sábado, 25 de febrero de 2012

Theo no Tabi Capitulo 8: “Imer”


Veinticinco de símbel de 1415 d.g:

-    Oigan, ¿no podemos parar a comer?, me muero de hambre – dijo Kurt ligeramente encorvado y sosteniéndose con una mano el estomago, mientras caminaba junto con Amelí y Theo por un pequeño sendero de tierra que atravesaba una inmensa llanura verde con abundante flora y colinas pequeñas.

-          Pero si desayunamos hace hora y media Kurt – exclamó Amelí mirando al joven de reojo.

-          ¿Cómo puedes tener hambre? – exclamó Theo después – gracias a ti se nos agotaron la provisiones, que se suponían eran para una semana, en ¡dos días!

-          No es mi culpa que no calcularan que en este grupo podría haber una persona con un metabolismo acelerado.

-          Pero, más encima no aportaste nada de comida – reclamó Theo nuevamente.

sábado, 18 de febrero de 2012

Theo no Tabi Capitulo 7: “A las puertas de una travesía”



   -   ¡¡No puedo creer que sean tan idiotas de comenzar una pelea tan cerca de un lugar poblado!! – gritó una vez más Naim mientras caminaban en dirección hacia el campamento de comerciantes. Era la quinta vez que repetía lo mismo, pero ninguno de sus tres acompañantes se atrevían a decirle nada; estaba verdaderamente furioso.

 Después de haber escapado del depósito, antes de que la guardia de la ciudad apareciese, el grupo se encaminó rápidamente al límite norte de la ciudad rodeándola por el exterior. La travesía era más larga que si uno atravesase Sial, pero en palabras iracundas del anciano, era algo necesario de hacer para no llamar la atención. A esto se le sumaba el agotamiento físico que Theo y Kurt tenían después de su arduo enfrentamiento; el primero seguía muy molesto por lo ocurrido y no se explicaba por qué el otro joven iba con ellos, sin embargo, no expresó nada. En contraste Kurt, a pesar de estar igual de cansado, se mostraba tranquilo como si no hubiese pasado nada minutos antes.

sábado, 11 de febrero de 2012

Theo no Tabi Capitulo 6: “¿aliado o enemigo?”



 Los dos compañeros buscaron inmediatamente la fuente de aquella tercera voz que los había desconcertado. No tardaron mucho en ver a un joven aproximadamente de la misma edad de ellos parado encima de una pila de metal observándolos y sonriéndoles. Era alto y atlético, de piel morena, ojos verdes, con el cabello castaño, desordenado, largo hasta el cuello y con algunos mechones en puntas. Vestía un pantalón café, una camiseta verde musgo sin mangas con cuello mao y una pechera de cuero color azul marino que le cubría el hombro izquierdo solamente. Llevaba un cinturón firme y otro suelto que iba de un extremo de la cintura izquierda hasta la pierna derecha, y además poseía varias correas de cuero en ambos antebrazos y un guante sin dedos en la mano derecha de color negro.

 El extraño personaje hizo ademán de bajar cuidadosamente del lugar donde se hallaba, pero dio un paso en falso y cayó rodando todo el camino hasta el suelo. Theo y Amelí pasaron de la sorpresa a la total extrañeza debido a la torpeza del nuevo individuo; ninguno se acercó a él y sólo se le quedaron viendo fijamente. El joven se levantó con cuidado, estaba un poco adolorido, pero no perdió la sonrisa de su rostro, se limpió la ropa del polvo y se dirigió hacia ellos tranquilamente.

sábado, 4 de febrero de 2012

Theo no Tabi Capitulo 5: “Controlando el flujo”



-        ¿Crees que deberíamos buscar esa cosa que le robaron al lago? – Preguntó Theo mientras caminaba con Amelí a través del bosque en dirección al punto de reunión con el resto de compañeros de clases.

-          Aceptamos hacernos cargo de eso – respondió Amelí sin mirarlo – es nuestro deber hacerlo.

-          Yo en ningún momento acepté ayudarlo, esa fuiste tú – saltó Theo.

-          Pero tampoco te negaste – respondió su compañera todavía sin mirarlo.

 Theo calló un momento y después prosiguió.

-       Tienes razón, pero no es por eso que lo pregunto – se detuvo y la miró, ella también paró y se volteó hacia él -  si eso era un bángalo, ¿cómo podemos confiar en él?

 Amelí pareció vacilar un instante.

-          No estoy cien por ciento convencida – dijo intentando pasar su duda inadvertida – pero ha dicho algunas cosas que encajan y explican lo que ha sucedido en el último tiempo.

-          ¿Enserio?