La
mujer saltó de la rama en la que estaba, por lo menos a unos cuatro
metros de altura, y aterrizó en el sendero frente a los impresionados jóvenes.
Aún quedaban unos cuantos lobos alrededor y el bángalo Wolgen seguía allí un
poco más atrás que estos, pero completamente pasmado por la repentina aparición
de la anciana. Ésta giró la cabeza tranquilamente de un lado a otro para tener
una visión completa del terreno y la situación; mantenía una mirada de
desprecio y una expresión de completa impaciencia, su mano derecha seguía
dentro de uno de los bolsillos de su chaqueta, al parecer apretando algo
firmemente.
-
Tú y tus lobos – dijo la mujer hacia
Wolgen – han hecho mucho escándalo esta vez, estaba a punto de tomar una
siesta, pero la tuve que posponer y estoy de muy mal humor.
-
Ahora te recuerdo humana – dijo Wolgen
volviendo a tomar una sonrisa burlona enseñando todos los colmillos –
apareciste una vez y espantaste a varios de mis hermanos – rió un poco – pero
veo que esta vez sólo has acabado con unos cuantos, sin embargo, no puedo
perdonarte, morirás con estos otros humanos.