver al bángalo sonriente que lo llevaba cada vez más profundo y a lo lejos veía al hermano de éste que sostenía a Amelí completamente inconsciente. Él estaba a punto de desmayarse también y no había nada que hacer, habían luchado y habían perdido; la vista se le comenzó a nublar mientras la falta de aire se hacía insoportable, y perdió la conciencia preguntándose si ese necesariamente tenía que ser el final.



 Theo despertó poco a poco, estaba mojado y adolorido, pero estaba vivo. Se sobresaltó y al levantarse de donde estaba acostado se dio cuenta de que se hallaba en una de las orillas del lago. El sol estaba a escasos minutos del ocaso y la luz de este le daba a la superficie del agua una belleza extraordinaria. Miró a su lado y Amelí estaba tendida en la arena, dormida y respirando tranquilamente, se alivió de ver a su compañera a salvo, mas no se explicaba lo que había sucedido.

 Lo último que recordaba era que los bángalos los llevaban al fondo del lago y que había perdido la conciencia, entonces ¿cómo era posible que se hubiesen salvado?, también observó que sus heridas de la batalla estaban curadas en su mayoría; algo extraño estaba sucediendo. Theo percibió un movimiento en el lago y se sobresaltó de ver que una parte de éste comenzaba a levantarse. Movió a Amelí, la cual se sobresaltó al ver a su compañero, pero aún más al ver el montón de agua que se había alzado y que parecía tomar apariencia humana.

 El agua permaneció transformándose a la luz del ocaso. Pasaron algunos minutos antes de que pudiesen apreciar a un anciano traslucido que los miraba con unos ojos de agua brillante. Parecía tener barba e inclusive hasta algunas arrugas, el líquido fluía a un ritmo constante desde el lago hacia él y viceversa. Continuó inmóvil durante unos instantes más hasta que ambos jóvenes escucharon una voz cansada y aancestral.

-          “Veo que han despertado humanos” – dijo la voz etérea en las mentes de los nov-enilitas, el anciano de agua permanecía inmóvil – “es bueno apreciar que aquellos detestables parásitos no les hicieron daño, espero haber curado bien sus heridas, hace tiempo que no lo hacía por lo que no tengo la certeza de que hayan sanado completamente”.

 Los dos muchachos se quedaron mudos de la impresión, sin embargo, Amelí fue la primera en reaccionar.

-          ¿Qué eres tú? – dijo con duda y extrañeza mirando a la figura de agua.

-          “Mi nombre es Zumí y soy lo que ustedes humanos llaman lago, adopto esta forma cuando deseo comunicarme con otros seres lo cual no sucede muy a menudo”.


  Amelí parecía haber recuperado su actitud normal, pero Theo aún seguía pasmado.

-          ¿Tú fuiste el que nos rescató de esos bángalos? – preguntó Amelí más tranquila.

-           “Sí, yo derroté a los dos parásitos que quedaban, debo decirles que a pesar de ser de la misma especie, es molesto que utilicen mi cuerpo sin mi permiso”.


 Ambos reaccionaron ante las palabras del lago y se alejaron de la orilla colocándose en guardia. Theo y Amelí intentaron abrir sus vimusuas, pero fue inútil, estaban demasiado agotados para soportar inclusive un pequeño flujo de ENI.

-          “No tienen por qué alterarse – dijo la voz del lago – no tengo intención de causarles ningún daño”.

-          ¡Eres un bángalo! – exclamó Theo intentando mantenerse firme y con la guardia en alto, pero el cansancio le obligaba a bajar los brazos - ¿por qué tendríamos que escuchar lo que dices?


-          “Eso es fácil de responder humano – dijo la voz sin perder el mismo tono con que les había hablado durante todo ese rato - ¿Te he dado acaso motivos para que desconfíes?, ¿no los he salvado y curado a los dos?, y si quisiese hacerles daño ¿no habría sido mejor dejarlos en las manos de esos parásitos o atacarlos cuando estaban inconscientes?”

 Theo calló, pero no bajó la guardia. Amelí, al contrario de su compañero, adoptó una postura normal y le preguntó al bángalo.

-          ¿Por qué razón nos rescataste? – preguntó con su tono serio no hostil.

-          “Puedo apreciar que eres inteligente humana- dijo la voz con el mismo tono – es verdad que tengo un motivo; los rescate porque necesito vuestra ayuda”.

-          Nosotros somos nov-enilitas – dijo la joven – somos enemigos, ¿Por qué pides nuestra ayuda?

-          “Ya que no hay nadie más a quien pueda pedirla, además yo no los considero enemigos”.

-          Y ¿por qué habríamos de ayudarte? – saltó Theo.

-          “Porque lo que les tengo que pedir – continuo la voz – también les afecta a ustedes los humanos”.


-          Explícate – pidió Amelí.

-          “Los bángalos con los que habéis luchado hoy no son de este mundo, al igual que muchos otros que han  aparecido en el último tiempo”.

-          ¿Qué dices?- dijo Theo.

-          Eso es imposible – dijo Amelí con el mismo tono serio – los únicos bángalos que podrían no ser de este mundo fueron sellados por los enilitas hace más de mil años, debes estar equivocado.

-          “Yo sólo les digo lo que he sentido – dijo la voz – esos bángalos no nacieron de la energía de este mundo, además la niebla en donde estaban luchando, es una zona de transición de un mundo a otro”.

Los jóvenes quedaron mudos, Zumí continúo.

-          “Alguien o algo está trayendo bángalos desde otra dimensión, ignoro los motivos y la forma en que lo hacen, y sinceramente la situación me llevaría sin cuidado si no me hubiese visto involucrado”.

-          ¿Cómo te has visto involucrado? – preguntó Amelí.


 La voz tardó unos cuantos segundos en responder.

-          “Los bángalos nacemos de una gran acumulación de energía natural o EN cómo algunos humanos la llaman, sin embargo, durante nuestra vida somos susceptibles a atraer más de esa energía de la que necesitamos para reponer la que gastamos en movernos o utilizar nuestras habilidades. Ese exceso de EN nos puede matar si no la sacamos de nuestros cuerpos, por lo que muchos descargan ese exceso de energía natural en objetos fabricados de un material especial que atrae la EN conocidos entre los nuestros como kardis – la voz hizo una pausa – yo también poseía un kardi, pero unos cuantos días atrás se me fue arrebatado por un bángalo de otro mundo, al parecer a la orden de un grupo de humanos”.

-          Sigo sin entender en qué nos afecta eso a nosotros – dijo Theo.

-          Sólo los bángalos más poderosos, ya que nosotros somos los más susceptibles a atraer un exceso de EN, saben de la existencia de los kardis y si aquellos humanos han robado el mío, sólo me imagino que lo utilizaran para traer a más bángalos desde el otro mundo – la voz hizo otra pausa – les pido ayuda porque fui incapaz de evitar el robo, he estado durmiendo durante miles de años, consciente de lo que pasa en el mundo sí, pero sin poder moverme; fue por esa razón también que no pude ayudarles sino hasta el último instante. ¿Cuál es su decisión, humanos?

 Los dos jóvenes permanecieron en silencio, la lógica les decía que no podían confiar en un bángalo, pero el instinto los instaba a confiar en aquél ser. Fue Amelí quien dio la respuesta.

-          Si recuperando ese objeto evitamos que aparezcan más bángalos, entonces te ayudaremos – dijo con determinación en los ojos – ya que nuestra misión como nov-enilitas es proteger este mundo y a la humanidad de ellos.

 Theo se limitó a asentir ante la determinación de la joven. Aún no estaba muy convencido de tener como misión el salvar al mundo de los bángalos, pero al parecer, el tiempo que había pasado con Naim y su nieta lo habían cambiado de cierta forma. Sin embargo no confiaba en Zumí.

-          “Espero que tengan éxito humanos – dijo la voz apagándose a cada momento – y que esta situación acabe pronto, por el bien de todos”.

 Y diciendo esto último, la voz del bángalo Zumí se extinguió al mismo tiempo que la figura del anciano hecho de agua volvía a formar parte del lago. Los dos compañeros se quedaron contemplando la superficie del agua hasta que Amelí dijo:

-          Creo que deberíamos volver con tus compañeros ¿no Theo?

-          Tienes razón – afirmó él mientras veía el agua por última vez.


 Y con esas palabras los dos nov-enilitas se alejaron de la orilla y se adentraron en el bosque consientes de que algo importante estaba por venir.     

Próximo capitulo: "Controlando el flujo" saldrá el sábado 4 de febrero.

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