sábado, 14 de enero de 2012

Theo no Tabi Capitulo 2: “Dudas”


 Theo llegó a su casa utilizando las últimas fuerzas que le quedaban. Estaba muy cansado y sentía los músculos arder con hasta el más mínimo movimiento, le dolía la cabeza y además tenía toda la ropa sucia. La puerta estaba cerrada. Sin siquiera dudar, buscó en una maceta al costado de esta una pequeña llave, pero además del dicho objeto encontró un pedazo de papel de parte de sus tíos en donde le decían que volverían tarde aquél día.

 “Es lo mejor” pensó mientras abría la puerta y ocultaba nuevamente la llave en la maceta. Subir la escalera fue un suplicio frente al cual su cuerpo no paró de quejarse en cada escalón; una vez arriba entró en su habitación, cerró la puerta y no pudiendo soportar más el cansancio, se dejó caer apoyando la espalda sobre ésta y con la cabeza entre las rodillas.

 Parecía un sueño todo lo que había pasado hace apenas una hora atrás. Las imágenes se movían desordenadamente en su cabeza como un montón de hojas revueltas por el viento otoñal: la niebla apareciendo de la nada, el monstruo gigante de un solo ojo, el anillo transformándose en un guantelete de color cobre y la explosión blanca que acabo con la bestia. Aún tenía muy vívido el recuerdo de estar arrodillado sobre aquellas plantas y flores, donde hace unos segundos él se había lanzado contra aquél ser, con el puño apuntando hacia el suelo.

 Se había levantado con dificultad después de derrotar al monstruo debido al enorme agotamiento que le vino de golpe, y del cual no se había percatado hasta ese momento. Se había quedado contemplando el anillo en su dedo respirando entrecortadamente y con un montón de preguntas fluyendo en su cerebro a una velocidad alarmante, pero no había tiempo para divagar; debía saber cómo estaba Dalia, eso era lo más urgente.

 Ella se encontraba tendida unos metros más allá. Había corrido lo más rápido que las piernas le permitieron para llegar a su lado y al verla inmóvil, lo primero que se le pasó a por la cabeza fue que estaba muerta. Revisó el cuerpo de su amiga con mayor cuidado y sintió un gran alivio al comprobar que respiraba rítmicamente; sólo se hallaba inconsciente.

 Theo levantó la cabeza y observó su cuarto en penumbras. No tenía ninguna gana de mover los músculos, pero sabía, por lógica, que estaría más cómodo acostado en su cama que apoyado contra la puerta. Con sus últimas reservas de energía, se levantó y caminó a torpe y lentamente hasta desplomarse en la cama. A pesar de todo el agotamiento físico que sentía, no era capaz aún de quedarse dormido; sabía la razón de antemano por: todavía seguía preocupado por Dalia.

 Después de haber comprobado que su amiga respiraba, Theo la cargó en su espalda y se apresuró a dejar el lugar, ya que existía la posibilidad de que apareciese otro monstruo, situación que no sucedió. Cada pocos pasos se detenía a tomar un respiro. Le costaba entender el por qué su cuerpo se encontraba tan agotado, ¿acaso el ataque de aquella criatura había sido más fuerte de lo que había notado en un principio?, ¿o se debía a aquel extraño guantelete que había aparecido?; recordaba que se había sentido lleno de energía que fluía por todo su cuerpo, y al momento de golpear a aquél ser había visto y sentido como toda esta salía en forma de una explosión blanca. No entendía nada, pero en ese momento y en el estado en que se encontraba, sabía que no lograría hallar respuestas a sus interrogantes.

 Cuando llegó a la casa de Dalia, Theo se las entregó a sus padres. Les inventó que estaban caminando, que ella se había comenzado a sentir mal, y que sin previo aviso se había desmayado. A pesar de su simpleza, la historia pareció ser coherente ya que los padres de su amiga se limitaron a agradecerle su preocupación sin hacer más preguntas.

 El sueño comenzó a aparecer poco a poco, primero con un pequeño bostezo y después alternándose con la caída de los párpados, sin embargo, antes de quedarse dormido, se acordó de que aún llevaba puesto el anillo. Lo miró con desconfianza unos segundos sin moverse; no le tenía miedo a aquél objeto, tenerle miedo era ilógico ya que gracias a que lo llevaba puesto fue capaz de salvar a su amiga y a sí mismo, pero a pesar de ese hecho decidió quitárselo y lo dejó en la mesa de noche. Necesitaba una buena noche de sueño y recuperar fuerzas, olvidar por unos instantes todo lo ocurrido, y así, de alguna manera, creer que todo había sido un sueño. Finalmente cedió ante el cansancio, cerró los ojos y cayó profundamente dormido.
       
 Al día siguiente, Theo se despertó cuando los rayos del sol le dieron en la cara. Había dormido de corrido y no recordaba haber soñado nada. Se desperezó y grata fue su sorpresa al darse cuenta de que el cansancio y el dolor muscular se los había llevado la noche. Como cualquier persona que ha vivido una situación fuera de lo común, consideró en primera instancia que todas las cosas sucedidas el día anterior habían sido jugarretas de su mente, sin embargo, descartó aquella opción rápidamente al observar la pequeña figura plateada sobre su mesa de noche.

 Se levantó rápidamente y dio unas vueltas por la habitación agarrándose la cabeza con ambas manos. Repentinamente habían vuelto a su cabeza todas aquellas dudas que pospuso el día anterior como si se hubiesen estrellado a  alta velocidad contra su mente. Necesitaba pensar y sabía que eso no lo conseguiría quedándose en casa, así que se cambió las ropas sucias del día anterior y se apresuró a salir.

 Decidió salir por la ventana, desde la cual se llegaba a una parte más baja del techo y de allí con un pequeño salto hacia la calle. Cuando no quería encontrase con sus tíos al salir de casa, aquella ruta era perfecta. Subió la pierna al marco de la ventana, pero se detuvo en seco, giró la cabeza y miró el anillo que seguía tranquilamente sobre la mesa de noche. No tenía intención de colocarse el objeto, mas una sensación en su interior le sugería que era mejor llevarlo consigo. Y así lo hizo.

 Cuando salió de la casa se puso a caminar como si nada. Se cruzó con algunas personas en su camino, pero nadie conocido. Se dirigió hacia el norte de la ciudad con calma, esperaba que el aire externo le permitiese pensar con claridad. Sial estaba divido en cinco zonas principales: la parte este era donde se situaban las casas de las personas mejores posicionadas, en la zona norte se encontraba la mayoría de los negocios, talleres y escuelas, incluyendo la suya; la zona oeste era donde él  y la mayoría de sus conocidos vivía. En la zona central se encontraba la oficina de gobierno y todos los organismos relacionados con ella, y por último, en la zona sur uno encontraba a las familias más humildes y el depósito de desechos metálicos, y era de este lugar del cual Theo buscaba alejarse a toda costa.

 Se le había pasado fugazmente por la cabeza que debía ir a visitar a Dalia, pero prefirió seguir su camino; en primer lugar debía despejar todas las dudas que tenía o por lo menos las que más pudiese, “el verla inmediatamente me hará sentirme peor”, pensó. La zona norte era en verdad el peor lugar para buscar tranquilidad; todo el sector se hallaba en plena ebullición de actividad, las mujeres iban con sus bolsas de compras de un local a otro, los hombres trabajaban llevando materiales o encargos de un lado a otro, cada cierto tiempo se veían carretas tiradas por caballos y los niños corrían de un lado a otro sin mayores preocupaciones.
  
 Theo intentó moverse sólo por los callejones poco transitados y sobre todo evitar las calles principales. Fue así que entre vuelta y vuelta, el joven terminó adentrándose en el área de fábricas donde había menos gente, mas el ruido de los trabajos de construcción competía a la par con el bullicio de los negocios. A pesar de haber salido a caminar para pensar en lo sucedido, Theo agradeció de cierta manera el ruido debido a que la rabia que sentía por el bullicio exterior le distraía de sus dudas y lograba relajarlo un poco, pero sabía que hasta que no pudiese aclararlas no se quedaría tranquilo.

 Cuando llegó al límite norte de Sial, se detuvo a contemplar la bella llanura verde complementada con colinas y árboles que invitaban a descansar sin preocupaciones. Hace tiempo Theo también considero venir allí para poder pensar, sin embargo, el lugar no se encontraba en todo momento tranquilo a diferencia del depósito al otro extremo, ya que el sector norte era además la principal vía de entrada y salida de Sial.

 Observando con más cuidado, divisó no muy lejos de allí un grupo de unas veinte carpas amontonadas con diversos diseños y colores. Cada cierto tiempo llegaban a Sial nómadas comerciantes que preferían quedarse en el exterior y sólo entrar a la ciudad a negociar. Se notaba que dichas tiendas iban preparadas para todo tipo de clima, en especial para la lluvia por las protecciones sobre algunas, “aquello les servirá poco aquí”, pensó Theo debido principalmente a que Sial era una ciudad de clima cálido y llovía pocas veces al año.

 Pasaron varios minutos antes de que él aceptara lo obvio; si quería obtener respuestas debía volver al lugar a donde los hechos habían ocurrido. La sola idea le hizo sentir los músculos adoloridos y un ligero dolor de cabeza. Tardó una buena cantidad de tiempo más en llegar a la zona sur, pero no tuvo ningún problema en el camino. Recordaba perfectamente el lugar exacto de su encuentro con el monstruo, ya que conocía de memoria toda la distribución del depósito. Cuando llegó tuvo que ocultarse rápidamente detrás de una de las pilas, ya que había un grupo de personas en el lugar.

 Había tres hombres parados frente al sitio exacto en donde la criatura había desaparecido el día anterior, y que ahora se hallaba cubierto de flores y plantas. Dos de ellos eran más bajos que el tercero y estaban situados un poco más atrás que éste; llevaban un uniforme de color verde musgo con botas negras y gorras a tono. Ambos, además, eran de piel blanca y tenían el pelo muy corto y de color castaño. El tercer hombre, en cambio, llevaba un uniforme gris, era de piel oscura y cabeza rapada, tenía una barba negra bien recortada que le cubría el contorno de la boca. Era indiscutible el hecho que de los tres, él era el jefe.

-          Así que aquí fue donde desapareció – dijo el hombre del uniforme gris sin apartar la vista de las plantas.

-          Así es señor – respondió uno de los hombres de verdes – según nos informaron nuestros expertos, desapareció antes de salir de la niebla.


-          Ya veo – dijo el hombre de gris mientras cruzaba las manos tras su espalda – será mejor que nos vallamos.

 Cuando los hombres se dieron vuelta, Theo notó el símbolo que llevaban en la manga derecha y pecho izquierdo del uniforme: una torre en espiral con una nube sobre ella, el símbolo del ejército de Rabel. Los militares se marcharon sin notar la presencia del joven, sin embargo, éste empezó a notar que sentía caliente el bolsillo, metió la mano y palpó el anillo que había aumentado su temperatura, pero a pesar de esto no quemaba al tacto.

  Permaneció escondido unos cuantos minutos más una vez que los hombres se hubieron ido. Rabel era el país del cual Sial era ciudad, por lo general no se veían militares en esta y cuando se les veía era por dos razones: una celebración o por algo malo que hubiese sucedido. Theo apostaba que la presencia de aquellos soldados sólo podía significar lo segundo; no se imaginaba lo que podía estar pasando para que el ejército tuviera que intervenir, pero de una cosa estaba segura: los militares sabían lo que era aquella criatura.

 Esta nueva incógnita, sumada a la extraña reacción del anillo, mermó los ánimos de Theo por averiguar algo en aquél lugar, así que decidió finalmente pasar a ver a Dalia y asegurarse que estuviese bien. Unos minutos más tarde, llegó a la casa de su amiga y fue recibido por el padre de ella quien le dijo que Dalia se encontraba mejor, pero que había estado durmiendo toda la mañana. El doctor les había dicho que no había de que preocuparse, pero que le avisaran inmediatamente si sucedía de nuevo.

 Theo fue a la habitación de Dalia, al entrar notó de inmediato estaba adornada por cuadros que la joven había ido pintando desde que era niña: prados verdes, un valle atravesado por un rio, un gato encima de un tejado, un bosque con unos conejos en él, entre muchos otros. Cuando su amigo entró, Dalia dejó un libro que estaba leyendo en la cama y sonrió.

-          Hola Theo, ¿cómo estás? – dijo la muchacha incorporándose ligeramente.

-          Yo estoy bien Dalia, ¿y tú?, ¿cómo te sientes?, ¿recuerdas algo? – respondió el joven mientras se sentaba en un costado de la cama, su amiga lo miró extrañada antes de responder.


-          Recuerdo haberte buscado entre las pilas de metal, encontrarte y hablar contigo, pero después no recuerdo nada más hasta que desperté en mi cama – dijo la chica insegura – bueno y tuve un sueño, mejor dicho un pesadilla – continuó mientras se arreglaba ligeramente su largo cabello- soñé que nos atacaba un monstruo y que me capturaba y me hacía daño.

 Dalia le relató todo el encuentro con la criatura desde su perspectiva y de lo real que parecía, pero a la vez que la única explicación lógica, le decía, era que fuesen escenas de un sueño. “Será mejor que siga creyendo que lo soñó todo”, pensó Theo.

-          Claro que la única explicación posible es que fuese un sueño porque eso es lo que fue, sólo un sueño – dijo Theo intentando convencer a su amiga – además lo que pasó fue que te desmayaste y como no pude hacer que volvieras en ti, te lleve a tu casa.

Dalia lo miró no muy segura, pero al final le sonrió amablemente.

-          Tienes razón Theo – dijo finalmente – creo que entonces te debo dar las gracias – agregó mientras sonreía.

-          No fue nada Dalia – le respondió  y le sonrió de vuelta por un instante.


-          Hace tiempo que no te veía sonreír – dijo gratamente extrañada – a todo esto te he notado distinto ¿pasa algo?

Theo la miró.
-          No pasa nada – dijo apartando la vista- sólo tengo un montón de cosas en la cabeza.

-          Ahh, ya veo.

 Tras conversar un rato, Theo se despidió de su amiga y salió una vez más a la calle. De cierta manera se sintió aliviado al saber que Dalia creía que todo lo ocurrido era un sueño, sin embargo, el alivio le duró poco y las interrogantes volvieron con más fuerza. Reflexionando, decidió visitar rápidamente a su tío para averiguar la razón para que anduviesen miembros del ejército en Sial, y tal vez así obtener una pista de donde comenzar a buscar respuestas.

 Se adentró en la zona central, en donde los edificios se hacían más amplios y ostentosos a medida que avanzaba hasta que llegó a la oficina de gobierno, un edificio grande y ostentoso adornado con estatuas de hombres y mujeres famosos a la entrada, las cuales guiaban a una enorme escalera que daba al vestíbulo. Había mucha actividad cuando entró; personas iban de aquí para allá con enormes pilas de papeles, otros pasaban con portafolios de un lado al otro, pero se detenían a ver el enorme reloj que estaba pegado a la pared tras el escritorio de información. Incluso había miembros de la guardia de la ciudad, fáciles de reconocer por su uniforme azul y la cinta roja en su brazo izquierdo haciendo diversos trámites.

 Theo ya había venido otras veces y se sabía el protocolo de memoria, primero debía pedir hablar con Chuck Aldeb, su tío, después esperar que en la recepción lo llamasen por teléfono y que le dieran un pase para ingresar. Todo, además, se hacía más fácil gracias a que era conocido por los funcionarios. Cuando recibió el pase de acceso, se dirigió a la oficina de su tío que estaba situada en la primera planta; entró a la pequeña habitación en donde Chuck estaba tras un escritorio revisando un montón de papeles.

-          Hola Theo, hace tiempo que no me venias a verme al trabajo – dijo dejando de lado los papeles de su escritorio y fijando la vista en su sobrino - ¿alguna razón especial te trae por aquí?

-      Nada en especial – mintió Theo – salí a caminar y estaba cerca así que se me ocurrió pasar a visitarse – agregó con normalidad mientras se sentaba.


-          Me alegra que se te haya ocurrido eso, siempre es grato recibir visitas.

 Ambos continuaron conversando de algunas cosas menores durante un rato. Theo sabía que debía hacer que la pregunta sobre los militares sonara lo más natural posible y para eso debía dejar que pasara tiempo así que la conversación se fue alargando.

-     Ahora que recuerdo – dijo Theo acomodándose en la silla  – anteayer me dijiste que se estaban movilizando tropas a la frontera ¿verdad?

-      Así es – respondió su tío mientras seguía revisando los papeles – es sólo una medida preventiva, pero uno nunca sabe.


-          Y ¿vendrán a Sial?

Su tío lo miró un segundo, pero luego volvió a sus papeles.

-          No hay ningún reporte que diga que vayan a venir, ¿por qué preguntas?

-        Lo que pasa es que me pareció ver a una persona con un uniforme de soldado, pero debí de haberlo imaginado.


-         Es lo más probable Theo.

 Continuaron la conversación un rato más y después Theo se excusó, se retiró y se dirigió a casa. Estaba comenzando a frustrarse en verdad. Había ido con la esperanza de encontrar respuestas a sus dudas, pero lo único que había conseguido eran más cosas en las que pensar.

 El resto del día lo pasó en su habitación y sólo salió para comer. Una vez que llegó la noche, seguía tan despierto como había estado horas antes. Lo intento de diversas maneras, pero era imposible, simplemente no podía conciliar el sueño por más que se esforzase; cuando ya estuvo cansado de intentar dormir, decidió salir a dar una vuelta.

 Sus tíos ya se habían dormido así que salió una vez más por la ventana, ya en la calle empezó a caminar sin rumbo fijo. La ciudad estaba muy tranquila de noche y prácticamente no había gente transitando salvo uno que otro miembro de la guardia de la ciudad. Mientras recorría tranquilamente el límite de la zona oeste con la zona norte, Theo notó un calor extraño que provenía de su bolsillo; metió la mano sabiendo exactamente lo que iba a encontrar, extrajo el anillo plateado y lo observó sobre su palma.

 A simple vista parecía igual que siempre, pero al tacto se notaba que había aumentado su temperatura y lo más extraño era que no había nada que explicase el fenómeno; “como esta tarde”, pensó. Todo se volvía más extraño a cada momento, pero finalmente Theo se dio por vencido en intentar comprender las cosas y se dejo llevar por su intuición así que se colocó el anillo en el dedo medio de su mano derecha.

 Inmediatamente experimentó una sensación de que algo estaba cerca y la necesidad de ir hacia donde ese algo se hallaba. Rápidamente se encaminó hacia la zona norte y con cada paso que daba la sensación se hacía más intensa hasta que llegó a un barrio de fábricas cerradas y abandonadas por donde no se veía ni un alma. Caminó un poco más cuidadosamente y no tardó mucho hasta que se encontró con una enorme pared de niebla cubriendo una de las fábricas. Uno de sus primeros impulsos fue el de salir de allí lo más rápido posible, sin embargo, le continuó haciendo caso a la sensación que lo había traído hasta allí, la cual se fue calmando a medida que se adentraba en la espesa niebla.

 Caminó unos cuantos metros a lo ciego sin siquiera poder ver sus manos, hasta que llegó a una zona totalmente libre de niebla. Se encontraba al frente de una fábrica, lo más probable de materiales para la construcción debido a las vigas, cemento y otros objetos regados y amontonados en distintas partes. No había puerta en la entrada principal y se podía ingresar sin problema, las paredes lucían una capa de oxido, la mayoría de los vidrios se hallaban trisados o simplemente quebrados y la pintura estaba descascarada en varias zonas. El lugar debía estar sin uso por lo menos unos dos años.

 Theo se quedó inmóvil escuchando el silencio, no se decidía a seguir o a salir corriendo de allí. El tiempo pasaba y el joven permanecía en la misma posición. De repente escuchó un estrepito que lo sacó de su trance, algo se había caído, lo más probable era que se trataba de uno de los tubos de construcción, pero algo le decía a Theo que ese ruido no había sido accidente, algo o alguien estaba allí también.

 Sintió otro ruido, como de algo arrastrándose, se giró en seco hacia su derecha y estuvo a punto de gritar. Frente a él estaba la imagen de una gran serpiente cubierta por enormes espinas grises alrededor de todo su cuerpo de escamas verdes y dos cuernos grises sobre sus ojos. Su enorme boca dejaba ver una hilera de colmillos y a ambos lados de esta había dos espinas grises que apuntaban hacia Theo. Los ojos amarillos de la bestia miraron fijamente al joven y sin quitarle la vista de encima, el enorme cuerpo espinado comenzó a acercarse hacia él.

 Theo reaccionó rápido y corrió en una dirección contraria a la fábrica hacia el terreno donde se apilaban algunos elementos de construcción. La serpiente se giró al mismo tiempo y continuó su acercamiento rápido y constante. Él no sabía qué hacer, la imagen de la criatura lo había dejado helado y no podía pensar con claridad, sus piernas continuaban corriendo automáticamente, mas no podrían seguir por siempre, era más rápido y había ganado una buena distancia, sin embargo el animal no tardaría en alcanzarlo. Se obligó a calmarse y a intentar pensar con más claridad mientras continuaba la carrera, divisó un pedazo de madera entre la hierba, lo tomó al trote y sin siquiera apuntar lo lanzó hacia el enorme reptil.

 Por cosa de suerte la madera le dio a la serpiente en el ojo dándole a Theo los segundos necesarios para ocultarse tras una pila de tubos de concreto sin ser visto. Escondido, escuchó a la serpiente arrastrarse, buscándole por todo el sector. Intentó pensar en alguna forma de salir de aquella situación, pero no se le ocurrió ninguna en la cual la serpiente no se diera cuenta y él no terminase devorado. A pesar de su tamaño era rápida y la única ventaja que poseía era la distancia que había conseguido cuando comenzó a correr, mas si intentaba huir y salir de la niebla, aquél monstruo terminaría por alcanzarlo.

 Maldiciendo en silencio su estupidez de acudir allí golpeo el suelo y en ese momento recordó que aún llevaba puesto el anillo. La idea le vino a la cabeza como quien enciende un fósforo, su única salida era que el anillo se trasformara en aquél guantelete como el día anterior, pero el problema era que no tenía ni idea de cómo hacerlo. Pensó rápidamente y recordó que había gritado algo antes que este se transformase; “eso que dije debió ser la palabra clave para comenzar la transformación” pensó. Hizo un esfuerzo en traer de vuelta las palabras exactas que había utilizado, cuando estuvo seguro de recordarlas, salió de su escondite y apuntando con el puño derecho a la serpiente gritó:

-          ¡¡¡Protege, Benforth!!!

 Sin embargo, el anillo no reaccionó y mantuvo su forma. La serpiente se dio cuenta nuevamente de la presencia de Theo y empezó a acortar terreno rápidamente. Theo gritó lo mismo varias veces mientras agitaba el puño de diversas formas, pero todo resultó inútil, el anillo no produjo ni siquiera un resplandor. Cuando se dio cuenta de que el reptil lo alcanzaría pronto, se apresuró a darse media vuelta, pero tropezó y cayó de bruces al suelo. La bestia estaba cada vez más cerca, se apresuró a ponerse de pie y salir de allí, pero al levantar la cabeza se encontró con que había alguien frente a él.

 La persona que bloqueaba su camino era una muchacha un poco mayor que él, alta y delgada, de piel blanca, con el cabello negro tomado en una cola de caballo y dos mechones que le caían de las sienes hasta la mitad de las mejillas. Vestía un pantalón café con zapatos normales, una camiseta verde sin mangas y una chaqueta de cuero abierta que le llegaba hasta el diafragma.

 Tenía la vista fija en la serpiente y sin mirar a Theo avanzó hacia la criatura.

-          Espera – le gritó Theo mientras se levantaba - ¿a dónde vas? ¿acaso no ves a ese monstruo?

 La chica se detuvo entre la serpiente y Theo, giró la cabeza hacia su dirección y con una mirada y tono serio, pero sin amargura le dijo:

-          Quédate atrás.

Dicho esto volvió centrar su vista en el monstruo y llevó su mano derecha a su oreja de la cual colgaba un pendiente con un hilo de plata y una figura amorfa de color rojo.

-      Materializa mis deseos, Guinerv – dijo la chica, justo en ese momento el pendiente brilló y se envolvió en una luz rojiza, la cual abandonó la oreja de su dueña y se situó en la palma de su mano en donde se expandió hasta tomar la forma de un cetro plateado con dos esferas rojas en sus extremos, una más grande que la otra.

 Theo quedó sorprendido ante la aparición del cetro en la mano de la muchacha, pero no pudo decir nada porque justo en ese momento la chica apuntaba el cetro a la serpiente que se encontraba a escasos metros de ella. Una esfera semitransparente de color rojo de materializó a escasos centímetros del cetro y al leve movimiento de la muñeca de su dueña salió disparada hacia el reptil gigante.

  Al impactar, la esfera se rompió en varios pedazos del mismo color, mas consiguió detener al monstruo y hacer que moviera la cabeza molesta. Aprovechando el momento, la muchacha salió corriendo hacia la serpiente; se movía con gracia y agilidad, y mientras corría continuaba formando y lanzando esferas rojas una por una. Estas impactaban contra el cuerpo del animal, sin embargo, no le causaban ningún daño aparente a las espinas de su piel y terminaban de la misma forma que la primera lanzada.

 La chica llegó a un costado del monstruo, pero en ese momento la serpiente reaccionó y se envolvió sobre sí misma con intención de aplastar utilizando sus púas a aquél estorbo. Theo creyó que era el final de la joven, pero justo en ese momento vio asombrado como el abrazo y las espinas del reptil eran detenidas por un enorme muro rojo circular. La chica estaba en el centro y a salvó.

 La serpiente ejerció más presión y el muro rojo comenzó a trisarse. Notando que el muro no aguantaría más la chica flexionó las piernas y dio un salto por lo menos cinco veces más fuerte y más largo que el de un humano común justo en el instante en que el muro era destrozado por el potente abrazo. Mientras aún permanecía en el aire, la joven apuntó el centro nuevamente hacia la criatura, pero esta vez apareció frente a él una espina de color rojo, la cual fue a impactar justo entre medio de dos púas del animal, en las escamas verdes. Aunque no logró penetrar muy profundo, el ataque consiguió que la serpiente sangrase y sintiese dolor; la espina desapareció a los pocos segundos dejando la marca del impacto.

 Cuando  llegó a tierra, continuó lanzando espinas una por una, las cuales con infalible puntería se iban enterrando en los espacios libres de púas del animal. Cuando ya había conseguido acertar diez tiros y captar completamente la atención de la serpiente, la muchacha echó a correr hacia el interior de la fábrica abandonada. El monstruo sin siquiera dudarlo se fue tras ella.

 Theo tenía el camino libre para salir de allí, pero algo le decía que debía seguir a aquella muchacha; “puede ser la única oportunidad que tenga de obtener respuestas”, pensó mientras corría en dirección a la fábrica.

 Dentro de la fábrica la chica se dio vuelta justo en el momento en que la serpiente se abalanzaba desde la entrada. Apuntó nuevamente el cetro hacia la criatura, y en el cuello de esta se materializó un collar de color rojo con una cadena, la cual se fue a amarrar en una viga del techo dejando la cabeza del animal suspendida. El monstruo luchó para liberarse, contorsionó su cuerpo y a pesar de que no lo conseguía, la muchacha sabía que de seguir así rompería la cadena o destruiría la fábrica.

 Con el cetro firme apuntó a la criatura, la chica se concentró y frente al cetro apareció una nueva espina de color. Theo entró a la fábrica justo en el momento en que esto pasaba y se asombro por la impactante escena de la serpiente capturada. La nueva espina que se había materializado lucía distinta a las anteriores, era más fina y mejor definida, parecía más sólida y emitía un mayor brillo.

 La serpiente dejó de agitar su cuerpo desenfrenadamente y Theo desvió su mirada hacia ella. Notó que se empinaba para poder apuntar su cabeza hacia la chica. El joven dedujo que la criatura se podría estar preparando para lanzar algo y la muchacha no se había percatado al parecer; ella lo había salvado y ahora el debía ayudarla.

  Sintió una energía fluyendo por todo su cuerpo y recordó el día anterior cuando había salvado a Dalia del cíclope en la pila de desechos. Sin ninguna duda en su mente, se puso a correr en dirección a los dos combatientes y en ese momento la serpiente disparó sus dos colmillos situados a los costados de su boca. Era un tiro directo que iba dirigido a la muchacha que aún sostenía el cetro, inmóvil.

 Theo saltó por reflejo y gritó:

-    ¡¡¡PROTEGE, BENFORTH!!!- el anillo brilló y ese brillo se extendió por la mano y antebrazo derecho de Theo cubriéndolos rápidamente y dejando en su lugar un guantelete color cobre.

 Sintiendo la energía concentrase en su puño, Theo golpeó uno de los colmillos el cual se desintegró producto de la energía blanca que salió de él. El otro colmillo se desvió ligeramente de su trayectoria producto del impacto que su hermano había sufrido, pero de todas maneras logró arañar el brazo de la muchacha. Ella titubeó cayendo sobre una rodilla, y dio oportunidad a la serpiente para romper la cadena materializada.

 Theo cayó en cuclillas y ya no llevaba el guantelete, la serpiente se abalanzó con la boca abierta en dirección a los jóvenes.

-        <<Aguja carmesí>> - dijo la chica apuntando aún a la serpiente con el cetro, la espina se lanzó hacia la boca abierta del animal y la atravesó sin dificulta hasta sobresalir por su cabeza.

 La serpiente comenzó a desplomarse y mientras caía iba desintegrándose en una especie de polvo verde brillante, el cual al llegar al suelo de concreto fue tomando la forma de flores, hojas y plantas.

 Theo quedó impresionado por lo sucedido, pero no se detuvo a contemplar el fenómeno, sino que se volvió hacia la chica, la cual se estaba incorporando.

-     Espera – dijo mientras se acercaba- déjame ver tu herida – agregó con delicadeza.

 La chica parecía reacia a mostrarle el brazo, pero cuando Theo llegó a su lado no opuso resistencia. El cetro brilló y volvió convertirse en un pendiente colgando de la oreja derecha de la joven. Viendo la herida, Theo determinó que no era seria así que sólo se arrancó un pedazo de su camiseta y le vendó el brazo como su tía le había enseñado.

-   Me llamo Theo – dijo el joven mientras se enfocaba en su tarea – muchas gracias por salvarme – agregó mirándola a los ojos.

 La muchacha lo miró seriamente, pero sin ningún tipo de agresión en su gesto.

-          Mi nombre es Amelí - dijo – necesito que por favor vengas conmigo Theo.   


 Próximo capitulo: "Noche de respuestas" saldrá el sábado 21 de enero.

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3 comentarios:

  1. Bakeneko aki xD. pa ke sepas silvarion xD

    kada vez me rekuerda mas a un manwha, la historia se pone cada vez mas interesante, la cohesion de la ideas es buena y la coherencia tmb, creo que en algunos lugares donde hay pequeños parrafos separados por puntos apartes, los pueden reemplazar por punto y coma, eso xD. yo tmb kiero respuestas, buen trabajo y sigan asi

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  2. Realmente bien logrado, tiene ese mismo magnetismo, la misma intensidad, y esa tenue e imponente mezcla entre lo real y lo fantastico.
    Excelente trabajo!!! sigan así...

    Solo agregar una pequeña sugerencia para mejorar aun mas lo ya logrado hasta ahora y es que mejoren la redaccion en algunas partes ya que disminuye la comprencion rapida y el debido entendimiento de los sucesos eso...

    Felicidades.

    Megz.-

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  3. Me encanto, felicidades por el trabajo logrado, muy buena, les deseo lo mejor :)

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