La
mujer saltó de la rama en la que estaba, por lo menos a unos cuatro
metros de altura, y aterrizó en el sendero frente a los impresionados jóvenes.
Aún quedaban unos cuantos lobos alrededor y el bángalo Wolgen seguía allí un
poco más atrás que estos, pero completamente pasmado por la repentina aparición
de la anciana. Ésta giró la cabeza tranquilamente de un lado a otro para tener
una visión completa del terreno y la situación; mantenía una mirada de
desprecio y una expresión de completa impaciencia, su mano derecha seguía
dentro de uno de los bolsillos de su chaqueta, al parecer apretando algo
firmemente.
-
Tú y tus lobos – dijo la mujer hacia
Wolgen – han hecho mucho escándalo esta vez, estaba a punto de tomar una
siesta, pero la tuve que posponer y estoy de muy mal humor.
-
Ahora te recuerdo humana – dijo Wolgen
volviendo a tomar una sonrisa burlona enseñando todos los colmillos –
apareciste una vez y espantaste a varios de mis hermanos – rió un poco – pero
veo que esta vez sólo has acabado con unos cuantos, sin embargo, no puedo
perdonarte, morirás con estos otros humanos.
La anciana sacó su mano derecha del bolsillo y
en ella llevaba un reloj circular con una cadena cuyo extremo seguía en su
bolsillo. El objeto era dorado al igual que la cadena, poseía un botón en la
parte superior, una de sus caras era transparente y dejaba ver un montón de
engranajes girando a distintas velocidades, mientras tres manecillas se movían
lentamente. Levantó el artefacto en alto, frente al grupo de lobos.
-
<<calculo absoluto>> - dijo
y alrededor de sus pies apareció un circulo etéreo de color blanco lechoso con
unos extraños símbolos en la periferia; cerró los ojos por unos segundos y
después los abrió sin cambiar su expresión inicial – sé que hay dos bángalos
más, pero se encuentran a dos kilómetros ligeramente hacia el noreste sin
desplazarse, no hay más lobos en tres kilómetros a la redonda y si consideramos
la posibilidad de que puedas llamarlos, no llegarían a tiempo a socorrerte, por
ende los únicos refuerzos que tienes son los once lobos que aquí se encuentran
y analizando que entre nosotros cuatro ya hemos acabado con más de treinta,
concluyo que tus posibilidades de ganar en este momento son de menos 47%.
Tanto Wolgen como los jóvenes se quedaron
sorprendidos de aquél largo discurso, la mujer en cambio sólo lucía más
irritada que en un principio mientras el círculo se esfumaba.
-
Eso es pura palabrería – gritó el
bángalo irritado – ¡¡hermanos ataquen!!
Los once lobos saltaron al ataque en el
instante en que el bángalo dio la orden, Theo y sus compañeros se prepararon
para recibir la siguiente oleada, pero la extraña mujer no se inmutó en lo
absoluto, cerró sus ojos y guardó el reloj en su bolsillo.
-
Se te advirtió – dijo ella -
<<estallido cero>>
Todos los lobos que se habían arrojado a la
carga sufrieron una fuerte explosión en sus cuerpos y cayeron a medio camino
algunos muertos, y otros heridos de gravedad, al igual que los anteriores
animales. Wolgen observó con ira como sus últimas tropas eran asesinadas frente
a sus ojos, le dedicó una mirada llena de odio a aquella mujer, sintió el
terrible deseo de abalanzarse sobre ella, pero estaba consciente de la clara
desventaja en la que se hallaba por lo que dio media vuelta y huyó del lugar lo
más rápido que pudo.
-
¡Espera cobarde! – gritó Theo mientras
salía a perseguirlo, pero lo detuvo el brazo extendido de la mujer.
-
Déjalo escapar – le dijo la mujer –
malgastarás tu fuerza persiguiéndolo, además es probable que te pierdas.
-
Pero…
-
¡He dicho que no lo sigas! – gritó
dándole la cara al joven, estaba muy enojada y respiraba entrecortadamente.
Theo no atinó a decir nada más, simplemente se
quedó callado y se apartó unos pasos; sentía ganas de discutir con aquella
persona, pero de alguna manera le había parecido muy imponente. Benforth volvió
a su forma de anillo a los pocos segundos, los trindekis de Amelí y Kurt
también volvieron a su forma sellada a la vez, finalmente se acercaron a donde
estaba su compañero.
-
Muchas gracias por ayudarnos – dijo
Amelí a la mujer.
-
Si, si – respondió ella dándole poca
importancia y luego dijo para ella misma – cielos que dolor de cabeza.
-
Disculpe – continuo Ameló obviando la
respuesta anterior – por alguna casualidad, ¿usted es Celene?
-
Esa soy yo – respondió la anciana con
irritación – y supongo que ustedes son las personas que ese vejestorio de Naim
iba a enviar, vaya si son apenas unos mocosos.
-
Nosotros no somos moco… - comenzó a decir Theo, pero Amelí lo detuvo
tomándole el hombro y sacudiendo la cabeza en negación.
-
De acuerdo será mejor que vayamos a mi
casa en vez de hablar aquí – y dicho esto se puso a andar por el sendero –
¿vienen o no? – dijo al detenerse unos cuantos pasos adelante y apreciar que
los jóvenes no la seguían, pero finalmente el grupo de nov-enilitas, tomó sus
cosas que habían dejado de lado al momento del ataque, y la siguieron por el
camino.
Caminaron en silencio por varios minutos. Los
tres tenían muchas preguntas en sus cabezas, muchos comentarios que les hubiera
gustado compartir entre ellos, pero todos llegaron a la conclusión por si
mismos de que no era el momento para ello, ya que por lo que se podía apreciar,
Celene era una persona con la que había que tener cuidado, mucho cuidado. El
bosque seguía estando muy tranquilo, pero esta vez se escuchaba uno que otro
sonido emitido por un pájaro u otro animal que delataba su cercanía, esto
alivio a los viajeros, pero aún así permanecieron con los sentidos bien atentos
a cualquier pequeña anormalidad que se pudiese presentar.
Celene los guió con paso firme y enérgico, en
ningún momento se volteó a mirar si sus acompañantes la seguían como si le
diera igual que estuviesen a su espalda o no. De vez en cuando se frotaba con
una mano la frente y apretaba fuertemente los dientes como si aguantara un
fuerte dolor; el hecho no pasó inadvertido para los muchachos, sin embargo,
ninguno estaba seguro de preguntarle si necesitaba ayuda.
Finalmente la mujer se detuvo frente a un árbol
que sobresalía sobre los demás por sus enormes proporciones. El camino
continuaba dando una vuelta hacia la derecha y a la izquierda de este se
hallaba un cúmulo de niebla muy espesa que no permitía visualizar nada. La
mujer contempló a aquél gigante y su expresión dejaba entrever que buscaba algo;
Theo, Amelí y Kurt, unos pasos más atrás, también miraron hacia el árbol e
intentaron encontrar lo que Celene buscaba con la mirada, sin saber bien que
sería. Pasado unos minutos, la anciana logró dar con su objetivo; dio un salto,
en donde se apreciaba el ugras claramente, y presionó una piedra azul a unos
metros del suelo oculto en un nudo de la corteza del árbol.
Cuando ella aterrizó unos segundos después, lo
jóvenes esperaron que sucediera algo, pero no notaron mayor diferencia en el
entorno. Theo y Kurt nunca hubieran notado el hecho de que la niebla al lado
del árbol se despejaba dejando ver una nueva bifurcación del sendero, si Amelí
no les hubiese avisado y Celene no se hubiese movido en aquella dirección; se
sorprendieron unos instantes al percatarse del acontecimiento, pero
finalmente avanzaron tranquilamente como
lo habían hecho hasta entonces, y a medida que se alejaban del gran árbol, la
niebla cubría de nuevo el camino ocultándolo del resto del mundo.
- ¿Con sólo cubrir el sendero con niebla,
es suficiente para alejar a personas no deseadas? – preguntó Amelí a Celene, la
cual no se volteó ni se detuvo.
-
Por supuesto que no – respondió la
mujer, a pesar del tono irritado que mantenía, parecía ser que su enojo se
estaba apaciguando – esa niebla es especial ya que además de ocultar las cosas,
también hace que las personas que no conocen su secreto se alejen.
-
Entonces nunca hubiésemos descubierto
este camino si no apareces tú, ¿me equivoco?
-
Si el vejestorio de Naim no les explicó
eso no lo hubiesen podido hallar este sendero por más que lo desearan.
Aprovechando la oportunidad de que Celene no
parecía muy molesta, Theo le preguntó algo que le había llamado la atención.
-
Celene – comenzó – te quería preguntar
algo acerca…
La voz de Theo se fue apagando hasta quedarse
completamente callado mientras la anciana se detenía y daba vuelta con una cara
de mucha irritación.
-
Se puede saber- comenzó a decir la mujer
mientras se acercaba a Theo hasta casi chocar nariz con nariz, eran de la misma
altura por lo que sus ojos quedaban frente a frente – quien es el que te ha
dado permiso para llamarme por mi nombre a secas.
-
Nadie, pero…
-
Entonces si nadie te ha dado permiso
tienes que ser más respetuoso con la gente mayor – continuó diciendo ella
enfadada – creo que pasará un buen tiempo antes que te permita siquiera
pronunciar la primera sílaba de mi nombre.
Theo estaba atónito, normalmente si alguien le
hubiese hablado así, hombre, mujer, niño, adulto o lo que fuese, el hubiera
respondido de inmediato, sin embargo, en aquella situación estaba paralizado,
era como si Celene emitiera un aura que no le permitía discutirle nada. No se
había sentido intimidado así desde hace mucho tiempo.
-
Desde ahora en adelante, sólo te
dirigirás a mí por el nombre de “Madame C”, ¿quedó claro? – agregó levantando
una ceja.
-
Si – respondió Theo, mientras pensaba en
lo difícil que sería tratar con esa mujer.
-
Si ¿qué?
-
Si madame C – respondió el joven como si
le estuviera hablando a un general del ejército.
- Me parece mejor así – y diciendo esto se
dio vuelta y volvió a caminar hacia adelante – esto va para ti también – añadió
señalando a Kurt al pasar a su lado.
-
¿Y ella? – preguntó el joven arquero
señalando a Amelí.
-
Con ella no hay problema.
-
¿Y eso por qué? – respondió Kurt
desconcertado.
- Ya déjense de hablar y será mejor que
caminen en silencio o dormirán afuera – dijo irritada mientras retomaba el
paso.
A regaña dietas los dos hombres jóvenes
siguieron a Celene, pero se aseguraron de que no se fijara en sus caras irritadas
por el trato que les había dado. Amelí, en cambio, continuó como si nada hubiese
pasado, situación que enojó más a Theo y a Kurt. Finalmente el sendero los
llevó a un enorme claro en el bosque, limpio de árboles caídos y malezas; en el
otro extremo del lugar se hallaba una casa hecha de piedra con un techo de
madera y una chimenea pequeña que sobresalía. A su alrededor había una gran
colección de flores y plantas de varios lugares, se apreciaba a lo lejos que
estaban bien cuidadas, por lo que se deducía que la mujer era una muy buena jardinera.
Kurt comenzó a avanzar en dirección a la casa
despreocupadamente. Tenía intenciones de llegar pronto ya que conservaba la
esperanza de recibir algo de comer a pesar que su anfitriona fuese una bruja
amargada en palabras mentales de él. Había avanzado unos cuantos pasos cuando
Celene le habló.
-
Yo no avanzaría despreocupadamente por
este claro si fuese tú, mocoso.
-
¿Por qué no? – preguntó el joven
extrañado volviendo la cabeza sin dejar de avanzar.
-
Porque – comenzó a decir Celene, pero
justo en ese momento Kurt cayó en un agujero enorme y profundo, emitiendo un
fuerte gritó hasta llegar al fondo – he puesto muchas trampas por el lugar para
evitar que me molesten algunas personas que saben el truco de la niebla.
Theo y Amelí fueron a socorrer a su compañero con cuidado de no caer en
alguna otra trampa. Kurt estaba aturdido dentro del profundo orificio, lograron
sacarlo con dificultad y los tres cayeron sentados a orillas de la trampa.
Celene avanzó como si nada dando pasos esquivos en algunos sectores hasta que
finalmente llegó a un punto en donde avanzó en línea recta hacia la casa. Los muchachos se quedaron
asombrados de la facilidad con que pasó, aunque cada uno concluyó que si ella
las había colocado, no era para nada difícil el evitarlas, sin embargo, para
ellos sería un reto.
Amelí fue la primera en levantarse de los tres
y se puso en marcha.
- Síganme – les dijo a sus dos compañeros
en el suelo, los cuales se levantaron y finalmente la obedecieron.
La joven se movió casi exactamente igual que
Celene y logró guiar al grupo hasta el lugar libre de trampas en donde pudieron
finalmente avanzar en línea recta. A los dos muchachos se les hizo un poco
difícil seguir a su amiga, sin embargo, se esforzaron para no desviarse del
trayecto que ella recorría para no encontrarse con alguna otra trampa. Celene
continuo andando hacia su casa, se había detenido después de haber recorrido
unos metros de la zona de trampas, pero volvió a moverse cuando Amelí y los
otros salieron de la zona peligrosa.
Una vez en la casa ella ingresó primero
seguida de los jóvenes. Dejó su capa de viaje en un perchero cerca de la
entrada, se quitó las botas y avanzó descalza hasta una habitación más grande.
Los muchachos dejaron sus cosas allí y siguieron a su anfitriona; la casa de la
mujer, a diferencia de la visión exterior, resultó ser bastante lujosa. No
poseía muchos adornos, pero las mesas, sillas, sillones y demás muebles eran
nuevos, porque saltaba a la vista que estaban impecablemente cuidados; la
cocina estaba igual de impecable que el resto de la casa, además que todo el
lugar tenía luz eléctrica lo cual era raro para una casa tan apartada.
Celene se sentó en un sillón amplio de color
café que daba hacia la entrada, los dos muchachos y la joven permanecieron de
pie mirando la sala.
- ¿Se puede saber que esperan? ¿un permiso
especial? – preguntó la anfitriona desde su asiento al trió de invitados – siéntense
de una vez.
Las visitas obedecieron y se acomodaron en un
sofá frente a Celene quien se paró de repente fue a la cocina y trajo una bolsa
con hielo que se colocó en la cabeza al tiempo que se sentaba nuevamente.
-
Ahh, esto está mucho mejor – dijo
aliviada – bueno, creo que ustedes vienen aquí por algo, ¿no es así?, Naim ya me
explicó de forma general las cosas y los envió para que les indicara donde está
el kardis de ese bángalo, ¿me equivoco?
-
Eso es exactamente lo que andamos
buscando – dijo Amelí – le pedimos su ayuda, por favor.
-
Está bien les ayudaré – dijo Celene
después de unos segundos de silencio, los tres se aliviaron e interiormente se
alegraron – pero primero necesito el dinero.
-
¿El dinero? – preguntó Amelí extrañada,
sus dos compañeros estaban igual que ella.
-
El dinero que cobro por decir donde se
encuentran las cosas que la gente pierde, el valor por algo simple es de 100
kais.
-
¡¡¡100 kais!!! – gritaron los tres a la
vez colocándose de pie.
-
Pero como lo que ustedes buscan es algo
raro la cuota es de 500 kais.
-
¡¡¡500 KAIS!!! – volvieron a gritar los
tres y esta vez se desplomaron sobre el sillón.
-
Si esa es la cuota – dijo mientras se
acomodaba la bolsa de hielo.
-
Pero ¿cómo puedes cobrar por ayudar a
unos compañeros nov-enilitas? – dijo Kurt indignado.
-
Mira quién habla, el señor tengo que
cobrar por mis servicios – dijo Theo mirando a Kurt con una expresión de
molestia.
-
Eso es algo totalmente distinto –
respondió mientras se cruzaba de brazos.
-
Lo que creo que intentan decir mi
compañeros – intervino Amelí – es que mi abuelo nunca nos habló de ningún dinero.
-
Creo que no le mencioné – dijo Celene
reflexionando – pero si me conoce desde hace tanto tiempo debió de considerar
mi forma de hacer las cosas.
-
Pero aunque tuviésemos el dinero –
comenzó a decir Theo – esa es una cantidad muy excesiva por decir donde….
El joven se detuvo en su discurso y aguantó un
gritó debido a que Amelí le había propinado un pisotón discretamente, pero no
por eso menos doloroso.
-
Lo que creo que Theo quiere decir es que
no tenemos esa cantidad de dinero con nosotros – dijo la joven.
-
Ese problema no es mío – fue todo lo que
respondió la mujer.
Amelí levantó la ceja casi imperceptiblemente,
hacia un esfuerzo por contener el enojo que iba aumentando a medida que aquella
conversación avanzaba, finalmente habló con la misma calma de siempre.
-
¿No existe alguna otra forma de
solucionar esto? – preguntó la muchacha.
Celene los miró pensativa con la bolsa de
hielo en la cabeza, algunas gotas de agua le bajaban lentamente por las sienes.
-
Hay algo que pueden hacer – dijo
finalmente – claro si es que son capaces.
-
¿Qué cosa? – preguntaron los tres a la
vez.
- Ese bángalo que huyó antes, tiene dos
compañeros que desde hace un buen tiempo han estado molestando mucho en este
bosque que solía ser tan tranquilo – dijo la anciana mientras se incorporaba y
se quitaba el hielo de la cabeza – si los derrotan les daré la información que
quieren saber.
Los tres nov-enilitas se quedaron callados
ante lo que había dicho su anfitriona, ella los observó y sonrió ligeramente.
-
Parece que es mucho para ustedes – dijo
suspirando.
- No es eso – respondió Theo
inmediatamente – lo que sucede es que no entendemos por qué nos pides eso, si
tú podrías vencer a unos bángalos como esos; en el bosque demostraste un poder
asombroso.
Celene sonrió
nuevamente.
- Parece que me están sobrestimando, yo no
puedo derrotar a esos tres juntos y a pesar que ese lobo que vieron en el
sendero es el más débil de los tres, con ese ejército de lobos se hace muy
difícil.
-
Pero la habilidad de tu trindeki –
insistió Theo – fue increíble, me gustaría saber cómo lo hiciste.
-
Hagámoslo más tentador – continuó Celene
– si derrotan a esos bángalos les diré como funciona mi habilidad, ¿les parece?
-
De acuerdo – dijo Amelí.
-
Derrotar a esos bángalos será pan comido
– agregó Kurt.
Los tres nov-enilitas iban trotando por el
bosque a paso constante, Celene les había indicado con la habilidad de su
trindeki donde se encontraba el bángalo más cercano e inmediatamente se
pusieron en marcha. La petición de la mujer seguía pareciéndoles extraña, ya
que todos consideraban que era capaz de hacer grandes hazañas basados en la
pequeña demostración de sus poderes que había mostrado, sin embargo, si querían
la información que necesitaban para continuar su viaje debían cumplir esa
exigencia.
-
Esperen un momento- dijo Amelí deteniéndose
después de haber avanzado un buen trayecto, sus dos compañeros se detuvieron
unos pasos adelante a penas la escucharon.
-
¿Qué sucede Amelí? – preguntó Kurt.
-
Si no nos apresuramos el bángalo puede
irse y tardaremos más en encontrarlo – dijo Theo.
-
Lo sé – respondió la joven – pero creo
que es necesario que planeemos una estrategia.
-
¿Una estrategia? – dijeron los dos.
-
Si, miren no creo que Celene dijera que
ella no podría derrotar a esos tres sólo por parecer humilde, por lo que vimos
sabemos que debe de ser bastante fuerte así que si dice que el enfrentarse a
estos tres bángalos sería mucho para ella es por algo y deberíamos tomarlo en
consideración.
-
¿Qué propones? – preguntó Theo.
-
Propongo lo siguiente – y ella explicó
su plan a los dos muchachos.
Theo se acercó sigilosamente a un pequeño
claro ocultándose lo mejor que pudo tras los árboles. El bángalo con forma de
lobo y casco con una púa plateada que habían enfrentado antes, Wolgen, se
encontraba en ese lugar con unos cuantos lobos alrededor de él; se movía impaciente
y gruñía de vez en cuando irritado, algunos lobos lo seguían en su andar y
otros simplemente lo observaban moverse. El joven esperó a que se presentara el
momento indicado para actuar, si quería que el plan de Amelí funcionara debía
hacerlo bien.
Pasaron
varios minutos, el bángalo le dio la espalda a Theo, los lobos estaban
distraídos y él aprovechó ese instante para salir de su escondite. Se plantó
entre dos árboles y gritó.
-
Oye tú, bola de pelos apestosa – Wolgen
se giró rápidamente hacia él, parecía sorprendido – tú y tus cachorros no
podrían atraparme aunque estuviera cojo.
La provocación pareció enfadar al bángalo considerablemente
hasta el punto que cegado por la rabia echó a correr hacia el joven humano sin
perder tiempo. Theo escapó por entre los árboles lo más rápido que pudo con el
bángalo y los lobos, que siguieron inmediatamente a su líder, pisándole los talones.
En unos cortos instantes utilizó kire para mantener la distancia de sus
perseguidores, pero siempre permitiendo que las criaturas lo pudiesen seguir;
la idea era que no lo perdieran de vista.
Llegó un punto en el que Theo divisó una
flecha disimuladamente enterrada en el suelo oculta tras unos arbustos y supo
que ya estaba cerca de su destino. Aceleró un poco el paso y llegó a un enorme
claro lleno de hierba, no había nadie allí, pero eso no le extraño; avanzó sin
perder el impulso y se situó en el centro del sitio, se giró hacia su
perseguidor y esperó.
Wolgen avanzaba rápidamente, había dejado a
sus lobos rezagados, al momento de entrar
al claro y ver a Theo quieto en el centro de este, dio un enorme saltó y
se abalanzó sobre él. El joven pensó en lo predecible que había resultado ser
esa criatura, Amelí había intuido bien que al dejarse llevar por el instinto,
lo más lógico era que esas bestias saltasen y se abalanzasen sobre su víctima;
en ese momento una barrera de color rojo se materializó entre ambos oponentes y
el bángalo chocó contra esta sin remedio y cayó al suelo.
En ese momento aparecieron Amelí y Kurt desde
lo alto de unos árboles con sus trindekis liberados, aterrizando en el claro
unos pasos frente a Theo. Al mismo tiempo que la barrera de la chica desaparecía,
Kurt gritó:
-
<<Captura de tres puntas>>
Los alrededores del claro resplandecieron, y
los cuatro quedaron atrapados dentro de la técnica del joven nov-enilita.
Wolgen se incorporó y miró a los recién llegados con desprecio.
-
Plan completo – dijo Amelí con orgullo.
-
¡¿Que es lo que han hecho humanos?! –
exclamó el bángalo furioso.
-
Separarte de los demás – dijo Amelí
tranquilamente mientras apuntaba a la criatura con su cetro – sabemos que hay
dos bángalos más por los alrededores y que juntos pueden presentar una seria
amenaza, así que planeamos separarte de ellos y derrotarlos uno por uno; Theo
hizo de carnada para traerte a este lugar, estabas tan furioso que dejaste a
tus aliados atrás y fueron presa fácil para nosotros.
-
Además – continuó Kurt – al entrar a
este claro has sellado tu derrota ya que no puedes salir ni nadie puede entrar
a ayudarte gracias a la barrera que he puesto.
-
Es hora de decir adiós – concluyó Theo.
Para sorpresa del grupo, el bángalo comenzó a
reírse maliciosamente mostrando sus colmillos, su cara lucia aterradora y la
punta de metal en el casco relucía amenazante.
-
¿Qué es lo gracioso? – dijo Theo
molesto.
-
Fue una buena estrategia humanos – les
dijo Wolgen cuando hubo terminado de reírse – pero no lo suficientemente buena.
Y dicho esto levantó la cabeza emitiendo un
fuerte y largo aullido hacia el cielo, el cual fue respondido por otros lobos
del bosque desde varias direcciones. Repentinamente Kurt sintió que algo iba
mal, pero se dio cuenta demasiado tarde.
-
No puede ser – exclamó pasmado.
-
¿Qué sucede Kurt? – preguntó Amelí
preocupada.
-
Mi técnica – dijo tragando saliva – mi
técnica ha desaparecido.
Próximo capitulo: "Entre aullidos" saldrá el sábado 10 de marzo (por motivos personales el capitulo saldrá en una próxima fecha a confirmar, muxas disculpas)
Ahora que comienza marzo intentaremos seguir sacando un capitulo a la semana, pero no se sorprendan si a veces el plazo es mayor ya que con el estudio el tiempo comienza a escasear, les agradecemos mucho a los que nos leen y no se olviden de disfrutar, valorar comentar y compartir.
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