“En
las últimas semanas han ocurrido una serie de daños a la infraestructura de
distintas ciudades del país. Los acontecimientos han ocurrido en Portrevia,
Melodi, Rack y también en nuestra querida Sial; los hechos se relacionan por la
destrucción de lugares abandonados y/o poco transitados los cuales van desde
caída de muros, hasta el desplome completo de edificios. Se ha apreciado,
además, que en alguna de las dichas locaciones se han hallado un conjunto de
flores y plantas amontonados en un lugar fijo. Las autoridades de las
respectivas guardias de defensa están desconcertadas, pero especulan que se
trata de una forma de protesta por grupos anti gobierno. En Sial, hace dos días
se hallaron daños en una fábrica abandonada en la zona norte de la ciudad, en
donde también se encontró un montón de vegetación y lo que fue más extraño, un
colmillo de algún animal no identificado, las autoridades siguen investigando,
pero piden a los habitantes que no prolifere el pánico.”
(Transmisión
de radio emitida el 7 de símbel de 1415 d.g, Sial)
Dieciocho
de símbel de 1415 d.g:
Pasaba el mediodía y sol brillaba con todo su
esplendor como único adorno de un cielo azul sin nubes. Los rayos de luz
destellaban en el agua del lago Zumí y la ligera brisa producía pequeñas olas
que acariciaban la orilla en un ciclo constante. La hierba del campo, los
árboles de bosques cercanos aportaban belleza y quietud; era un lugar ideal
para pasear y descansar.
Theo estaba tendido boca arriba sobre la
hierba en un acantilado no muy elevado a orillas del lago. Tenía los ojos
cerrados y disfrutaba de la calma que los alrededores del lago otorgaban.
Llevaba puesto unos pantalones cortos y su típica camiseta de color negro, en
vez de su atuendo común, por dos razones: la primera era que ese día la
temperatura había aumentado considerablemente a diferencia de las jornadas
anteriores, y la segunda, que también explicaba el por qué estaba tendido
frente al lago, era que estaba en un paseo con su clase a modo de celebración
por el término de la escuela.
Este viaje se realizaba todos los años unos
días después de terminar las clases, para todos los alumnos que habían
finalizado su educación. El objetivo era simplemente divertirse y pasar un buen
tiempo, ya sea comiendo, nadando, corriendo, riendo o conversando; y el lugar
ideal por tradición para llevar a cabo la actividad era el lago Zumí, ubicado
al norte de Sial a una mañana de viaje a pie.
El grupo de alumnos había comenzaron viaje con
el alba desde la escuela, salieron de la ciudad y se encaminaron, guiados por
algunos profesores y personal de la escuela, a su destino. Tomaron unos dos
descansos antes de llegar y una vez en el sitio se acentuaron en un prado al otro
lado de uno de los bosques que había en las orillas del lago. Comieron en entre
todos y después los maestros dieron tiempo libre al grupo, para que cada uno
recorriese el lugar, advirtiendo, por supuesto, de que no se alejasen mucho del
grupo, y que se reuniesen cuando escuchasen la señal que darían los profesores
con un silbato.
Theo aprovechó de escabullirse y buscar un
espacio para descansar en soledad. Si era honesto no había tenido muchas ganas
de venir al paseo, pero finalmente sus compañeros y sus tíos terminaron por
persuadirlo. A pesar de ello, el haber venido no significaba estar todo el
tiempo rodeado de gente. Mientras comían había escuchado a Arturo, Tristán y
Dalia planeando ir a nadar al lago y por supuesto, él estaba invitado. Theo
sabía nadar y lo hacía bien, mas no era muy simpatizante del agua, además
estaba cansado por las ultimas semanas y no tenía el ánimo de estar jugando.
Cuando estaba a punto de tomar una buena
siesta, escuchó que alguien lo llamaba a unos cuantos metros de donde estaba,
abrió los ojos lentamente para no ser cegado por la luz del sol y miró que a
unos cuantos pasos cerca del bosque, venía acercándose Arturo al trote.
-
Así que aquí estabas Theo – dijo el
muchacho cuando estuvo al lado de su amigo – Tristán, Dalia y yo te estuvimos
buscando un buen rato, ven, vamos a nadar.
-
No me apetece nadar Arturo – respondió
Theo cerrando los ojos de nuevo y acomodándose una vez más en la hierba – vayan
ustedes.
- Bueno – dijo Arturo sonriendo y dando
media vuelta – iré a buscar a los demás y después los cuatro iremos al agua, no
te muevas de aquí.
Y diciendo esto, Arturo se encaminó trotando
de vuelta al bosque de donde había salido.
-
Espera Arturo, te dije que yo….
Pero Theo no pudo decirle nada más al joven
debido a que se había adentrado en la espesura de los árboles y ya no lo
escuchaba. Se acomodó nuevamente, pero esta vez mantuvo los ojos abiertos;
“será mejor que me vaya a otra parte antes que Arturo vuelva con los demás”
pensó mientras se incorporaba sin ningún apuro.
Una vez se hubo levantado, se estiró y se
acercó a la orilla del acantilado a contemplar el paisaje. El lago estaba a un
par de metros más abajo y sus aguas cristalinas invitaban a zambullirse al
instante, sin embargo, Theo se limitó a dar media vuelta. En ese momento vio a
Dalia que se acercaba corriendo cuesta abajo hacia él saludándolo con la mano.
-
Theo ¿por qué estás aquí solo?, vamos a
nad…
En ese momento Dalia tropezó a unos pocos
pasos de Theo, pero fue la distancia suficiente para que cayese sobre su amigo
y le hiciera perder el equilibrio, provocando que ambos cayeran a las aguas.
Los dos jóvenes emitieron un grito de sorpresa que duró muy poco ya que se
sumergieron instantáneamente en el lago. El lugar era profundo por lo que no
tocaron el fondo y salieron rápidamente a la superficie.
Cuando los amigos se miraron, ella empezó a
reír y él la miraba con una cara de extrañeza, pero después sonrió creyendo que
su amiga no lo veía.
-
Dali, rojo, no es justo que se metan al
lago antes que nosotros – gritó Tristán desde lo alto del acantilado mirando a
los dos amigos manteniéndose a flote, Arturo estaba a su lado riéndole
alegremente a ambos.
-
Fue un accidente – gritó Theo con un
tono indiferente – yo ya me salgo.
-
Pero ¿qué dices rojo?, no te puedes
salir hasta que veamos quien nada más rápido.
-
Será mejor que lo averigües tu solo –
agregó Theo nadando hacia la orilla – yo me salgo.
Mientras
se alejaba del acantilado, Theo sintió que algo se zambullía a su espalda, se
dio vuelta y se encontró a Tristán saliendo a la superficie y fijando la vista
en él.
-
Será mejor que nades rápido rojo, porque
si no, no te gustará lo que pasará.
Tristán se acercó nadando rápidamente hacia
Theo y éste por instinto se alejó lo más que pudo de él. Intentó acercarse a la
orilla, pero Arturo se había zambullidlo también y le había cortado el pasó; al
poco rato los tres nadaban por casi todo el lago, Theo huyendo de los otros dos,
esquivando a otros compañeros que estaban nadando e intentando volver a la
orilla. Dalia se reía de felicidad y al poco rato se había unido al juego de
perseguir a Theo, al igual que muchos otros compañeros, que encontraron la
situación muy divertida.
Al final logró llegar a la orilla, agotado y
completamente empapado. Los demás se dieron cuenta de su derrota y cambiaron de
objetivo, continuando el juego mientras se reían alegremente. Theo dio media
vuelta y se alejó del lago. Se había divertido mucho en ese rato y le traía
algunos recuerdos de su infancia, pero no les iba a decir eso a los demás; no
porque lo considerara un signo de debilidad, sino más bien porque le
avergonzaba un poco.
Se adentró en el bosque para dirigirse a un
lugar en donde pudiese tenderse al sol y así poder secarse rápidamente. No
había atravesado ni la tercera línea de árboles cuando la vio. Amelí estaba
sentada y apoyada en el tronco de un árbol con los ojos cerrados disfrutando de
la sombra, vestía de la misma manera que la primera vez que Theo la vio, salvo
por la chaqueta de cuero que no se le veía por ninguna parte. El joven se
acercó, la muchacha abrió los ojos y lo miró.
-
¿Qué haces aquí? – le preguntó Theo sin
demostrar sorpresa alguna.
Ella lo siguió mirando
y después respondió estirándose un poco.
-
Mi abuelo me dijo que necesitaba
descansar un poco al igual que tú, pero estaba aburrida, así que cuando te vi
saliendo de la ciudad con este grupo decidí seguirlos para ver a donde iban.
-
Ya veo.
-
Escuchaba gritos y risas de parte de tus
compañeros, ¿qué hacían?
-
Estaban persiguiendo a alguien – dijo
Theo pasando a su lado mirando al cielo, Amelí vio su cara y se incorporó de un
salto.
-
¿Te estaban persiguiendo a ti? –dijo
ella mientras seguía Theo.
-
Si – dijo él secamente- me estaban
persiguiendo a mí.
Ambos jóvenes continuaron caminando por el
bosque intercambiando una que otra palabra hasta que llegaron a una orilla en
donde se sentaron a descansar a la luz del sol.
Cuatro
de símbel de 1415 d.g:
Theo se había quedado impresionado por lo que
le había dicho Amelí. Apenas la había conocido hace unos minutos y de la nada
le decía que la acompañara. El silencio duró unos cuantos segundos en la
fábrica hasta que Amelí volvió a insistirle.
-
Por favor Theo – dijo con su tono serio
no agresivo, mientras lo miraba fijamente – necesito que me acompañes.
-
¿Por qué quieres que vaya contigo? –
dijo Theo a la defensiva - ¿y a donde quieres llevarme?
Amelí mantuvo su vista fija en él unos
instantes más antes de responderle.
-
¿Sabes que era esa gran serpiente? –
dijo finalmente con tranquilidad.
-
No – respondió Theo lentamente ante la
interrogante.
-
¿Sabes cómo fuiste capaz de desintegrar
ese colmillo que arrojó?
-
No – respondió una vez más dándose
cuenta de su ignorancia acerca de los hechos recién ocurridos.
-
¿Sabes por qué aparecí para matar a
aquella criatura?
-
No, no lo sé – respondió comenzando a
perder la paciencia - ¿cuál es tu punto?
Amelí cerró los ojos y respiró profundamente
con mucha calma, como si tuviese todo el tiempo del mundo.
-
Me imaginabas que dirías eso – dijo
- si me acompañas, podrás responder a
todas esas dudas y tal vez más, ¿no es eso lo que quieres?
Theo no dijo nada. Era verdad que estaba
buscando respuestas a todo lo que había pasado en los últimos dos días y ahora,
sorpresivamente, se le daba la oportunidad de saciar todas aquellas dudad que
se estaban acumulando en su cabeza. Su sentido común le decía que era muy
pronto para confiar en alguien a quien apenas conocía, sin embargo, ella le
había salvado la vida y no le había dado ninguna razón para no confiar, “por el
momento”, pensó. Amelí lo seguía observando sin demostrar ninguna señal de
impaciencia, finalmente él asintió sin emitir sonido alguno.
-
En marcha entonces – dijo la joven y
ambos abandonaron la fábrica.
Cuando salieron, la niebla se había disipado.
La luna y las estrellas alumbraban la ciudad con una tenue luz que permitía ver
sólo lo indispensable para no perderse en el laberinto de calles. Amelí caminó
delante de Theo todo el camino mientras recorrían la zona norte de Sial en
completa oscuridad. No dudó en ningún momento el camino a seguir y cuando el
joven se dio cuenta de a donde le conducía, ya habían llegado a las afueras de
la ciudad.
Se acercaban al grupo de carpas situadas en
las afueras, las cuales Theo había visto ese día. Dedujo que Amelí debía ser la
hija de algún comerciante, y por ende ella debía de haber venido con la
caravana; no se le ocurría otra explicación que justificara el dirigirse de noche
a ese lugar. De repente ella se detuvo al lado de una gran roca, a medio camino
del campamento, se dio vuelta y miró a Theo nuevamente con aquella mirada
analizadora.
- Por favor espera aquí – dijo, y antes de
darle tiempo a su acompañante de responder, se alejó caminando.
Theo quedó más desconcertado de lo que ya
estaba, pero obedeció y se sentó en la gran roca mirando hacía el campamento
mientras la silueta de Amelí se perdía en las sombras. Nuevamente se sentía
cansado y adolorido, tenía el cuerpo pesado y le faltaba energía, pero esta vez
sabía el por qué de ese estado. La respuesta era clara, había sentido ese
agotamiento justo después de haber utilizado el guantelete y haber golpeado
aquel colmillo, al igual que cuando golpeó al monstruo en el depósito y se
había producido aquella explosión blanca.
Pasaron varios minutos en los cuales comenzó a
creer que Amelí no regresaría, pero justo en el momento en que se disponía a
marcharse, divisó una luz que salía de entre las carpas y se dirigía hacia
donde estaba él. Pasaron unos minutos más, y apareció la joven llevando un
farol a la altura de su cabeza; al lado de ella venía un hombre mayor, alto y
con arrugas, pero a la vez su rostro permitía ver la experiencia marcada en él.
Tenía el pelo en punta y peinado hacia atrás y una barba igual de blanca, bien
recortada que le cubría alrededor de la boca. A la luz del farol Theo observó
que llevaba una camisa de paño a cuadros, pantalones y botas de trabajo.
Las dos personas se detuvieron unos pasos
delante del muchacho, quien miraba alternadamente a Amelí y a aquél nuevo
personaje que había traído consigo. El hombre lo miró de arriba abajo, levantó
una ceja y se cruzó de brazos mientras emitía un suspiro.
-
Así que ¿este es tu nuevo novio Amelí? –
dijo moviendo la cabeza de un lado a otro – creí que tendrías mejor gusto.
Las palabras “novio” y “mejor gusto” le pesaron
a Theo como si le hubiera caído un saco de cemento.
-
No es mi novi@ - dijeron ambos jóvenes a
la vez.
-
¿Enserio? – dijo el hombre aliviado
llevándose una mano al pecho y cerrando los ojos – menos mal, si yo sabía que
mi Amelí no podía tener tan mal gusto.
-
Oye viejo – dijo Theo enojándose por los
comentarios de aquél hombre - ¿qué es lo que te pa… - pero Theo no concluyó su
pregunta debido a un fuerte golpe en la cabeza que le propinó el hombre - ¿Por
qué me has golpeado viejo? – dijo Theo sosteniéndose la cabeza adolorida, pero
como respuesta obtuvo un nuevo golpe de la misma intensidad que el primero.
-
¿Cómo te atreves a llamar viejo a
alguien que aún está en la flor de su juventud mocoso? – dijo el hombre con
tono histérico mientras se volvía a cruzar de brazos.
-
A quién le dices mocoso viejo –
respondió Theo con el mismo tono.
- Ya basta los dos, Theo, abuelo dejen de
pelear – dijo Amelí colocándose entre los dos y deteniendo la discusión,
apoyando en una mano en el pecho de cada uno.
-
Si, tienes razón querida – dijo el
hombre- no es momento de discutir con gente insolente, bueno muchacho, como veo
ya conoces a mi nieta así que déjame presentarme, mi nombre es Naim Cleverwood
– y le extendió la mano.
- Theo Aldeb – respondió Theo mientras le
estrechaba la mano con resistencia. En ese momento Naim le giró levemente la
mano para observar el anillo que brillaba a la luz del farol.
-
Benforth – dijo Naim mientras soltaba la
mano – tienes un trindeki muy raro.
-
¿Un trin qué?- dijo Theo mirándose el
anillo.
-
Vaya parece que de verdad no sabes nada
de nada sobre lo que está pasando.
-
Por supuesto que no sé nada – saltó Theo
– ayer una amiga y yo fuimos atacado por un monstruo de un solo ojo y hoy en la
noche casi me devora una serpiente gigante; Amelí me dijo que si la acompañaba
obtendría respuestas y la verdad es que eso es lo que necesito, ¿qué eran esas
cosas?, ¿por qué aparecieron?, ¿quiénes son ustedes?, ¿quién es Benforth?, ¿Qué
es este anillo y por qué se transforma en una parte de armadura?
Theo soltó todas sus dudas de golpe. Se sentía
mejor al poder sacarlas de su cabeza y que dejasen de simplemente de dar
vueltas y vueltas; jadeo un poco y tomó aire para seguir, pero Naim lo detuvo.
-
Cálmate muchacho – dijo levantando ambas
manos hacia Theo y moviéndolas para que se callase – no puedo explicarte nada
si sigues soltando preguntas a diestra y siniestra, mejor sentémonos.
Theo obedeció, Amelí dejó el farol sobre la
roca y se sentó junto a su abuelo al frente del joven. Naim tomó aire y se
dispuso a comenzar su explicación.
-
Esos monstruos, como les dices, tienen
un nombre – explicó adoptando una actitud seria – ellos son bángalos.
-
¿Bángalos? – repitió Theo.
- Así es – confirmó Naim – los bángalos
son seres nacidos en este mundo a base de una de las grandes energías que
existen en el ambiente, la energía natural o EN para abreviar. Cuando la EN se
acumula en algunos sitios, nace un bángalo, el cual puede adoptar cualquier
forma que imagines, desde animales, criaturas humanoides y hasta incluso forma
humana.
Theo intentaba seguir aquella explicación que
le comenzaba a sonar muy fantástica, pero con lo que había vivido en los
últimos días, se estaba dando cuenta de que por más fantástico que fuese algo,
podía ser verdad. Hace unos días nunca hubiese imaginado que la niebla
apareciese de la nada, que podría ser atacado por un cíclope o casi devorado
por una serpiente gigante.
-
Hace muchos miles hasta incluso millones
de años, los bángalos vivían en este mundo con el resto de los seres vivos, en
una supuesta armonía; esta paz continuó cuando aparecieron los primeros
humanos, pero a medida que nuestra raza se fue desarrollando, los bángalos
comenzaron a verlos como una amenaza y se impusieron sobre ellos tomando
control de sus vidas.
-
No estoy entendiendo una cosa – dijo
Theo interrumpiendo el relato de Naim – si estos bángalos existieron o existen,
y convivieron en un principio con la humanidad y después la dominaron, ¿por qué
no hay algún registro de eso?, quiero decir si en verdad existen esas
criaturas, ¿cómo es posible que no se sepa nada de lo que hicieron?
Los padres de Theo eran arqueólogos, por ende
sabía lo suficiente de historia para considerar que el relato de Naim se
componía de puras invenciones, por lo menos lo que se refería a que los
bángalos habían dominado a la humanidad.
-
¿Crees que no hay registros de eso? –
dijo Naim levantando una ceja - ¿acaso no has visto o no te han enseñado los
mitos y leyendas que tenían las distintas culturas antiguas?, pues déjame
decirte que la gran mayoría, por no decir todos, esas historias están basados
en hechos reales que involucran a los bángalos, te repito ellos pueden tomar
distintas formas, algunos los consideraban dioses, otros monstruos, pero al fin
y al cabo existieron.
Theo reflexionó sobre su argumento y lo
consideró como una explicación válida, pero aún no se convencía del todo. Naim
tomó aire nuevamente y continuó.
-
Bueno el punto es que cuando los
bángalos dominaron a la humanidad mataron a muchos que opusieron resistencia,
pero que no tenían ni la más mínima oportunidad contra ellos. Por lo que se
dice en esa época existían magos, pero su número era muy escaso como lo es en
la actualidad, por lo que nada pudieron hacer tampoco.
-
¿Magos? – dijo Theo desconcertado, con
eso comenzaba a dudar aún más de la veracidad del relato de Naim – pero si la
magia no existe, alegó.
-
¿Eso crees? – dijo Naim como si no fuera
la primera vez que escuchaba aquello – tal vez no sea como te la imaginas o
como los cuentos dicen que es, pero te aseguro que los magos existen e incluso
en nuestros días.
-
De acuerdo – respondió el joven no muy
convencido – continúa.
-
Haber en que me quedé – dijo Naim mirando al
cielo mientras pensaba – Ahh si, bueno, después de la conquista, comenzaron a
nacer humanos con la habilidad de controlar otra de las grandes energías del universo mundo, la ENI o energía natural infinita.
-
¿ENI? – dijo Theo.
- Si – confirmó nuevamente Naim – la ENI a
diferencia de la EN es una energía que está en movimiento constante en el
ambiente y que no se acumula fácilmente; ingresa al cuerpo de los seres vivos,
pero no es utilizada, se podría decir que sólo transita por ellos y en
cantidades reducidas. Sin embargo, estos humanos tenían la capacidad de
permitir que el flujo de ENI ingresara a sus cuerpos en mayor cantidad y a la
vez poder utilizarla para realizar hazañas que una persona normal sólo soñaría.
Estos humanos se hicieron llamar enilitas. ¿Me vas siguiendo?
Theo movió la cabeza afirmativamente, Naim
sonrió y continuó.
- Los enilitas se volvieron fuertes guerreros
que lucharon contra los bángalos en un montón de batallas clandestinas por
miles y miles de años, hasta que por fin hubo una declaración de guerra en
donde ambas facciones se enfrentaron masivamente. ¿Sabes que significa el a.g y
el d.g, que colocamos al momento de escribir fechas?
- Si – dijo Theo- a.g quiere decir antes
de la guerra y d.g, después de la guerra, y se refiere a la guerra que afecto a
todo el mundo y que duró diez años, cuando terminó los distintos países
acordaron colocar como año cero el año de término para poder comenzar de nuevo.
-
Veo que sabes mucho de historia muchacho
– elogió Naim, parecía haber quedado atrás la rencilla inicial entre ambos –
eso es bueno, pero lo que no sabes es que es efectivamente esa guerra fue el
mayor enfrentamiento entre bángalos y enilitas, y como bien dices duró diez
años. Los enilitas consiguieron la victoria y exiliaron a los bángalos, o a la
gran mayoría, a una dimensión alterna sellándola para que no pudiesen volver;
ahora te estarás preguntando ¿Dónde aparece eso en los registros históricos,
no?
Theo movió la cabeza
dando a entender que estaba en lo cierto. La historia comenzaba a responder
alguna que otra inquietud, pero también se le formaban más a cada segundo.
Decidió esperar a escuchar el relato completo antes de plantear más
interrogantes.
-
Bueno lo que sucede es que los enilitas
se encargaron de borrar de la memoria y de los registros de la humanidad la
existencia de los bángalos con ayuda de los magos, para que así pudieran vivir
sin temor. Ambas facciones juntas eran muy poderosas así que el lograr algo así
no fue imposible – Naim se detuvo un instante y prosiguió - Tras la guerra los
enilitas se encargaron de buscar y dar caza a los bángalos que aún quedaban en
el mundo, y esa es una misión que dura hasta nuestros días.
-
Entonces – dijo Theo – por lo que habéis
contado, ¿Amelí sería una enilita que caza bángalos? – señaló a la muchacha que
se había quedado completamente callada observando a los dos hombres.
- Si y no – respondió Naim – verás, cuando
se ocultó la existencia de los bángalos, los enilitas ocultaron sus propia
existencia a la humanidad también, ya que pensaban que los distintos países podrían
querer reclutarlos para tener más poder sobre los demás. Así que en el
anonimato, ellos se encargaron de cazar a sus enemigos, sin embargo, con el
tiempo algunos se fueron restando a la causa y optaron por vivir una vida
tranquila.
Naim hizo una pausa nuevamente y Theo lo
observaba con impaciencia.
- Con
el paso de los años fueron naciendo más enilitas, pero muchos de estos a pesar
de tener la capacidad de permitir que el flujo de ENI entrase en ellos, no
alcanzaban el nivel de sus antecesores, ni con el entrenamiento más intenso.
Más adelante se descubrió que estos nuevos enilitas permitían el paso de un
flujo distinto de ENI. Mientras los enilitas incorporaban un flujo de energía
dorada, así lucía según los que la podían ver, los otros incorporaban un flujo
de ENI blanca la cual era de menor calidad que la primera, por ende por más que
entrenasen, no alcanzarían el nivel de un enilita verdadero nunca. A estos
nuevos individuos se les bautizó como nov-enilitas.
-
Entonces Amelí en una nov-enilita – dijo
Theo y Naim sonrió.
-
Si Theo, Amelí es una nov-enilita al
igual que tú y yo.
Theo se quedó desconcertado ante tal
afirmación, ¿él un nov-enilita?, pero si el tan sólo era un humano común y
corriente sin nada en especial, ¿Cómo era posible?
-
¿Por qué dices que yo también soy un
nov-enilita? – preguntó.
-
Eso lo digo – respondió Naim- porque
según mi nieta eres capaz de cambiar la forma de ese anillo.
Theo miró el anillo en su mano. Mirase por
donde mirase parecía un anillo común y corriente, pero él y sus acompañantes
sabían que no era así, algo más había en él, algo que el joven no había podido
explicar.
-
Ese anillo – dijo Amelí, interviniendo
por primera vez desde que Naim había comenzado su relato – es un trindeki.
-
¿Trindeki? – dijo Theo esta vez
escuchando bien la palabra.
-
Exacto – dijo Naim- un trindeki; cuando
los enilitas vieron que los nov-enilitas no podrían seguir la lucha contra los
bángalos de la misma forma que ellos lo habían hecho, decidieron sellar en
objetos especiales su energía, sus armas y una parte de su espíritu para que
fuesen usados por los nov-enilitas en el combate. Para tal propósito pidieron
nuevamente ayuda a sus aliados magos y así nacieron los trindeki. Ese anillo y
el pendiente que tiene Amelí, contienen parte del espíritu y el poder de dos guerreros
enilitas. Estos objetos, además, tienen la capacidad de elegir al nov-enilita
que va a ser su portador, tu puedes liberar el poder sellado en ese anillo, por
ende eres un nov-enilita.
Theo estaba atónito, todo calzaba, pero él
seguía sin creerlo. Era difícil de aceptar y de la misma manera de negar.
-
Muchacho, por lo que me dijo mi nieta aún
no eres capaz de controlar el poder de este trindeki y sé por experiencia lo
poderoso que es, y si te eligió es que tienes lo que se necesita para
utilizarlo, ¿qué dices?, ¿te unes a nosotros y nos ayudas a derrotar a los
bángalos y proteger este mundo?
- No – fue la respuesta cortante que dio
Theo, ahora sus acompañantes eran los que quedaban atónitos, pero él agregó
rápidamente – yo no tengo nada que ver en esto, no es mi problema salvar al
mundo, yo sólo me encontré este anillo tirando y quise recogerlo – se quitó el
anillo y se lo tiró a Naim quien lentamente lo recogió de donde había caído
mientras Theo continuaba – si quieren derrotar bángalos por mí está bien, pero
no me quiero ver involucrado.
Theo se levantó y dio media vuelta para irse,
pero antes de que pudiera dar un solo paso, sintió que alguien le tomaba del
brazo para retenerlo. Se dio vuelta y se encontró con los ojos de Amelí que en
ese momento lucían vidriosos como si estuviera a punto de soltar lágrimas.
-
Has visto a dos bángalos y sabes el daño
que son capaces de hacer –dijo bajando la cabeza, pero sin soltar el brazo de
Theo – mis padres fueron asesinados por bángalos, ellos eran humanos normales,
no tenían ninguna oportunidad, mi abuelo estaba en otra parte y no había nadie
que pudiese salvarlos, yo no tenía idea en ese entonces de mis poderes y los
dos se sacrificaron para protegerme – calló un instante antes de proseguir – si
hubiera habido algún nov-enilita mis padres podrían seguir vivos o tal vez no,
¿Quién sabe?, pero si fuiste elegido para ayudar y salvar a la gente ¿cómo te
puedes negar?
Él iba a responder,
pero en ese momento Amelí le soltó el brazo, se limpió los ojos y salió
corriendo en dirección al campamento. Naim y Theo se quedaron a solas de pie
cerca de la roca a la luz del farol que se extinguía poco a poco.
-
Aunque no lo creas Theo – dijo Naim –
Amelí estaba muy feliz de encontrar a otro nov-enilita, hemos estado luchando
contra los bángalos durante mucho tiempo solos, ya que encontrar nov-enilitas
no es tan fácil como uno cree, son escasos. Muchas veces no hemos sido capaces
de salvar a quien lo necesitaba, no por falta de fuerzas, sino por no poder
estar donde se nos necesitaba en el instante requerido.
Theo estaba en silencio, pero atento a las
palabras de Naim.
-
Llámalo intuición o como quieras, pero
sé que en el fondo tienes todas las ganas de ayudar y de proteger a la gente,
no sé qué te habrá pasado para negar aquellos sentimientos y la verdad es que
no me interesa, pero lo importante es que definas bien lo que sientes para así
poder tomar las decisiones que en verdad deseas realizar –Naim hizo girar el
anillo entre sus dedos mientras lo observaba como si fuese el tesoro más
valioso del mundo – una cosa extraña sobre los trindeki, es que cuando tienen
un nuevo portador, son capaces de sacar a la luz los sentimientos más
escondidos de este y hacerlos aflorar para así también ayudar a crecer a su
usuario.
Theo no reaccionó exteriormente, pero las
palabras de Naim lo habían hecho darse cuenta de que guardaba sentimientos que
intentaba bloquear a toda costa, pero él y solo él sabría la razón por la que
hacía eso.
-
Tal vez ponerte como argumento el salvar
al mundo no haya sido lo adecuado – continuó Naim – pero velo de este modo,
¿qué harías si tus seres queridos son atacados por bángalos y tu no pudieses
hacer nada para ayudarlos?, te lo digo por experiencia propia – se giró hacia
Theo, le tomó la mano y le pasó el anillo – consérvalo tanto como si quieres
ayudar como si no, ya que tu eres el único actualmente que puede hacer que ese
anillo libere su poder – comenzó a alejarse de Theo en dirección al campamento
– considera también esto, al escuchar el relato que te he contado, tanto si lo
niegas o no, ya estas involucrado por el simple hecho de saber – detuvo su
andar un instante- si cambias de opinión, te espero pasado el mediodía mañana
en este mismo punto para comenzar tu entrenamiento.
Y diciendo esto último Naim se alejó y se
perdió en la penumbra que rodeaba al campamento. Theo estuvo unos instantes más
de pie sin moverse, cuando reaccionó se dio vuelta y tomó el farol, que aún
estaba sobre la roca y se había dado cuenta que lo habían dejado allí apropósito,
y se encaminó a la ciudad. Mientras avanzaba lentamente entre las sombras
apretó fuertemente el anillo en su mano izquierda y finalmente se lo colocó en
su mano derecha.
Habían permanecido en silencio todo el tiempo
que llevaban sentados, que no debió de haber sido más de quince minutos, cada
uno absorto en sus pensamientos. A pesar de ya conocer a Amelí de hace dos
semanas, Theo apenas si sabía algo más acerca de lo que le gustaba hacer y lo
que no le gustaba; el tiempo que habían pasado juntos lo habían utilizado en el
entrenamiento que Naim les había impuesto.
A él le gustaba el silencio cuando se
encontraba solo, pero al estar allí los dos sin decir palabra alguna, le
comenzó a incomodar. Estaba a punto de decir cualquier cosa que saliese de su
boca a modo de tema de conversación, pero justo en ese momento ambos sintieron
la presencia de un bángalo. Naim le había explicado que los trindeki permitían
al usuario, después de haber sido activados por primera vez por el nuevo dueño,
el sentir si uno de esos seres estaba cerca cuando llevaba puesto el objeto.
Amelí se levantó y vio que en la superficie del lago se formaba un domo de
niebla espesa.
Los dos jóvenes se miraron, y sin decir
palabra alguna, Amelí liberó su trindeki.
-
Materializa mis deseos, Guinerv.
El pendiente de su oreja derecha brillo y se
transformo en el cetro con las dos esferas color rubí y el mango plateado. Al
instante su dueña lo agitó mientras la esfera más grande emitía un leve brillo
y flotando a escasos centímetros sobre la superficie del agua apareció una plataforma
de color rojo semitransparente frente a ellos.
Ambos subieron a la plataforma y al instante
siguiente avanzaban sobre la superficie del lago en dirección al cúmulo de
niebla. Se adentraron lentamente y con los sentidos atentos a la aparición del bángalo,
pero no divisaron nada. Recorrieron la zona por un rato, pero no hallaron
rastro alguno del ser.
- Qué raro - dijo Theo mirando de un lado a otro – no
aparece ningún bán…
Sin previo aviso una criatura saltó desde el
fondo del lago, Amelí alcanzó a mover la plataforma esquivando bruscamente el
ataque del bángalo. Antes de que se volviese a sumergir los dos compañeros
lograron apreciar el cuerpo del ser, de un brillante color amarillo con manchas
café y un ligero tono verdoso en algunas partes.
Tenía el torso parecido al de un hombre, con
escamas lisas y brillantes por el agua. En vez de piernas poseía una larga cola
terminada en una aleta similar a la de los renacuajos recién nacidos. Sus manos
palmeadas poseían garras negras bien afiladas y su cabeza, similar a la de un
ser humano, poseía una aleta dorsal verde con una franja amarrilla en la parte
delantera.
Unos segundos después el bángalo asomó su
cabeza a unos metros de la plataforma, emitía un sonido parecido a una risa,
pero más ahogada.
- Miren lo que tenemos acá – dijo el ser
acuático con una voz gutural para sorpresa de los dos jóvenes – dos humanos,
pero por lo que veo no son humanos normales – una pausa y una sonrisa- hermanos, ¡ataquen! –gritó.
A la orden del bángalo, desde las
profundidades del lago Zumí, aparecieron tres más idénticos al primero con los
brazos y bocas abiertos, y con las garras amenazantes, listas para abalanzarse
sobre los dos nov-enilitas. Theo se puso en posición de lucha, preparado a
enfrentarse a aquellos seres. Pasase lo que pasase tenían que derrotarlos si querían
salir vivos de allí.
Próximo capitulo: "los bángalos del lago" saldrá el sábado 28
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