sábado, 3 de marzo de 2012

Theo no tabi Capitulo 9: “Una petición inesperada”


 La  mujer saltó de la rama en la que estaba, por lo menos a unos cuatro metros de altura, y aterrizó en el sendero frente a los impresionados jóvenes. Aún quedaban unos cuantos lobos alrededor y el bángalo Wolgen seguía allí un poco más atrás que estos, pero completamente pasmado por la repentina aparición de la anciana. Ésta giró la cabeza tranquilamente de un lado a otro para tener una visión completa del terreno y la situación; mantenía una mirada de desprecio y una expresión de completa impaciencia, su mano derecha seguía dentro de uno de los bolsillos de su chaqueta, al parecer apretando algo firmemente.


-          Tú y tus lobos – dijo la mujer hacia Wolgen – han hecho mucho escándalo esta vez, estaba a punto de tomar una siesta, pero la tuve que posponer y estoy de muy mal humor.

-          Ahora te recuerdo humana – dijo Wolgen volviendo a tomar una sonrisa burlona enseñando todos los colmillos – apareciste una vez y espantaste a varios de mis hermanos – rió un poco – pero veo que esta vez sólo has acabado con unos cuantos, sin embargo, no puedo perdonarte, morirás con estos otros humanos.


 La anciana sacó su mano derecha del bolsillo y en ella llevaba un reloj circular con una cadena cuyo extremo seguía en su bolsillo. El objeto era dorado al igual que la cadena, poseía un botón en la parte superior, una de sus caras era transparente y dejaba ver un montón de engranajes girando a distintas velocidades, mientras tres manecillas se movían lentamente. Levantó el artefacto en alto, frente al grupo de lobos.

-          <<calculo absoluto>> - dijo y alrededor de sus pies apareció un circulo etéreo de color blanco lechoso con unos extraños símbolos en la periferia; cerró los ojos por unos segundos y después los abrió sin cambiar su expresión inicial – sé que hay dos bángalos más, pero se encuentran a dos kilómetros ligeramente hacia el noreste sin desplazarse, no hay más lobos en tres kilómetros a la redonda y si consideramos la posibilidad de que puedas llamarlos, no llegarían a tiempo a socorrerte, por ende los únicos refuerzos que tienes son los once lobos que aquí se encuentran y analizando que entre nosotros cuatro ya hemos acabado con más de treinta, concluyo que tus posibilidades de ganar en este momento son de menos 47%.

 Tanto Wolgen como los jóvenes se quedaron sorprendidos de aquél largo discurso, la mujer en cambio sólo lucía más irritada que en un principio mientras el círculo se esfumaba.

-          Eso es pura palabrería – gritó el bángalo irritado – ¡¡hermanos ataquen!!

 Los once lobos saltaron al ataque en el instante en que el bángalo dio la orden, Theo y sus compañeros se prepararon para recibir la siguiente oleada, pero la extraña mujer no se inmutó en lo absoluto, cerró sus ojos y guardó el reloj en su bolsillo.

-          Se te advirtió – dijo ella - <<estallido cero>>

 Todos los lobos que se habían arrojado a la carga sufrieron una fuerte explosión en sus cuerpos y cayeron a medio camino algunos muertos, y otros heridos de gravedad, al igual que los anteriores animales. Wolgen observó con ira como sus últimas tropas eran asesinadas frente a sus ojos, le dedicó una mirada llena de odio a aquella mujer, sintió el terrible deseo de abalanzarse sobre ella, pero estaba consciente de la clara desventaja en la que se hallaba por lo que dio media vuelta y huyó del lugar lo más rápido que pudo.

-          ¡Espera cobarde! – gritó Theo mientras salía a perseguirlo, pero lo detuvo el brazo extendido de la mujer.

-          Déjalo escapar – le dijo la mujer – malgastarás tu fuerza persiguiéndolo, además es probable que te pierdas.

-          Pero…

-          ¡He dicho que no lo sigas! – gritó dándole la cara al joven, estaba muy enojada y respiraba entrecortadamente.

 Theo no atinó a decir nada más, simplemente se quedó callado y se apartó unos pasos; sentía ganas de discutir con aquella persona, pero de alguna manera le había parecido muy imponente. Benforth volvió a su forma de anillo a los pocos segundos, los trindekis de Amelí y Kurt también volvieron a su forma sellada a la vez, finalmente se acercaron a donde estaba su compañero.

-          Muchas gracias por ayudarnos – dijo Amelí a la mujer.

-          Si, si – respondió ella dándole poca importancia y luego dijo para ella misma – cielos que dolor de cabeza.

-          Disculpe – continuo Ameló obviando la respuesta anterior – por alguna casualidad, ¿usted es Celene?

-          Esa soy yo – respondió la anciana con irritación – y supongo que ustedes son las personas que ese vejestorio de Naim iba a enviar, vaya si son apenas unos mocosos.

-          Nosotros no somos moco…  - comenzó a decir Theo, pero Amelí lo detuvo tomándole el hombro y sacudiendo la cabeza en negación.

-          De acuerdo será mejor que vayamos a mi casa en vez de hablar aquí – y dicho esto se puso a andar por el sendero – ¿vienen o no? – dijo al detenerse unos cuantos pasos adelante y apreciar que los jóvenes no la seguían, pero finalmente el grupo de nov-enilitas, tomó sus cosas que habían dejado de lado al momento del ataque, y la siguieron por el camino.

 Caminaron en silencio por varios minutos. Los tres tenían muchas preguntas en sus cabezas, muchos comentarios que les hubiera gustado compartir entre ellos, pero todos llegaron a la conclusión por si mismos de que no era el momento para ello, ya que por lo que se podía apreciar, Celene era una persona con la que había que tener cuidado, mucho cuidado. El bosque seguía estando muy tranquilo, pero esta vez se escuchaba uno que otro sonido emitido por un pájaro u otro animal que delataba su cercanía, esto alivio a los viajeros, pero aún así permanecieron con los sentidos bien atentos a cualquier pequeña anormalidad que se pudiese presentar.

 Celene los guió con paso firme y enérgico, en ningún momento se volteó a mirar si sus acompañantes la seguían como si le diera igual que estuviesen a su espalda o no. De vez en cuando se frotaba con una mano la frente y apretaba fuertemente los dientes como si aguantara un fuerte dolor; el hecho no pasó inadvertido para los muchachos, sin embargo, ninguno estaba seguro de preguntarle si necesitaba ayuda.   

 Finalmente la mujer se detuvo frente a un árbol que sobresalía sobre los demás por sus enormes proporciones. El camino continuaba dando una vuelta hacia la derecha y a la izquierda de este se hallaba un cúmulo de niebla muy espesa que no permitía visualizar nada. La mujer contempló a aquél gigante y su expresión dejaba entrever que buscaba algo; Theo, Amelí y Kurt, unos pasos más atrás, también miraron hacia el árbol e intentaron encontrar lo que Celene buscaba con la mirada, sin saber bien que sería. Pasado unos minutos, la anciana logró dar con su objetivo; dio un salto, en donde se apreciaba el ugras claramente, y presionó una piedra azul a unos metros del suelo oculto en un nudo de la corteza del árbol.

 Cuando ella aterrizó unos segundos después, lo jóvenes esperaron que sucediera algo, pero no notaron mayor diferencia en el entorno. Theo y Kurt nunca hubieran notado el hecho de que la niebla al lado del árbol se despejaba dejando ver una nueva bifurcación del sendero, si Amelí no les hubiese avisado y Celene no se hubiese movido en aquella dirección; se sorprendieron unos instantes al percatarse del acontecimiento, pero finalmente  avanzaron tranquilamente como lo habían hecho hasta entonces, y a medida que se alejaban del gran árbol, la niebla cubría de nuevo el camino ocultándolo del resto del mundo.

-        ¿Con sólo cubrir el sendero con niebla, es suficiente para alejar a personas no deseadas? – preguntó Amelí a Celene, la cual no se volteó ni se detuvo.

-          Por supuesto que no – respondió la mujer, a pesar del tono irritado que mantenía, parecía ser que su enojo se estaba apaciguando – esa niebla es especial ya que además de ocultar las cosas, también hace que las personas que no conocen su secreto se alejen.

-          Entonces nunca hubiésemos descubierto este camino si no apareces tú, ¿me equivoco?

-          Si el vejestorio de Naim no les explicó eso no lo hubiesen podido hallar este sendero por más que lo desearan.

 Aprovechando la oportunidad de que Celene no parecía muy molesta, Theo le preguntó algo que le había llamado la atención.

-          Celene – comenzó – te quería preguntar algo acerca…

 La voz de Theo se fue apagando hasta quedarse completamente callado mientras la anciana se detenía y daba vuelta con una cara de mucha irritación.

-          Se puede saber- comenzó a decir la mujer mientras se acercaba a Theo hasta casi chocar nariz con nariz, eran de la misma altura por lo que sus ojos quedaban frente a frente – quien es el que te ha dado permiso para llamarme por mi nombre a secas.

-          Nadie, pero…

-          Entonces si nadie te ha dado permiso tienes que ser más respetuoso con la gente mayor – continuó diciendo ella enfadada – creo que pasará un buen tiempo antes que te permita siquiera pronunciar la primera sílaba de mi nombre.

 Theo estaba atónito, normalmente si alguien le hubiese hablado así, hombre, mujer, niño, adulto o lo que fuese, el hubiera respondido de inmediato, sin embargo, en aquella situación estaba paralizado, era como si Celene emitiera un aura que no le permitía discutirle nada. No se había sentido intimidado así desde hace mucho tiempo.

-          Desde ahora en adelante, sólo te dirigirás a mí por el nombre de “Madame C”, ¿quedó claro? – agregó levantando una ceja.  

-          Si – respondió Theo, mientras pensaba en lo difícil que sería tratar con esa mujer.

-          Si ¿qué?

-          Si madame C – respondió el joven como si le estuviera hablando a un general del ejército.

-         Me parece mejor así – y diciendo esto se dio vuelta y volvió a caminar hacia adelante – esto va para ti también – añadió señalando a Kurt al pasar a su lado.

-          ¿Y ella? – preguntó el joven arquero señalando a Amelí.

-          Con ella no hay problema.

-          ¿Y eso por qué? – respondió Kurt desconcertado.

-         Ya déjense de hablar y será mejor que caminen en silencio o dormirán afuera – dijo irritada mientras retomaba el paso.

 A regaña dietas los dos hombres jóvenes siguieron a Celene, pero se aseguraron de que no se fijara en sus caras irritadas por el trato que les había dado. Amelí, en cambio, continuó como si nada hubiese pasado, situación que enojó más a Theo y a Kurt. Finalmente el sendero los llevó a un enorme claro en el bosque, limpio de árboles caídos y malezas; en el otro extremo del lugar se hallaba una casa hecha de piedra con un techo de madera y una chimenea pequeña que sobresalía. A su alrededor había una gran colección de flores y plantas de varios lugares, se apreciaba a lo lejos que estaban bien cuidadas, por lo que se deducía que  la mujer era una muy buena jardinera.

 Kurt comenzó a avanzar en dirección a la casa despreocupadamente. Tenía intenciones de llegar pronto ya que conservaba la esperanza de recibir algo de comer a pesar que su anfitriona fuese una bruja amargada en palabras mentales de él. Había avanzado unos cuantos pasos cuando Celene le habló.

-          Yo no avanzaría despreocupadamente por este claro si fuese tú, mocoso.

-          ¿Por qué no? – preguntó el joven extrañado volviendo la cabeza sin dejar de avanzar.

-          Porque – comenzó a decir Celene, pero justo en ese momento Kurt cayó en un agujero enorme y profundo, emitiendo un fuerte gritó hasta llegar al fondo – he puesto muchas trampas por el lugar para evitar que me molesten algunas personas que saben el truco de la niebla.

 Theo y Amelí fueron a socorrer  a su compañero con cuidado de no caer en alguna otra trampa. Kurt estaba aturdido dentro del profundo orificio, lograron sacarlo con dificultad y los tres cayeron sentados a orillas de la trampa. Celene avanzó como si nada dando pasos esquivos en algunos sectores hasta que finalmente llegó a un punto en donde avanzó en línea recta  hacia la casa. Los muchachos se quedaron asombrados de la facilidad con que pasó, aunque cada uno concluyó que si ella las había colocado, no era para nada difícil el evitarlas, sin embargo, para ellos sería un reto.

 Amelí fue la primera en levantarse de los tres y se puso en marcha.

-    Síganme – les dijo a sus dos compañeros en el suelo, los cuales se levantaron y finalmente la obedecieron.

 La joven se movió casi exactamente igual que Celene y logró guiar al grupo hasta el lugar libre de trampas en donde pudieron finalmente avanzar en línea recta. A los dos muchachos se les hizo un poco difícil seguir a su amiga, sin embargo, se esforzaron para no desviarse del trayecto que ella recorría para no encontrarse con alguna otra trampa. Celene continuo andando hacia su casa, se había detenido después de haber recorrido unos metros de la zona de trampas, pero volvió a moverse cuando Amelí y los otros salieron de la zona peligrosa.

 Una vez en la casa ella ingresó primero seguida de los jóvenes. Dejó su capa de viaje en un perchero cerca de la entrada, se quitó las botas y avanzó descalza hasta una habitación más grande. Los muchachos dejaron sus cosas allí y siguieron a su anfitriona; la casa de la mujer, a diferencia de la visión exterior, resultó ser bastante lujosa. No poseía muchos adornos, pero las mesas, sillas, sillones y demás muebles eran nuevos, porque saltaba a la vista que estaban impecablemente cuidados; la cocina estaba igual de impecable que el resto de la casa, además que todo el lugar tenía luz eléctrica lo cual era raro para una casa tan apartada.

 Celene se sentó en un sillón amplio de color café que daba hacia la entrada, los dos muchachos y la joven permanecieron de pie mirando la sala.

-        ¿Se puede saber que esperan? ¿un permiso especial? – preguntó la anfitriona desde su asiento al trió de invitados – siéntense de una vez.

 Las visitas obedecieron y se acomodaron en un sofá frente a Celene quien se paró de repente fue a la cocina y trajo una bolsa con hielo que se colocó en la cabeza al tiempo que se sentaba nuevamente.

-          Ahh, esto está mucho mejor – dijo aliviada – bueno, creo que ustedes vienen aquí por algo, ¿no es así?, Naim ya me explicó de forma general las cosas y los envió para que les indicara donde está el kardis de ese bángalo, ¿me equivoco?

-          Eso es exactamente lo que andamos buscando – dijo Amelí – le pedimos su ayuda, por favor.

-          Está bien les ayudaré – dijo Celene después de unos segundos de silencio, los tres se aliviaron e interiormente se alegraron – pero primero necesito el dinero.

-          ¿El dinero? – preguntó Amelí extrañada, sus dos compañeros estaban igual que ella.

-          El dinero que cobro por decir donde se encuentran las cosas que la gente pierde, el valor por algo simple es de 100 kais.

-          ¡¡¡100 kais!!! – gritaron los tres a la vez colocándose de pie.

-          Pero como lo que ustedes buscan es algo raro la cuota es de 500 kais.

-          ¡¡¡500 KAIS!!! – volvieron a gritar los tres y esta vez se desplomaron sobre el sillón.

-          Si esa es la cuota – dijo mientras se acomodaba la bolsa de hielo.

-          Pero ¿cómo puedes cobrar por ayudar a unos compañeros nov-enilitas? – dijo Kurt indignado.

-          Mira quién habla, el señor tengo que cobrar por mis servicios – dijo Theo mirando a Kurt con una expresión de molestia.     

-          Eso es algo totalmente distinto – respondió mientras se cruzaba de brazos.

-          Lo que creo que intentan decir mi compañeros – intervino Amelí – es que mi abuelo nunca nos habló de ningún dinero.

-          Creo que no le mencioné – dijo Celene reflexionando – pero si me conoce desde hace tanto tiempo debió de considerar mi forma de hacer las cosas.

-          Pero aunque tuviésemos el dinero – comenzó a decir Theo – esa es una cantidad muy excesiva por decir donde….

 El joven se detuvo en su discurso y aguantó un gritó debido a que Amelí le había propinado un pisotón discretamente, pero no por eso menos doloroso.

-          Lo que creo que Theo quiere decir es que no tenemos esa cantidad de dinero con nosotros – dijo la joven.

-          Ese problema no es mío – fue todo lo que respondió la mujer.

 Amelí levantó la ceja casi imperceptiblemente, hacia un esfuerzo por contener el enojo que iba aumentando a medida que aquella conversación avanzaba, finalmente habló con la misma calma de siempre.

-          ¿No existe alguna otra forma de solucionar esto? – preguntó la muchacha.

 Celene los miró pensativa con la bolsa de hielo en la cabeza, algunas gotas de agua le bajaban lentamente por las sienes.

-          Hay algo que pueden hacer – dijo finalmente – claro si es que son capaces.

-          ¿Qué cosa? – preguntaron los tres a la vez.

-     Ese bángalo que huyó antes, tiene dos compañeros que desde hace un buen tiempo han estado molestando mucho en este bosque que solía ser tan tranquilo – dijo la anciana mientras se incorporaba y se quitaba el hielo de la cabeza – si los derrotan les daré la información que quieren saber.

 Los tres nov-enilitas se quedaron callados ante lo que había dicho su anfitriona, ella los observó y sonrió ligeramente.

-          Parece que es mucho para ustedes – dijo suspirando.

-       No es eso – respondió Theo inmediatamente – lo que sucede es que no entendemos por qué nos pides eso, si tú podrías vencer a unos bángalos como esos; en el bosque demostraste un poder asombroso.

Celene sonrió nuevamente.

-         Parece que me están sobrestimando, yo no puedo derrotar a esos tres juntos y a pesar que ese lobo que vieron en el sendero es el más débil de los tres, con ese ejército de lobos se hace muy difícil.

-          Pero la habilidad de tu trindeki – insistió Theo – fue increíble, me gustaría saber cómo lo hiciste.

-          Hagámoslo más tentador – continuó Celene – si derrotan a esos bángalos les diré como funciona mi habilidad, ¿les parece?

-          De acuerdo – dijo Amelí.

-          Derrotar a esos bángalos será pan comido – agregó Kurt.


 Los tres nov-enilitas iban trotando por el bosque a paso constante, Celene les había indicado con la habilidad de su trindeki donde se encontraba el bángalo más cercano e inmediatamente se pusieron en marcha. La petición de la mujer seguía pareciéndoles extraña, ya que todos consideraban que era capaz de hacer grandes hazañas basados en la pequeña demostración de sus poderes que había mostrado, sin embargo, si querían la información que necesitaban para continuar su viaje debían cumplir esa exigencia.

-          Esperen un momento- dijo Amelí deteniéndose después de haber avanzado un buen trayecto, sus dos compañeros se detuvieron unos pasos adelante a penas la escucharon.

-          ¿Qué sucede Amelí? – preguntó Kurt.

-          Si no nos apresuramos el bángalo puede irse y tardaremos más en encontrarlo – dijo Theo.

-          Lo sé – respondió la joven – pero creo que es necesario que planeemos una estrategia.

-          ¿Una estrategia? – dijeron los dos.

-          Si, miren no creo que Celene dijera que ella no podría derrotar a esos tres sólo por parecer humilde, por lo que vimos sabemos que debe de ser bastante fuerte así que si dice que el enfrentarse a estos tres bángalos sería mucho para ella es por algo y deberíamos tomarlo en consideración.

-          ¿Qué propones? – preguntó Theo.

-          Propongo lo siguiente – y ella explicó su plan a los dos muchachos.


 Theo se acercó sigilosamente a un pequeño claro ocultándose lo mejor que pudo tras los árboles. El bángalo con forma de lobo y casco con una púa plateada que habían enfrentado antes, Wolgen, se encontraba en ese lugar con unos cuantos lobos alrededor de él; se movía impaciente y gruñía de vez en cuando irritado, algunos lobos lo seguían en su andar y otros simplemente lo observaban moverse. El joven esperó a que se presentara el momento indicado para actuar, si quería que el plan de Amelí funcionara debía hacerlo bien.

  Pasaron varios minutos, el bángalo le dio la espalda a Theo, los lobos estaban distraídos y él aprovechó ese instante para salir de su escondite. Se plantó entre dos árboles y gritó.

-          Oye tú, bola de pelos apestosa – Wolgen se giró rápidamente hacia él, parecía sorprendido – tú y tus cachorros no podrían atraparme aunque estuviera cojo.

 La provocación pareció enfadar al bángalo considerablemente hasta el punto que cegado por la rabia echó a correr hacia el joven humano sin perder tiempo. Theo escapó por entre los árboles lo más rápido que pudo con el bángalo y los lobos, que siguieron inmediatamente a su líder, pisándole los talones. En unos cortos instantes utilizó kire para mantener la distancia de sus perseguidores, pero siempre permitiendo que las criaturas lo pudiesen seguir; la idea era que no lo perdieran de vista.

 Llegó un punto en el que Theo divisó una flecha disimuladamente enterrada en el suelo oculta tras unos arbustos y supo que ya estaba cerca de su destino. Aceleró un poco el paso y llegó a un enorme claro lleno de hierba, no había nadie allí, pero eso no le extraño; avanzó sin perder el impulso y se situó en el centro del sitio, se giró hacia su perseguidor y esperó.

 Wolgen avanzaba rápidamente, había dejado a sus lobos rezagados, al momento de entrar  al claro y ver a Theo quieto en el centro de este, dio un enorme saltó y se abalanzó sobre él. El joven pensó en lo predecible que había resultado ser esa criatura, Amelí había intuido bien que al dejarse llevar por el instinto, lo más lógico era que esas bestias saltasen y se abalanzasen sobre su víctima; en ese momento una barrera de color rojo se materializó entre ambos oponentes y el bángalo chocó contra esta sin remedio y cayó al suelo.

 En ese momento aparecieron Amelí y Kurt desde lo alto de unos árboles con sus trindekis liberados, aterrizando en el claro unos pasos frente a Theo. Al mismo tiempo que la barrera de la chica desaparecía, Kurt gritó:

-          <<Captura de tres puntas>>

 Los alrededores del claro resplandecieron, y los cuatro quedaron atrapados dentro de la técnica del joven nov-enilita. Wolgen se incorporó y miró a los recién llegados con desprecio.

-          Plan completo – dijo Amelí con orgullo.

-          ¡¿Que es lo que han hecho humanos?! – exclamó el bángalo furioso.

-          Separarte de los demás – dijo Amelí tranquilamente mientras apuntaba a la criatura con su cetro – sabemos que hay dos bángalos más por los alrededores y que juntos pueden presentar una seria amenaza, así que planeamos separarte de ellos y derrotarlos uno por uno; Theo hizo de carnada para traerte a este lugar, estabas tan furioso que dejaste a tus aliados atrás y fueron presa fácil para nosotros.

-          Además – continuó Kurt – al entrar a este claro has sellado tu derrota ya que no puedes salir ni nadie puede entrar a ayudarte gracias a la barrera que he puesto.

-          Es hora de decir adiós – concluyó Theo.

 Para sorpresa del grupo, el bángalo comenzó a reírse maliciosamente mostrando sus colmillos, su cara lucia aterradora y la punta de metal en el casco relucía amenazante.

-          ¿Qué es lo gracioso? – dijo Theo molesto.

-          Fue una buena estrategia humanos – les dijo Wolgen cuando hubo terminado de reírse – pero no lo suficientemente buena.

 Y dicho esto levantó la cabeza emitiendo un fuerte y largo aullido hacia el cielo, el cual fue respondido por otros lobos del bosque desde varias direcciones. Repentinamente Kurt sintió que algo iba mal, pero se dio cuenta demasiado tarde.

-          No puede ser – exclamó pasmado.

-          ¿Qué sucede Kurt? – preguntó Amelí preocupada.

-          Mi técnica – dijo tragando saliva – mi técnica ha desaparecido. 

Próximo capitulo: "Entre aullidos" saldrá el sábado 10 de marzo (por motivos personales el capitulo saldrá en una próxima fecha a confirmar, muxas disculpas)

Ahora que comienza marzo intentaremos seguir sacando un capitulo a la semana, pero no se sorprendan si a veces el plazo es mayor ya que con el estudio el tiempo comienza a escasear, les agradecemos mucho a los que nos leen y no se olviden de disfrutar, valorar comentar y compartir.


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