sábado, 18 de febrero de 2012

Theo no Tabi Capitulo 7: “A las puertas de una travesía”



   -   ¡¡No puedo creer que sean tan idiotas de comenzar una pelea tan cerca de un lugar poblado!! – gritó una vez más Naim mientras caminaban en dirección hacia el campamento de comerciantes. Era la quinta vez que repetía lo mismo, pero ninguno de sus tres acompañantes se atrevían a decirle nada; estaba verdaderamente furioso.

 Después de haber escapado del depósito, antes de que la guardia de la ciudad apareciese, el grupo se encaminó rápidamente al límite norte de la ciudad rodeándola por el exterior. La travesía era más larga que si uno atravesase Sial, pero en palabras iracundas del anciano, era algo necesario de hacer para no llamar la atención. A esto se le sumaba el agotamiento físico que Theo y Kurt tenían después de su arduo enfrentamiento; el primero seguía muy molesto por lo ocurrido y no se explicaba por qué el otro joven iba con ellos, sin embargo, no expresó nada. En contraste Kurt, a pesar de estar igual de cansado, se mostraba tranquilo como si no hubiese pasado nada minutos antes.

 La única persona que estaba de lo más normal era Amelí, como ella no había participado del problema, no sentía que la reprimenda de su abuelo la incluyera y no estaba mal físicamente para recorrer todo ese camino. Después de mucho caminar y de escuchar muchos gritos, llegaron finalmente al campamento donde vivían Naim y Amelí; no había mucha gente, salvo uno que otro niño y unas cuantas mujeres lavando ropa o tomando algo alrededor de una hoguera apagada. Lo más probable era que la mayoría de habitantes aún se encontrase en la ciudad vendiendo sus productos, considerando la hora del día.

 Nadie desvió la mirada ante los recién llegados, ni siquiera se inmutaron con la apariencia cansada y desaliñada de los dos varones. Theo dedujo que en ese lugar debía de haber un tránsito de personas particulares ante lo cual los nómadas ya estaban más que acostumbrados. A penas se habían acercado al lugar, Naim había callado, pero se le notaba la rabia en la respiración entrecortada. En silencio guió a los jóvenes hacia una carpa un poco más alejada de los demás, se detuvo a la entrada y les dejó el paso a sus acompañantes levantado el trozo de tela de la estructura, que era de enormes proporciones en el exterior. Amelí entró primero seguida de Theo, después Kurt y finalmente Naim, quien se aseguró de cerrar muy bien la tienda.

 A pesar de que por fuera aquel lugar se veía inmenso, por dentro el espacio era bien reducido ya que se hallaba atestado de objetos antiguos por todas partes. Vasijas de todos los tamaños, colores y diseños se encontraban de pie en el suelo aleatoriamente, repisas con libros, grandes y pequeños, rodeaban la periferia interior de la tienda y otros tantos se encontraban amontonados por todas partes. Sumado a lo anterior, se hallaban distribuidos objetos de diversos tamaños y formas; algunos eran simples estatuillas para decorar, pero otros, según dedujeron los visitantes, debían de tener alguna función desconocida.

 En el centro del lugar había unos cuantos cojines y unas mantas dobladas. Por lo que se apreciaba, ese era el sitio donde abuelo y nieta dormían; el lugar era sencillo y a la vez muy curioso. Naim se sentó sobre un cojín, Amelí hizo lo mismo a la derecha de él y siguiendo su ejemplo, Theo y Kurt se sentaron al frente del hombre mayor; se produjo un silencio incomodo.

 Naim observaba a los dos jóvenes, estaba más calmado, pero aún se le notaba molesto. El silencio se alargo unos minutos más hasta que por fin el hombre tomó la palabra:

-          Sigo pensando que son unos estúpidos sin remedio – dijo por diez milésima vez – acaso no ven que al pelear tan cerca de un lugar poblado se arriesgan a descubrirse ante la gente normal, si la guardia de la ciudad los hubiese atrapado los habrían llevado ante el gobierno y serían encarcelados o perseguidos si se reusasen a seguir las ordenes que se les den; es por eso que los enilitas se ocultaron de la gente normal, como no ven eso.

-          Te entiendo Naim – reclamó Theo apenas el anciano terminó de hablar – si no fuese por este ladrón de aquí no hubiese habido ninguna pelea.

-          Oye yo ya te dije que sólo cobré por mis servicios – dijo Kurt tranquilamente mientras jugaba con la esquina del cojín.

-          Deja de decir estupideces y devuélveme mi dinero – saltó Theo a la vez que lo agarraba del cuello de la camiseta.

 En ese momento los dos jóvenes recibieron un nuevo golpe en la cabeza cada uno de parte de Naim, quien ya estaba perdiendo la paciencia con ambos.

-          ¡Ya déjense de peleas! – gritó – ¡no han escuchado nada! – y los golpeo nuevamente en la cabeza – Y a todo esto, ¿Quién es este mocoso nuevo? – agregó señalando a Kurt quien se sobaba la cabeza.

-          ¿Yo? – preguntó Kurt – yo me llamó Kurt Alpher y soy un nov-enilita viajero con la habilidad del sentitzen – agregó orgulloso.

-          ¿El sentitzen? – preguntó el hombre – ya veo y ¿Qué te trae por aquí?

-          Pasaba por aquí y decidí entrar a la ciudad a ver que podía encontrar – respondió rápidamente.

 Naim lo miró unos instantes.

-          Si no vas a ser honesto – dijo – te pido que abandones mi hogar en este instante.

 Kurt miró más seriamente al anciano y dejó de sonreír, tanto Amelí y Theo se quedaron viendo al joven; pasaron unos instantes de silencio hasta que con un suspiro el muchacho habló:

-          Estoy buscando información acerca de una persona.

-          ¿Y de dónde vienes?

-          Mi pueblo natal es Koroko.

Naim lo miró un poco más y en un instante su mirada se cruzó con la del joven recién llegado. Theo y Amelí continuaron en silencio atentamente.

-          Tienes deseos de escuchar lo que les voy a decir a ellos dos – dijo señalando a Theo y a su nieta.

-          La verdad es que no tengo nada mejor que hacer en este instante, pero si quieres me voy – dijo tranquilamente mientras volvía a jugar con un extremo del cojín.

-          Puedes quedarte – fue la respuesta de Naim.

-          Pero ¿cómo puedes confiar en él si es un ladrón simplemente? – reclamó el otro joven.

-          Cállate Theo, si tanto te importa el dinero yo te lo devuelvo, pero en este momento tenemos cosas más importantes de las cuales hablar y creo que Kurt podría ser de mucha ayuda si está dispuesto a unirse a nuestra causa.

Theo calló avergonzado.

-          Bueno en primer lugar – agregó – Amelí, trae algo para curar las heridas de estos dos tontos.

 En el momento en que la chica se levantó para obedecer a su abuelo, ambos se percataron de las heridas y moretones que tenían; el cansancio y el dolor del cuerpo les vino de inmediato. Mientras Amelí los curaba, limpiando las heridas con un algodón humedecido y después vendándolas, Naim le explicó a Kurt todo lo sucedido hasta el momento en que había dejado a su nieta y a Theo entrenando en el depósito.

-     A ver si entendí – dijo Kurt después de toda aquella explicación – lo que ustedes buscan es recuperar esa cosa de aquél bángalo, que es un lago, y descubrir como aparecen los bángalos que supuestamente están sellados ¿correcto?

-          En resumen es eso – confirmó Naim.

-          ¿Y supuestamente los que nos encargaríamos de aquello seriamos nosotros? – preguntó Kurt.

-          La verdad es que pedí ayuda, pero no me fue muy bien – dijo Naim pensativo.

-      ¿Ayuda? – dijo Theo quien se incorporó a la conversación cuando Amelí terminó de curarlo - ¿A quién pediste ayuda?, y ¿por qué dices que no te fue bien?

-     Verán – comenzó a explicar Naim – en Rabel hay muy pocos nov-enilitas, por eso cuando te encontramos Theo – se dirigió hacia él – fue una sorpresa muy grande, sin embargo, en otros países y continentes los nov-enilitas son más abundantes; esperaba que contactando con el líder nos pudieran enviar ayuda.

-          ¿El líder? – preguntaron los tres jóvenes a la vez.

-          Es verdad que nunca les he hablado de eso – respondió Naim – ni siquiera a ti Amelí, creo que la edad me está haciendo olvidar algunos detalles.   

 Los muchachos se mantuvieron en silencio mientras esperaban a que el hombre mayor ordenara sus ideas para responderles.

-     Cuando surgieron los enilitas – dijo – estos, como es lógico, se organizaron, pero no fue una organización muy estática, básicamente se elegía una persona a la cual todos respondieran y la forma de elegirla era realizando un torneo – hizo una pausa – el vencedor de ese evento se convertía en el “líder” y dirigía a todos, sin embargo, cada enilita tenía libertad de realizar sus propias acciones libremente. El papel del líder era más importante en eventos masivos como lo fue la guerra.

-          Entonces te contactaste con el líder y ¿qué pasó? – preguntó Amelí.

-          Técnicamente no me contacté directamente con él, sino con un viejo amigo que puede contactarse, pero no me dio muchos más detalles salvó que hay otro problema más urgente en otro país.

-          En síntesis estamos solos – dijo Theo.

Naim confirmó moviendo la cabeza, tomó aire y continúo.

-          No obtuve ayuda por allí, pero pude contactarme con otra persona a través de esto – se giró y de detrás de él sacó una caja mediana, negra y con una tapa con espirales doradas por toda su superficie; la puso en el centro del grupo para que todos pudieran observarla de mejor manera.

-          ¿Qué es eso? – preguntó Theo extrañado.

-       Esto – respondió el anciano tocando la caja – es un objeto mágico conocido como “caja de Hermes” y funciona de forma similar a un teléfono – abrió la caja  - uno coloca un mensaje dentro y concentrándose puede enviarlo a cualquier caja de Hermes en el mundo, el único problema es que para que la comunicación sea más rápida uno debe hacer que su propia caja guarde en su memoria la marca de energía de la caja de esa otra persona, cosa que yo no hice y por eso tuve que pasarme días buscando a ese contacto, pero por fin lo encontré y me ha respondido.

-          ¿Y quién es él? – preguntó Amelí.

-          Bueno la verdad es que es ella – dijo Naim con calma – su nombre es Celene y es una experta en encontrar cosas, así que le pedí ayuda y aceptó, pero tienen que ir a donde se encuentra ella.

-          ¿Tenemos?- dijo Theo extrañado- ¿acaso tú no nos vas a acompañar?

-          No – respondió Naim cortantemente.

-          ¿Pero por qué?

-          Eso es asunto mío, además los que tienen que ir son ustedes y punto.

 No hubo mayor irritación en el tono de voz de Naim, pero esas respuestas cortantes le parecieron muy sospechosas a Theo, a pesar de ello, no hizo ningún comentario más, en cambio, se puso a pensar rápidamente. Intuía cual iba a ser la siguiente pregunta de su mentor y sabía que tenía que dar una respuesta clara. Desde un principio tuvo un fuerte rechazó a tomar alguna responsabilidad en aquél nuevo mundo que había descubierto, quería aparentar que la razón era que el asunto no le correspondía, como lo había hecho con muchas otras cosas, pero él estaba consciente que con eso no se justificaba para nada. Incluso Naim le había dicho que desde el momento en que había descubierto sus poderes, se había visto involucrado en la lucha contra los bángalos.

  Con cada día que pasaba se sentía más parte de esa misión aunque aún le confundía. No se sentía capaz de salvar al mundo, pero tenía presente que no podía quedarse de brazos cruzados como lo había hecho hasta entonces, los demás no lo habían hecho. En ese momento Theo estuvo decidido, era consciente de que había cometidos muchos errores con su actitud, pero se le daba una nueva oportunidad para tomar mejores opciones, “tal vez cambiar un poco no haría daño, ¿o sí?”, pensó.

-          Entonces ¿qué dicen? -  preguntó Naim - ¿están dispuestos a aceptar esta misión?

-          Yo sí – dijo Amelí enseguida.

-          ¿Dices que esa Celene puede encontrar cualquier cosa? – preguntó Kurt – ¿inclusive personas?

-          Así es, estoy seguro.

-          Entonces yo me apunto – dijo Kurt sonriendo.

-          Bien, y ¿qué me dice tú Theo? – preguntó Naim.

Los otros tres se lo quedaron viendo unos instantes antes de que Theo respondiese.

-     Yo voy – dijo – después de todo este problema también me involucra – y sonrió ligeramente.
 Naim y los demás se alegraron con la decisión de Theo, pero sobre todo al anciano se le veía aliviado.

-          Pero – dijo Theo, todos se quedaron sorprendidos y atentos – no me hace ninguna gracia que él nos acompañe – agregó señalando a Kurt con irritación.

-          Lo siento muchacho, pero el ya dijo que va y lo encuentro mejor – dijo Naim – quien sabe que cosas se te ocurrirían hacerle a mi nieta si vas solo con ella.

-          Oye viejo no me trates de pervertido – respondió Theo enojado y con las mejillas coloradas.

-          Te he dicho que no me llames viejo mocoso – respondió Naim irritado y le dio tres golpes seguidos en la cabeza al muchacho dando por terminada la discusión. Kurt comenzó a reír a lo que se le sumó Amelí y finalmente su abuelo, mientras Theo seguía en el piso semiconsciente, pero alegre en el interior.


 Theo caminaba solo por las calles de la ciudad en dirección a su casa. Pensaba en todo lo que tenía que hacer y empacar para el viaje que realizarían al pueblo de Imer, ubicado a unos días de camino al sureste de Sial, para buscar a Celene y saber el paradero del kardi de Zumí. Naim les había dicho que tenían que salir lo antes posible así que la reunión para partir era a la mañana siguiente, todos estuvieron de acuerdo, pero el hombre mayor llevó a Theo a parte y le dijo que a pesar de haber terminado la escuela aún no era un adulto por ende debía pedirle permiso a sus tíos ya que de lo contrario causaría muchos problemas que estorbarían en aquella misión. El joven no estaba muy convencido, el era más que capaz de cuidarse y viajar por su cuenta, aunque nunca lo había hecho, sin embargo, decidió hacer el empeño en conseguir ese permiso y evitar los problemas que el anciano le advertía..

 Naim también le había dicho que tenía que entrenarse lo mejor que pudiese para dominar las técnicas de flujo, ya que con su problema de control sobre la ENI no le permitiría luchar con su trindeki liberado de la mejor manera. “Tendrás que dejar la liberación de tu trindeki como última opción al momento de luchar, por lo menos así es como lo veo yo”, había dicho él. Cuando llegó a casa, esta se hallaba vacía; lo más probable era que su tía hubiese salido y que su tío aún no hubiese regresado del trabajo. Subió a su habitación, sacó una mochila del armario y se dedicó a empacar lo necesario para el viaje; tuviese o no permiso era obvio que iría.

 Metió un poco de ropa, dinero, comida y una manta; no pensó que necesitaría más ya que no iba de vacaciones, sino a pelear contra bángalos y quien sabe, hasta algunas personas del ejército por lo que sospechaba. En ese momento Theo se puso a pensar que debía tener cuidado si se diera esa situación, si lo capturaran o lograran averiguar quién era, pondría en peligro a su familia a quienes podían tomar como traidores, se prometió a sí mismo, no dejar que se produjese aquella situación. Cuando terminó de empacar, sus tíos todavía no llegaban así que decidió tomar una pequeña siesta mientras esperaba su regreso.

 Cuando despertó, escuchó voces abajó, sus tíos ya habían llegado y por la conversación dedujo que estaban preparando la comida.  Bajó tranquilamente, los saludó y terminó de ayudarles a poner la mesa; una vez que estaban comiendo el joven decidió que era el momento para decirles acerca del viaje.

-          Tío Chuck, tía Hebe, necesito pedirles algo – dijo un poco dudoso, recordaba las instrucciones de Naim, debía explicarles que había decidido viajar por el país un tiempo para así lograr encontrar alguna pista de a que se quería dedicar en un futuro.

-      ¿Qué sucede querido? – preguntó su tía tranquilamente, su tío dejó de comer y le prestó toda su atención a su sobrino.

-          Lo que sucede – tragó un poco de saliva y tomó confianza – es que he decidido hacer un viaje por el país para poder encontrar alguna inspiración en lo que quiero hacer a futuro, pero necesito saber si están de acuerdo.

 Se produjo un silencio breve en donde los dos adultos no quitaban la vista de su sobrino, finalmente Chuck tomó la palabra:

-          Me parece una buena idea – dijo cruzándose de brazos y apoyándose bien en el respaldo de la silla – los viajes sirven mucho cuando uno no sabe qué hacer a continuación.

-          A mi también me parece una idea excelente – complementó su tía – además si no mal recuerdo tu padre también hizo un viaje antes de decidirse a ser un arqueólogo – Theo se alegró de lo bien que lo estaban tomando.

-          ¿Y cuando tienes pensado partir Theo? – pregunto su tío.

-          Mañana mismo – dijo tranquilo.

-          ¡Mañana! – dijeron sus tíos a la vez muy sorprendidos.

  Theo se sorprendió aún más de su reacción ya que el cambio de actitud fue muy drástico.

-          ¿No crees que te estás precipitando un poco? – dijo Hebe.

-      La verdad es que creo – dijo Theo nuevamente dudoso – que entre más pronto comience será mejor.

-          Pero de todas formas hay tiempo de sobra para planear algo así – dijo su tío.

-          ¡No hay tiempo! – exclamó el joven levantándose bruscamente de la mesa.

 Pasaron unos segundos antes que se diese cuenta de que su reacción fue muy brusca, se sentó lentamente bajó la cabeza avergonzado y después se dirigió a sus tíos.

-          Disculpen, lo que pasa es que siento que debo partir lo más pronto posible, lo he pensado desde hace tiempo y ya me decidí.

Chuck y Hebe Aldeb se miraron unos instantes con el rabillo del ojo y después volvieron a fijar la vista en su sobrino.

-          No estoy  muy convencido, pero te puedo ofrecer una cosa – dijo Chuck Aldeb aún cruzado de brazos – voy a llamar a tus padres y si ellos te dan permiso puedes partir mañana como querías.

-          ¿Enserio? – fue lo único que Theo atinó a decir ante la oferta que le hacía su tío.

-          Enserio.

-     De acuerdo lo acepto – dijo el joven, no tenía mayor opción, no creía que sus padres le dieran permiso, pero entendía que no iba lograr un sí con sus tíos, además aún tenía la opción de escaparse – me voy a mi habitación, con permiso.

 Theo se levantó y subió, esperó pacientemente en su cuarto casi una hora, tumbado en su cama hasta que le golpearon la puerta.

-          Adelante – dijo sin levantarse.

 Su tío ingresó con cuidado y cerró la puerta detrás de él. Se sentó al borde de la cama, el joven se incorporó y ambos se miraron unos segundos.

-          Llame a tus padres – comenzó Chuck – te mandan saludos y esperan que estés muy bien.

-          ¿Y? – dijo sin muchas ilusiones.

-          Y te dan permiso para ir de viaje como querías – dijo finalmente.

 El muchacho se quedó pasmado, nunca se hubiese imaginado que sus padres le darían permiso así nada más, sin hacer preguntas, sin poner objeciones, era simplemente impresionante para él. Siempre le habían dicho que no para otras cosas antes como cuando les había pedido ir con ellos a uno de sus viajes y se negaron, se había acostumbrado a pensar que sus padres no le darían permiso para nada.

-          Theo te quiero dar dos cosas – dijo su tío sacándolo de sus pensamientos – lo primero es darte un poco de dinero, sé que tienes, pero acéptalo de todas formas, el joven lo hizo – y lo segundo es esta tarjeta.

 Theo tomó el pequeño documento que le entregaba su tío. Era una tarjeta plateada con el símbolo de Rabel, los datos de su tío y su firma, junto con un mensaje que decía: “por medio de la presente credencial, yo Chuck Aldeb, director del departamento de relaciones exteriores de Sial, confirmo que el portador de esta tarjeta, Theo Aldeb, es digno de recibir la ayuda necesaria en cualquier sede de gobierno del país”, además estaban anotados los datos de contacto con la oficina de gobierno de Sial.

-          Con esta tarjeta podrás recibir ayuda en cualquier sede de gobierno del país si así lo requieres así que por favor sé cuidadoso y no la pierdas.

Theo no sabía que decir.

-          Muchas gracias tío – dijo y le dio un abrazo, después Chuck se marchó y el muchacho guardó la credencial con su equipaje y se dispuso a dormir.

 A la mañana siguiente se levantó temprano, sus tíos aún dormían, pero pasó a despedirse de ellos y prometerles que volvería con bien, para tranquilidad de Hebe. Con su mochila al hombro salió de la casa y se encaminó para reunirse con sus compañeros. Pasó frente a la casa de Dalia cuando sin previo aviso su amiga salió de allí con un camisón de dormir y media adormilada, a recoger algo cerca de la puerta.

 Ella se sorprendió de ver a su amigo, al igual que él se sorprendió de verla, se quedaron en silencio unos instantes sin saber que decir.

-          Theo – dijo finalmente Dalia tímidamente - ¿Qué haces tan temprano?, ¿Por qué llevas esa mochila?

-      Me voy de viaje Dalia – dijo Theo incomodo, notaba que su amiga aún sentía el que la hubiese tratado mal la última vez.

-          ¿Te vas por mucho tiempo? – preguntó ella tristemente.

-          No lo sé, pero – se acercó a su amiga – antes de irme debo pedirte disculpas por cómo te traté la ultima, estaba muy frustrado ese día y reaccioné muy mal contigo sin que tuvieses la culpa de nada, en verdad lo siento.

 Dalia se quedó callada un segundo y después abrazó fuertemente a su amigo, unas lágrimas corrieron por sus mejillas, luego se apartó un poco de él y se limpió la cara.

-          Aceptó tus disculpas Theo- dijo ella sonriendo – la verdad es que estaba preocupada por ti y no niego que me dolió lo que dijiste, pero me alegra saber que ahora todo está bien.

-      A mí también – respondió el joven sonriendo más tímidamente, se sentía distinto, parecía que después de todo algo había cambiado en él.

-        Si te vas de viaje te deseo lo mejor y espero que vuelvas con bien y pronto – dijo ella – pero me tienes que prometer algo.

-        ¿Qué sería?

-          Que cuando vuelvas vamos a pasear juntos por la ciudad y me contaras como te fue, ¿de acuerdo?

-          Es una promesa- respondió Theo y después de despedirse, retomó su camino.

Cuando llegó a las afueras de la ciudad, Amelí, Naim y Kurt lo estaban esperando en la roca donde hace algunas semanas había obtenido algunas respuestas a sus dudas. Apresuró el paso para llegar con los demás lo más pronto posible.

-          Creía que no ibas a venir – le dijo Kurt cuando llegó a la roca.

-          Hubiese venido aunque no me hubieran dado permiso.

-          ¿Entonces si te lo dieron? – preguntó Naim.

-          Si, no hay problema.

-      Entonces antes de que partan les voy a das algo –Naim sacó de sus bolsillos un trozo de papel doblado y un pequeño pedazo de madera – Amelí, este es un mapa de Rabel de hace unos cuantos años, no está muy actualizado, pero les será de utilidad – le entregó a su nieta el papel – les recomiendo que partan desde aquí y se vayan por el exterior de la ciudad, así nos aseguramos que nadie sospeche que se han ido, sólo por ser precavidos.

-          De acuerdo abuelo – y la muchacha abrazó a Naim.

-          Y Theo – dijo el hombre – quiero que tengas esto – y le entregó el trozo de madera.

 El pequeño pedazo de madera cuadrada no era más grande que la palma de Theo, estaba bien pulido y tenía gravado una flecha negra. El joven la contempló unos instantes antes de dirigirse al anciano.

-          ¿Qué es esto?

-          Eso es un artefacto mágico conocido como runa, los magos sellaron algunos hechizos en ellas que se liberan cuando haces que pase el flujo de ENI en este objeto, han sido de mucha utilidad tanto para enilitas como nov-enilitas por años. Esta en particular es especial porque fue utilizada por un antiguo usuario de Benforth; el nombre de la runa es Tyr y para activarla lo único que debes hacer es desviar tu flujo hacia ella mientras tienes liberado tu trindeki, lo demás lo sabrás al momento en que la necesites.

-          Es fantástico – dijo el joven – pero recuerda que yo no puedo desviar mi flujo si tengo liberado a Benforth.

-          Eso es cierto – respondió Naim – pero si utilizas la ENI de Benforth para liberar la runa no habrá problemas.

Theo asintió y guardo la runa Tyr en su bolsillo. Naim miró a los tres jóvenes que estaban a punto de partir.

-          No sé qué tan peligrosa sea este viaje, pero no se arriesguen innecesariamente y vuelvan con bien.

-          No te preocupes Naim – mientras estén conmigo a estos dos no les pasará nada – dijo Kurt riendo ligeramente – así que vamos rumbo a Imer.

 Kurt dio media vuelta, dio un paso, tropezó y se desplomó en el suelo. Naim se lo quedó viendo sorprendido.

-          Por favor cuídenlo – dijo el anciano a su nieta y a Theo.

-          No te preocupes abuelo – dijo Amelí – volveremos lo más pronto posible.

 Y así los tres jóvenes abandonaron Sial para adentrarse en Rabel y lograr recuperar el kardis del bángalo Zumí, para evitar que el mundo fuese amenazado.          


Próximo capitulo: "Imer" saldrá el sábado 25 de febrero.

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