sábado, 21 de enero de 2012

Theo no Tabi Capitulo 3: “Noche de respuestas”



“En las últimas semanas han ocurrido una serie de daños a la infraestructura de distintas ciudades del país. Los acontecimientos han ocurrido en Portrevia, Melodi, Rack y también en nuestra querida Sial; los hechos se relacionan por la destrucción de lugares abandonados y/o poco transitados los cuales van desde caída de muros, hasta el desplome completo de edificios. Se ha apreciado, además, que en alguna de las dichas locaciones se han hallado un conjunto de flores y plantas amontonados en un lugar fijo. Las autoridades de las respectivas guardias de defensa están desconcertadas, pero especulan que se trata de una forma de protesta por grupos anti gobierno. En Sial, hace dos días se hallaron daños en una fábrica abandonada en la zona norte de la ciudad, en donde también se encontró un montón de vegetación y lo que fue más extraño, un colmillo de algún animal no identificado, las autoridades siguen investigando, pero piden a los habitantes que no prolifere el pánico.”

                                                                    (Transmisión de radio emitida el 7 de símbel de 1415 d.g, Sial)



Dieciocho de símbel de 1415 d.g:

 Pasaba el mediodía y sol brillaba con todo su esplendor como único adorno de un cielo azul sin nubes. Los rayos de luz destellaban en el agua del lago Zumí y la ligera brisa producía pequeñas olas que acariciaban la orilla en un ciclo constante. La hierba del campo, los árboles de bosques cercanos aportaban belleza y quietud; era un lugar ideal para pasear y descansar.

 Theo estaba tendido boca arriba sobre la hierba en un acantilado no muy elevado a orillas del lago. Tenía los ojos cerrados y disfrutaba de la calma que los alrededores del lago otorgaban. Llevaba puesto unos pantalones cortos y su típica camiseta de color negro, en vez de su atuendo común, por dos razones: la primera era que ese día la temperatura había aumentado considerablemente a diferencia de las jornadas anteriores, y la segunda, que también explicaba el por qué estaba tendido frente al lago, era que estaba en un paseo con su clase a modo de celebración por el término de la escuela.

 Este viaje se realizaba todos los años unos días después de terminar las clases, para todos los alumnos que habían finalizado su educación. El objetivo era simplemente divertirse y pasar un buen tiempo, ya sea comiendo, nadando, corriendo, riendo o conversando; y el lugar ideal por tradición para llevar a cabo la actividad era el lago Zumí, ubicado al norte de Sial a una mañana de viaje a pie.

 El grupo de alumnos había comenzaron viaje con el alba desde la escuela, salieron de la ciudad y se encaminaron, guiados por algunos profesores y personal de la escuela, a su destino. Tomaron unos dos descansos antes de llegar y una vez en el sitio se acentuaron en un prado al otro lado de uno de los bosques que había en las orillas del lago. Comieron en entre todos y después los maestros dieron tiempo libre al grupo, para que cada uno recorriese el lugar, advirtiendo, por supuesto, de que no se alejasen mucho del grupo, y que se reuniesen cuando escuchasen la señal que darían los profesores con un silbato.

 Theo aprovechó de escabullirse y buscar un espacio para descansar en soledad. Si era honesto no había tenido muchas ganas de venir al paseo, pero finalmente sus compañeros y sus tíos terminaron por persuadirlo. A pesar de ello, el haber venido no significaba estar todo el tiempo rodeado de gente. Mientras comían había escuchado a Arturo, Tristán y Dalia planeando ir a nadar al lago y por supuesto, él estaba invitado. Theo sabía nadar y lo hacía bien, mas no era muy simpatizante del agua, además estaba cansado por las ultimas semanas y no tenía el ánimo de estar jugando.

 Cuando estaba a punto de tomar una buena siesta, escuchó que alguien lo llamaba a unos cuantos metros de donde estaba, abrió los ojos lentamente para no ser cegado por la luz del sol y miró que a unos cuantos pasos cerca del bosque, venía acercándose Arturo al trote.

-          Así que aquí estabas Theo – dijo el muchacho cuando estuvo al lado de su amigo – Tristán, Dalia y yo te estuvimos buscando un buen rato, ven, vamos a nadar.

-          No me apetece nadar Arturo – respondió Theo cerrando los ojos de nuevo y acomodándose una vez más en la hierba – vayan ustedes.
  
-        Bueno – dijo Arturo sonriendo y dando media vuelta – iré a buscar a los demás y después los cuatro iremos al agua, no te muevas de aquí.

 Y diciendo esto, Arturo se encaminó trotando de vuelta al bosque de donde había salido.

-          Espera Arturo, te dije que yo….

 Pero Theo no pudo decirle nada más al joven debido a que se había adentrado en la espesura de los árboles y ya no lo escuchaba. Se acomodó nuevamente, pero esta vez mantuvo los ojos abiertos; “será mejor que me vaya a otra parte antes que Arturo vuelva con los demás” pensó mientras se incorporaba sin ningún apuro.

 Una vez se hubo levantado, se estiró y se acercó a la orilla del acantilado a contemplar el paisaje. El lago estaba a un par de metros más abajo y sus aguas cristalinas invitaban a zambullirse al instante, sin embargo, Theo se limitó a dar media vuelta. En ese momento vio a Dalia que se acercaba corriendo cuesta abajo hacia él saludándolo con la mano.

-          Theo ¿por qué estás aquí solo?, vamos a nad…

 En ese momento Dalia tropezó a unos pocos pasos de Theo, pero fue la distancia suficiente para que cayese sobre su amigo y le hiciera perder el equilibrio, provocando que ambos cayeran a las aguas. Los dos jóvenes emitieron un grito de sorpresa que duró muy poco ya que se sumergieron instantáneamente en el lago. El lugar era profundo por lo que no tocaron el fondo y salieron rápidamente a la superficie.

 Cuando los amigos se miraron, ella empezó a reír y él la miraba con una cara de extrañeza, pero después sonrió creyendo que su amiga no lo veía.

-          Dali, rojo, no es justo que se metan al lago antes que nosotros – gritó Tristán desde lo alto del acantilado mirando a los dos amigos manteniéndose a flote, Arturo estaba a su lado riéndole alegremente a ambos.

-          Fue un accidente – gritó Theo con un tono indiferente – yo ya me salgo.

-          Pero ¿qué dices rojo?, no te puedes salir hasta que veamos quien nada más rápido.

-          Será mejor que lo averigües tu solo – agregó Theo nadando hacia la orilla – yo me salgo.

  Mientras se alejaba del acantilado, Theo sintió que algo se zambullía a su espalda, se dio vuelta y se encontró a Tristán saliendo a la superficie y fijando la vista en él.

-          Será mejor que nades rápido rojo, porque si no, no te gustará lo que pasará.

 Tristán se acercó nadando rápidamente hacia Theo y éste por instinto se alejó lo más que pudo de él. Intentó acercarse a la orilla, pero Arturo se había zambullidlo también y le había cortado el pasó; al poco rato los tres nadaban por casi todo el lago, Theo huyendo de los otros dos, esquivando a otros compañeros que estaban nadando e intentando volver a la orilla. Dalia se reía de felicidad y al poco rato se había unido al juego de perseguir a Theo, al igual que muchos otros compañeros, que encontraron la situación muy divertida.

 Al final logró llegar a la orilla, agotado y completamente empapado. Los demás se dieron cuenta de su derrota y cambiaron de objetivo, continuando el juego mientras se reían alegremente. Theo dio media vuelta y se alejó del lago. Se había divertido mucho en ese rato y le traía algunos recuerdos de su infancia, pero no les iba a decir eso a los demás; no porque lo considerara un signo de debilidad, sino más bien porque le avergonzaba un poco.

 Se adentró en el bosque para dirigirse a un lugar en donde pudiese tenderse al sol y así poder secarse rápidamente. No había atravesado ni la tercera línea de árboles cuando la vio. Amelí estaba sentada y apoyada en el tronco de un árbol con los ojos cerrados disfrutando de la sombra, vestía de la misma manera que la primera vez que Theo la vio, salvo por la chaqueta de cuero que no se le veía por ninguna parte. El joven se acercó, la muchacha abrió los ojos y lo miró.

-          ¿Qué haces aquí? – le preguntó Theo sin demostrar sorpresa alguna.

Ella lo siguió mirando y después respondió estirándose un poco.

-          Mi abuelo me dijo que necesitaba descansar un poco al igual que tú, pero estaba aburrida, así que cuando te vi saliendo de la ciudad con este grupo decidí seguirlos para ver a donde iban.

-          Ya veo.

-          Escuchaba gritos y risas de parte de tus compañeros, ¿qué hacían?

-          Estaban persiguiendo a alguien – dijo Theo pasando a su lado mirando al cielo, Amelí vio su cara y se incorporó de un salto.

-          ¿Te estaban persiguiendo a ti? –dijo ella mientras seguía Theo.

-          Si – dijo él secamente- me estaban persiguiendo a mí.

 Ambos jóvenes continuaron caminando por el bosque intercambiando una que otra palabra hasta que llegaron a una orilla en donde se sentaron a descansar a la luz del sol.


Cuatro de símbel de 1415 d.g:

 Theo se había quedado impresionado por lo que le había dicho Amelí. Apenas la había conocido hace unos minutos y de la nada le decía que la acompañara. El silencio duró unos cuantos segundos en la fábrica hasta que Amelí volvió a insistirle.

-          Por favor Theo – dijo con su tono serio no agresivo, mientras lo miraba fijamente – necesito que me acompañes.

-          ¿Por qué quieres que vaya contigo? – dijo Theo a la defensiva - ¿y a donde quieres llevarme?


 Amelí mantuvo su vista fija en él unos instantes más antes de responderle.

-          ¿Sabes que era esa gran serpiente? – dijo finalmente con tranquilidad.

-          No – respondió Theo lentamente ante la interrogante.

-          ¿Sabes cómo fuiste capaz de desintegrar ese colmillo que arrojó?

-          No – respondió una vez más dándose cuenta de su ignorancia acerca de los hechos recién ocurridos.

-          ¿Sabes por qué aparecí para matar a aquella criatura?

-          No, no lo sé – respondió comenzando a perder la paciencia - ¿cuál es tu punto?

 Amelí cerró los ojos y respiró profundamente con mucha calma, como si tuviese todo el tiempo del mundo.

-          Me imaginabas que dirías eso – dijo -  si me acompañas, podrás responder a todas esas dudas y tal vez más, ¿no es eso lo que quieres?

 Theo no dijo nada. Era verdad que estaba buscando respuestas a todo lo que había pasado en los últimos dos días y ahora, sorpresivamente, se le daba la oportunidad de saciar todas aquellas dudad que se estaban acumulando en su cabeza. Su sentido común le decía que era muy pronto para confiar en alguien a quien apenas conocía, sin embargo, ella le había salvado la vida y no le había dado ninguna razón para no confiar, “por el momento”, pensó. Amelí lo seguía observando sin demostrar ninguna señal de impaciencia, finalmente él asintió sin emitir sonido alguno.

-          En marcha entonces – dijo la joven y ambos abandonaron la fábrica.

 Cuando salieron, la niebla se había disipado. La luna y las estrellas alumbraban la ciudad con una tenue luz que permitía ver sólo lo indispensable para no perderse en el laberinto de calles. Amelí caminó delante de Theo todo el camino mientras recorrían la zona norte de Sial en completa oscuridad. No dudó en ningún momento el camino a seguir y cuando el joven se dio cuenta de a donde le conducía, ya habían llegado a las afueras de la ciudad.

 Se acercaban al grupo de carpas situadas en las afueras, las cuales Theo había visto ese día. Dedujo que Amelí debía ser la hija de algún comerciante, y por ende ella debía de haber venido con la caravana; no se le ocurría otra explicación que justificara el dirigirse de noche a ese lugar. De repente ella se detuvo al lado de una gran roca, a medio camino del campamento, se dio vuelta y miró a Theo nuevamente con aquella mirada analizadora.

-  Por favor espera aquí – dijo, y antes de darle tiempo a su acompañante de responder, se alejó caminando.

 Theo quedó más desconcertado de lo que ya estaba, pero obedeció y se sentó en la gran roca mirando hacía el campamento mientras la silueta de Amelí se perdía en las sombras. Nuevamente se sentía cansado y adolorido, tenía el cuerpo pesado y le faltaba energía, pero esta vez sabía el por qué de ese estado. La respuesta era clara, había sentido ese agotamiento justo después de haber utilizado el guantelete y haber golpeado aquel colmillo, al igual que cuando golpeó al monstruo en el depósito y se había producido aquella explosión blanca.

 Pasaron varios minutos en los cuales comenzó a creer que Amelí no regresaría, pero justo en el momento en que se disponía a marcharse, divisó una luz que salía de entre las carpas y se dirigía hacia donde estaba él. Pasaron unos minutos más, y apareció la joven llevando un farol a la altura de su cabeza; al lado de ella venía un hombre mayor, alto y con arrugas, pero a la vez su rostro permitía ver la experiencia marcada en él. Tenía el pelo en punta y peinado hacia atrás y una barba igual de blanca, bien recortada que le cubría alrededor de la boca. A la luz del farol Theo observó que llevaba una camisa de paño a cuadros, pantalones y botas de trabajo.

 Las dos personas se detuvieron unos pasos delante del muchacho, quien miraba alternadamente a Amelí y a aquél nuevo personaje que había traído consigo. El hombre lo miró de arriba abajo, levantó una ceja y se cruzó de brazos mientras emitía un suspiro.

-          Así que ¿este es tu nuevo novio Amelí? – dijo moviendo la cabeza de un lado a otro – creí que tendrías mejor gusto.

 Las palabras “novio” y “mejor gusto” le pesaron a Theo como si le hubiera caído un saco de cemento.
-          No es mi novi@ - dijeron ambos jóvenes a la vez.

-          ¿Enserio? – dijo el hombre aliviado llevándose una mano al pecho y cerrando los ojos – menos mal, si yo sabía que mi Amelí no podía tener tan mal gusto.

-          Oye viejo – dijo Theo enojándose por los comentarios de aquél hombre - ¿qué es lo que te pa… - pero Theo no concluyó su pregunta debido a un fuerte golpe en la cabeza que le propinó el hombre - ¿Por qué me has golpeado viejo? – dijo Theo sosteniéndose la cabeza adolorida, pero como respuesta obtuvo un nuevo golpe de la misma intensidad que el primero.

-          ¿Cómo te atreves a llamar viejo a alguien que aún está en la flor de su juventud mocoso? – dijo el hombre con tono histérico mientras se volvía a cruzar de brazos.

-          A quién le dices mocoso viejo – respondió Theo con el mismo tono.

-        Ya basta los dos, Theo, abuelo dejen de pelear – dijo Amelí colocándose entre los dos y deteniendo la discusión, apoyando en una mano en el pecho de cada uno.

-          Si, tienes razón querida – dijo el hombre- no es momento de discutir con gente insolente, bueno muchacho, como veo ya conoces a mi nieta así que déjame presentarme, mi nombre es Naim Cleverwood – y le extendió la mano.


-       Theo Aldeb – respondió Theo mientras le estrechaba la mano con resistencia. En ese momento Naim le giró levemente la mano para observar el anillo que brillaba a la luz del farol.

-          Benforth – dijo Naim mientras soltaba la mano – tienes un trindeki muy raro.

-          ¿Un trin qué?- dijo Theo mirándose el anillo.

-          Vaya parece que de verdad no sabes nada de nada sobre lo que está pasando.

-          Por supuesto que no sé nada – saltó Theo – ayer una amiga y yo fuimos atacado por un monstruo de un solo ojo y hoy en la noche casi me devora una serpiente gigante; Amelí me dijo que si la acompañaba obtendría respuestas y la verdad es que eso es lo que necesito, ¿qué eran esas cosas?, ¿por qué aparecieron?, ¿quiénes son ustedes?, ¿quién es Benforth?, ¿Qué es este anillo y por qué se transforma en una parte de armadura?

 Theo soltó todas sus dudas de golpe. Se sentía mejor al poder sacarlas de su cabeza y que dejasen de simplemente de dar vueltas y vueltas; jadeo un poco y tomó aire para seguir, pero Naim lo detuvo.

-          Cálmate muchacho – dijo levantando ambas manos hacia Theo y moviéndolas para que se callase – no puedo explicarte nada si sigues soltando preguntas a diestra y siniestra, mejor sentémonos.

 Theo obedeció, Amelí dejó el farol sobre la roca y se sentó junto a su abuelo al frente del joven. Naim tomó aire y se dispuso a comenzar su explicación.

-          Esos monstruos, como les dices, tienen un nombre – explicó adoptando una actitud seria – ellos son bángalos.
-          ¿Bángalos? – repitió Theo.

-      Así es – confirmó Naim – los bángalos son seres nacidos en este mundo a base de una de las grandes energías que existen en el ambiente, la energía natural o EN para abreviar. Cuando la EN se acumula en algunos sitios, nace un bángalo, el cual puede adoptar cualquier forma que imagines, desde animales, criaturas humanoides y hasta incluso forma humana.

 Theo intentaba seguir aquella explicación que le comenzaba a sonar muy fantástica, pero con lo que había vivido en los últimos días, se estaba dando cuenta de que por más fantástico que fuese algo, podía ser verdad. Hace unos días nunca hubiese imaginado que la niebla apareciese de la nada, que podría ser atacado por un cíclope o casi devorado por una serpiente gigante.

-          Hace muchos miles hasta incluso millones de años, los bángalos vivían en este mundo con el resto de los seres vivos, en una supuesta armonía; esta paz continuó cuando aparecieron los primeros humanos, pero a medida que nuestra raza se fue desarrollando, los bángalos comenzaron a verlos como una amenaza y se impusieron sobre ellos tomando control de sus vidas.

-          No estoy entendiendo una cosa – dijo Theo interrumpiendo el relato de Naim – si estos bángalos existieron o existen, y convivieron en un principio con la humanidad y después la dominaron, ¿por qué no hay algún registro de eso?, quiero decir si en verdad existen esas criaturas, ¿cómo es posible que no se sepa nada de lo que hicieron?

 Los padres de Theo eran arqueólogos, por ende sabía lo suficiente de historia para considerar que el relato de Naim se componía de puras invenciones, por lo menos lo que se refería a que los bángalos habían dominado a la humanidad.

-          ¿Crees que no hay registros de eso? – dijo Naim levantando una ceja - ¿acaso no has visto o no te han enseñado los mitos y leyendas que tenían las distintas culturas antiguas?, pues déjame decirte que la gran mayoría, por no decir todos, esas historias están basados en hechos reales que involucran a los bángalos, te repito ellos pueden tomar distintas formas, algunos los consideraban dioses, otros monstruos, pero al fin y al cabo existieron.

 Theo reflexionó sobre su argumento y lo consideró como una explicación válida, pero aún no se convencía del todo. Naim tomó aire nuevamente y continuó.

-          Bueno el punto es que cuando los bángalos dominaron a la humanidad mataron a muchos que opusieron resistencia, pero que no tenían ni la más mínima oportunidad contra ellos. Por lo que se dice en esa época existían magos, pero su número era muy escaso como lo es en la actualidad, por lo que nada pudieron hacer tampoco.

-          ¿Magos? – dijo Theo desconcertado, con eso comenzaba a dudar aún más de la veracidad del relato de Naim – pero si la magia no existe, alegó.

-          ¿Eso crees? – dijo Naim como si no fuera la primera vez que escuchaba aquello – tal vez no sea como te la imaginas o como los cuentos dicen que es, pero te aseguro que los magos existen e incluso en nuestros días.

-          De acuerdo – respondió el joven no muy convencido – continúa.

-           Haber en que me quedé – dijo Naim mirando al cielo mientras pensaba – Ahh si, bueno, después de la conquista, comenzaron a nacer humanos con la habilidad de controlar otra de las grandes energías del universo mundo, la ENI o energía natural infinita.

-          ¿ENI? – dijo Theo.

-    Si – confirmó nuevamente Naim – la ENI a diferencia de la EN es una energía que está en movimiento constante en el ambiente y que no se acumula fácilmente; ingresa al cuerpo de los seres vivos, pero no es utilizada, se podría decir que sólo transita por ellos y en cantidades reducidas. Sin embargo, estos humanos tenían la capacidad de permitir que el flujo de ENI ingresara a sus cuerpos en mayor cantidad y a la vez poder utilizarla para realizar hazañas que una persona normal sólo soñaría. Estos humanos se hicieron llamar enilitas. ¿Me vas siguiendo?

 Theo movió la cabeza afirmativamente, Naim sonrió y continuó.

-          Los enilitas se volvieron fuertes guerreros que lucharon contra los bángalos en un montón de batallas clandestinas por miles y miles de años, hasta que por fin hubo una declaración de guerra en donde ambas facciones se enfrentaron masivamente. ¿Sabes que significa el a.g y el d.g, que colocamos al momento de escribir fechas?

-        Si – dijo Theo- a.g quiere decir antes de la guerra y d.g, después de la guerra, y se refiere a la guerra que afecto a todo el mundo y que duró diez años, cuando terminó los distintos países acordaron colocar como año cero el año de término para poder comenzar de nuevo.

-          Veo que sabes mucho de historia muchacho – elogió Naim, parecía haber quedado atrás la rencilla inicial entre ambos – eso es bueno, pero lo que no sabes es que es efectivamente esa guerra fue el mayor enfrentamiento entre bángalos y enilitas, y como bien dices duró diez años. Los enilitas consiguieron la victoria y exiliaron a los bángalos, o a la gran mayoría, a una dimensión alterna sellándola para que no pudiesen volver; ahora te estarás preguntando ¿Dónde aparece eso en los registros históricos, no?

Theo movió la cabeza dando a entender que estaba en lo cierto. La historia comenzaba a responder alguna que otra inquietud, pero también se le formaban más a cada segundo. Decidió esperar a escuchar el relato completo antes de plantear más interrogantes.

-          Bueno lo que sucede es que los enilitas se encargaron de borrar de la memoria y de los registros de la humanidad la existencia de los bángalos con ayuda de los magos, para que así pudieran vivir sin temor. Ambas facciones juntas eran muy poderosas así que el lograr algo así no fue imposible – Naim se detuvo un instante y prosiguió - Tras la guerra los enilitas se encargaron de buscar y dar caza a los bángalos que aún quedaban en el mundo, y esa es una misión que dura hasta nuestros días.

-          Entonces – dijo Theo – por lo que habéis contado, ¿Amelí sería una enilita que caza bángalos? – señaló a la muchacha que se había quedado completamente callada observando a los dos hombres.

-    Si y no – respondió Naim – verás, cuando se ocultó la existencia de los bángalos, los enilitas ocultaron sus propia existencia a la humanidad también, ya que  pensaban que los distintos países podrían querer reclutarlos para tener más poder sobre los demás. Así que en el anonimato, ellos se encargaron de cazar a sus enemigos, sin embargo, con el tiempo algunos se fueron restando a la causa y optaron por vivir una vida tranquila.

 Naim hizo una pausa nuevamente y Theo lo observaba con impaciencia.

-      Con el paso de los años fueron naciendo más enilitas, pero muchos de estos a pesar de tener la capacidad de permitir que el flujo de ENI entrase en ellos, no alcanzaban el nivel de sus antecesores, ni con el entrenamiento más intenso. Más adelante se descubrió que estos nuevos enilitas permitían el paso de un flujo distinto de ENI. Mientras los enilitas incorporaban un flujo de energía dorada, así lucía según los que la podían ver, los otros incorporaban un flujo de ENI blanca la cual era de menor calidad que la primera, por ende por más que entrenasen, no alcanzarían el nivel de un enilita verdadero nunca. A estos nuevos individuos se les bautizó como nov-enilitas.

-          Entonces Amelí en una nov-enilita – dijo Theo y Naim sonrió.

-          Si Theo, Amelí es una nov-enilita al igual que tú y yo.

 Theo se quedó desconcertado ante tal afirmación, ¿él un nov-enilita?, pero si el tan sólo era un humano común y corriente sin nada en especial, ¿Cómo era posible?

-          ¿Por qué dices que yo también soy un nov-enilita? – preguntó.

-          Eso lo digo – respondió Naim- porque según mi nieta eres capaz de cambiar la forma de ese anillo.

 Theo miró el anillo en su mano. Mirase por donde mirase parecía un anillo común y corriente, pero él y sus acompañantes sabían que no era así, algo más había en él, algo que el joven no había podido explicar.

-          Ese anillo – dijo Amelí, interviniendo por primera vez desde que Naim había comenzado su relato – es un trindeki.

-          ¿Trindeki? – dijo Theo esta vez escuchando bien la palabra.

-          Exacto – dijo Naim- un trindeki; cuando los enilitas vieron que los nov-enilitas no podrían seguir la lucha contra los bángalos de la misma forma que ellos lo habían hecho, decidieron sellar en objetos especiales su energía, sus armas y una parte de su espíritu para que fuesen usados por los nov-enilitas en el combate. Para tal propósito pidieron nuevamente ayuda a sus aliados magos y así nacieron los trindeki. Ese anillo y el pendiente que tiene Amelí, contienen parte del espíritu y el poder de dos guerreros enilitas. Estos objetos, además, tienen la capacidad de elegir al nov-enilita que va a ser su portador, tu puedes liberar el poder sellado en ese anillo, por ende eres un nov-enilita.

 Theo estaba atónito, todo calzaba, pero él seguía sin creerlo. Era difícil de aceptar y de la misma manera de negar.

-          Muchacho, por lo que me dijo mi nieta aún no eres capaz de controlar el poder de este trindeki y sé por experiencia lo poderoso que es, y si te eligió es que tienes lo que se necesita para utilizarlo, ¿qué dices?, ¿te unes a nosotros y nos ayudas a derrotar a los bángalos y proteger este mundo?

-     No – fue la respuesta cortante que dio Theo, ahora sus acompañantes eran los que quedaban atónitos, pero él agregó rápidamente – yo no tengo nada que ver en esto, no es mi problema salvar al mundo, yo sólo me encontré este anillo tirando y quise recogerlo – se quitó el anillo y se lo tiró a Naim quien lentamente lo recogió de donde había caído mientras Theo continuaba – si quieren derrotar bángalos por mí está bien, pero no me quiero ver involucrado.

 Theo se levantó y dio media vuelta para irse, pero antes de que pudiera dar un solo paso, sintió que alguien le tomaba del brazo para retenerlo. Se dio vuelta y se encontró con los ojos de Amelí que en ese momento lucían vidriosos como si estuviera a punto de soltar lágrimas.

-          Has visto a dos bángalos y sabes el daño que son capaces de hacer –dijo bajando la cabeza, pero sin soltar el brazo de Theo – mis padres fueron asesinados por bángalos, ellos eran humanos normales, no tenían ninguna oportunidad, mi abuelo estaba en otra parte y no había nadie que pudiese salvarlos, yo no tenía idea en ese entonces de mis poderes y los dos se sacrificaron para protegerme – calló un instante antes de proseguir – si hubiera habido algún nov-enilita mis padres podrían seguir vivos o tal vez no, ¿Quién sabe?, pero si fuiste elegido para ayudar y salvar a la gente ¿cómo te puedes negar?

Él iba a responder, pero en ese momento Amelí le soltó el brazo, se limpió los ojos y salió corriendo en dirección al campamento. Naim y Theo se quedaron a solas de pie cerca de la roca a la luz del farol que se extinguía poco a poco.

-          Aunque no lo creas Theo – dijo Naim – Amelí estaba muy feliz de encontrar a otro nov-enilita, hemos estado luchando contra los bángalos durante mucho tiempo solos, ya que encontrar nov-enilitas no es tan fácil como uno cree, son escasos. Muchas veces no hemos sido capaces de salvar a quien lo necesitaba, no por falta de fuerzas, sino por no poder estar donde se nos necesitaba en el instante requerido.

 Theo estaba en silencio, pero atento a las palabras de Naim.

-          Llámalo intuición o como quieras, pero sé que en el fondo tienes todas las ganas de ayudar y de proteger a la gente, no sé qué te habrá pasado para negar aquellos sentimientos y la verdad es que no me interesa, pero lo importante es que definas bien lo que sientes para así poder tomar las decisiones que en verdad deseas realizar –Naim hizo girar el anillo entre sus dedos mientras lo observaba como si fuese el tesoro más valioso del mundo – una cosa extraña sobre los trindeki, es que cuando tienen un nuevo portador, son capaces de sacar a la luz los sentimientos más escondidos de este y hacerlos aflorar para así también ayudar a crecer a su usuario.

 Theo no reaccionó exteriormente, pero las palabras de Naim lo habían hecho darse cuenta de que guardaba sentimientos que intentaba bloquear a toda costa, pero él y solo él sabría la razón por la que hacía eso.

-          Tal vez ponerte como argumento el salvar al mundo no haya sido lo adecuado – continuó Naim – pero velo de este modo, ¿qué harías si tus seres queridos son atacados por bángalos y tu no pudieses hacer nada para ayudarlos?, te lo digo por experiencia propia – se giró hacia Theo, le tomó la mano y le pasó el anillo – consérvalo tanto como si quieres ayudar como si no, ya que tu eres el único actualmente que puede hacer que ese anillo libere su poder – comenzó a alejarse de Theo en dirección al campamento – considera también esto, al escuchar el relato que te he contado, tanto si lo niegas o no, ya estas involucrado por el simple hecho de saber – detuvo su andar un instante- si cambias de opinión, te espero pasado el mediodía mañana en este mismo punto para comenzar tu entrenamiento.

 Y diciendo esto último Naim se alejó y se perdió en la penumbra que rodeaba al campamento. Theo estuvo unos instantes más de pie sin moverse, cuando reaccionó se dio vuelta y tomó el farol, que aún estaba sobre la roca y se había dado cuenta que lo habían dejado allí apropósito, y se encaminó a la ciudad. Mientras avanzaba lentamente entre las sombras apretó fuertemente el anillo en su mano izquierda y finalmente se lo colocó en su mano derecha.



 Habían permanecido en silencio todo el tiempo que llevaban sentados, que no debió de haber sido más de quince minutos, cada uno absorto en sus pensamientos. A pesar de ya conocer a Amelí de hace dos semanas, Theo apenas si sabía algo más acerca de lo que le gustaba hacer y lo que no le gustaba; el tiempo que habían pasado juntos lo habían utilizado en el entrenamiento que Naim les había impuesto.

 A él le gustaba el silencio cuando se encontraba solo, pero al estar allí los dos sin decir palabra alguna, le comenzó a incomodar. Estaba a punto de decir cualquier cosa que saliese de su boca a modo de tema de conversación, pero justo en ese momento ambos sintieron la presencia de un bángalo. Naim le había explicado que los trindeki permitían al usuario, después de haber sido activados por primera vez por el nuevo dueño, el sentir si uno de esos seres estaba cerca cuando llevaba puesto el objeto. Amelí se levantó y vio que en la superficie del lago se formaba un domo de niebla espesa.

 Los dos jóvenes se miraron, y sin decir palabra alguna, Amelí liberó su trindeki.

-          Materializa mis deseos, Guinerv.

 El pendiente de su oreja derecha brillo y se transformo en el cetro con las dos esferas color rubí y el mango plateado. Al instante su dueña lo agitó mientras la esfera más grande emitía un leve brillo y flotando a escasos centímetros sobre la superficie del agua apareció una plataforma de color rojo semitransparente frente a ellos.

 Ambos subieron a la plataforma y al instante siguiente avanzaban sobre la superficie del lago en dirección al cúmulo de niebla. Se adentraron lentamente y con los sentidos atentos a la aparición del bángalo, pero no divisaron nada. Recorrieron la zona por un rato, pero no hallaron rastro alguno del ser.

-   Qué raro -  dijo Theo mirando de un lado a otro – no aparece ningún bán…

 Sin previo aviso una criatura saltó desde el fondo del lago, Amelí alcanzó a mover la plataforma esquivando bruscamente el ataque del bángalo. Antes de que se volviese a sumergir los dos compañeros lograron apreciar el cuerpo del ser, de un brillante color amarillo con manchas café y un ligero tono verdoso en algunas partes.

 Tenía el torso parecido al de un hombre, con escamas lisas y brillantes por el agua. En vez de piernas poseía una larga cola terminada en una aleta similar a la de los renacuajos recién nacidos. Sus manos palmeadas poseían garras negras bien afiladas y su cabeza, similar a la de un ser humano, poseía una aleta dorsal verde con una franja amarrilla en la parte delantera.

 Unos segundos después el bángalo asomó su cabeza a unos metros de la plataforma, emitía un sonido parecido a una risa, pero más ahogada.

-       Miren lo que tenemos acá – dijo el ser acuático con una voz gutural para sorpresa de los dos jóvenes – dos humanos, pero por lo que veo no son humanos normales – una pausa y una sonrisa-  hermanos, ¡ataquen! –gritó.

 A la orden del bángalo, desde las profundidades del lago Zumí, aparecieron tres más idénticos al primero con los brazos y bocas abiertos, y con las garras amenazantes, listas para abalanzarse sobre los dos nov-enilitas. Theo se puso en posición de lucha, preparado a enfrentarse a aquellos seres. Pasase lo que pasase tenían que derrotarlos si querían salir vivos de allí.
          
Próximo capitulo: "los bángalos del lago" saldrá el sábado 28

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